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Los años terminados en cero, se consideran prolijitos y se los confunde con pródigos. Ya he escuchado por ahí, augurios románticos, económicos, políticos.
La magia de la simetría tiene buena prensa.
De este modo, Odradek, se suma a esa vorágine: logrará asestarle a la década una huella, vaticinaron algunos, que ven en esta propuesta una especie de milagro: la permanencia.
La revista Odradek, mientras, se mira el rostro y se ve continua y liberada de géneros desde antes que llegara el año prolijito, y parece que no piensa ceder.
Odradek se hará un hueco en la agenda de los lectores e insistirá, ese es mi augurio personal.
Los minutos "concertados", o en concierto con Odradek, no traen suerte, ni bailan, ni cumplen sueños, pero gorgojean, luciendo literatura sin necesidad de atavío vacuo.
Felicidades a todos, autores y lectores, que el año prolijito nos mantenga en el encuentro con esta revista que para alguno de nosotros es un clásico necesario.

¡Felices fiestas para todos!

Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek

Ediciones Odradek acaba de dar a conocer su plan editorial para el año 2010. Se destaca la novedad: “Odradek, el libro”, un largo anhelo de lectores y público en general. Allí se agruparán cuentos inéditos, ensayos, textos seleccionados, con el útil acompañamiento de notas biográficas de los autores.
En “El libro de Arena”, Jorge Luis Borges describió un misterioso volumen de infinitas páginas que era ofrecido por un vendedor ambulante.
“Odradek, el libro” permitirá horas de disfrute, la aventura de las múltiples lecturas y relecturas, lo que de alguna otra manera también lo convertirá en un libro trastornado, trasnochado: infinito.
Dicen quienes han participado en la intimidad de la concepción del volumen que la infinitud (que no tiene ni puede tener fin ni término) es consecuencia del gesto en el trazo de la escritura, como una marca que no se imprime, como el viajero que no llega y por eso nunca aburre.
Habrá que esperar unos pocos meses para encontrar ese objeto maravilloso “Odradek, el libro”, pariente cercano de la revista. Recién entonces podremos constatar que el placebo de la literatura muta a pócima que permite la alquimia suficiente para convertir el suspenso que conlleva esta espera en placer.

Roberto Gárriz

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Tal vez no suceda todo al mismo tiempo en el mismo lugar. Como cuando en un día de lluvia, en unas calles hay sol. O será una sensación. Pero parecería que la poesía está pisando fuerte últimamente. Hay rumores de rimas. Como en viejos tiempos. Todo vuelve. Habrá decantado la espuma de los días...

Ya Spinetta hizo sangrar al durazno, Borges se dejó acechar por el espejo, Machado masticó el junco tierno a la sombra del alba y Martí dejó la rosa como estaba, el barco de Pizarnik encalló en el infierno, Artaud exhibió su ombligo aturdido y hasta García Márquez, sin métrica, nos dejó eternamente perseguidos por nubes de mariposas amarillas.

Pregunto ¿qué es la poesía? ¿Qué la distingue? ¿La opacidad de un orden, instantáneo, de palabras? ¿Un devenir de ideas a la intemperie? ¿La naturaleza ciclónica del lenguaje? ¿El alma en estado espeso? ¿O acaso el sueño rescatado del abismo o capturado entre el apenas despertar y el primer mate? ¿Qué es, qué tiene?

Hurgando con los dedos en la arena removida de los versos y llevando la mano abierta hacia los ojos, se encuentran pedazos de caracol de antiguos mares, cantos partidos venidos de rocas solitarias, la huella pulverizada de una caminata, la espina mordisqueada de algún pez vencido, el agrisado pelo de una cabeza abierta al universo, un cierto chicle desterrado de su herida, o restos del mejor amor en versión látex.

Nora Martínez


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Escribir para Odradek

Tengo miedo ¿entendés? Me amenazaron. Ya se dieron cuenta de mi estrategia para conseguir fama a su costa, y tengo que ser cuidadoso. Es gente peligrosa ¿entendés? No andan con vueltas. Podés curtirles la mina, zarparles guita o vaciarles la heladera y no pasa nada. Pero por una coma mal puesta o un adverbio de más son capaces de cualquier cosa. Son unos sacados. Te mandan a matar de querusa sin ningún miramiento. No se bancan el talento ajeno. Eso pasa. Saben que soy un puto genio, un relámpago en la oscuridad, un diamante único, y no se lo bancan. Y las minas son las peores. La que saca fotitos me quería sacar en pelotas… “ni en pedo flaca”, le dije, “¿querés una foto mía? pagá como las demás”. El asunto es que me amenazaron. Se juntan en un bar pedorro a discutir. Que si la metáfora tal cosa, que si el sintagma tal otra, que si la noción de autor lo de más allá. Y tienen gente que les hace los encargos, no te vayas a creer. Ellos no se ensucian las manos, no señor. Para eso les pagan a unos monos grandotes que vienen y te dicen cosas como “¿Así que vos sos el que puso “puto” y “mierda” en el cuentito ése? ¿No sabés que ese estilo es el estilo de fulano?” Y ahí despedite de tres o cuatro dientes, por abajo de las patas. Y eso si no tuviste la pésima idea de poner “pija” o “leche” en lugar de “mi enhiesta espada” o “el mar de mis jugos”, porque entonces podés estar seguro de pasar al menos un mes en el hospital. Te digo, es gente peligrosa. Y el Gómez ese... es el más pesado de todos. Es cinturón negro de Lacan. Te estrangula con un nudo borromeo con la misma ligereza con la que se tira pedos, ¿entendés? Por eso tengo miedo.

Adrián Drut

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Voy a explicar por qué de pronto estamos en el blog los que rara vez asomamos nuestras narices aquí: nos hemos encargado de reemplazar a Ana Abregú, quien al parecer aún se encuentra ocupadísima.
Ardua tarea la de reemplazar a la irremplazable Ana cuya invaluable empresa -entre muchas otras, desde luego- es ni más ni menos que la de darnos un lugar en estos sitios y aportar desde su generosa inteligencia una mirada, una lectura y hasta una interpretación y articulación de lo que escribimos, develando así aspectos nuestros en los que a veces nos es difícil reconocernos, seguramente porque no nos conocemos lo suficiente y tal vez tendríamos que hacerlo.
Es decir, que quien tiene la titularidad de escribir sobre nosotros es Ana, y esa titularidad bien ganada la tiene, a fuerza de incitarnos día tras día y por todos los medios existentes a que la salvemos de semejante honor haciéndonos cargo de hacer nosotros su tarea que a su juicio es nuestra y ella simplemente nos reemplaza.
Ahora bien, dado el gran placer que generan los textos de Ana Abregú por sí mismos - además del gustazo que nos provoca encontrarnos leídos y nombrados en el blog por alguien que nos piensa bien-, no puede suponerse que los haya motivado sufrimiento alguno. Por el contrario, también un gran placer debe haber estado presente en la génesis de sus excelentes artículos.
Ya lo dijo Freud, respecto de Ana Abregú y otros autores: “...nos pone en situación de gozar en adelante, sin avergonzarnos ni hacernos reproche alguno, de nuestras propias fantasías.” El poeta y la fantasía- 1907/1908.

Nora Martínez

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PREOCUPACIONES DE UN JEFE DE FAMILIA

Algunos dicen que la palabra Odradek es de origen eslovaco, y en base a esto tratan de explicar su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán y sólo presenta influencia eslovaca. La imprecisión de ambas interpretaciones permite suponer, sin equivocarse, que ninguna de las dos es verdadera, sobre todo porque ninguna de las dos nos revela que esta palabra tenga algún sentido.
Naturalmente, nadie se ocuparía de estos estudios, si no existiera en realidad un ser que se llama Odradek. A primera vista se asemeja a un carretel de hilo, chato y en forma de estrella, y en efecto, también parece que tuviera hilos arrollados; por supuesto, sólo son trozos de hilos viejos y rotos, de diversos tipos y colores, no sólo anudados, sino también enredados entre sí, pero no es solamente un carretel, porque en medio de la estrella emerge un travesañito, y sobre éste, en ángulo recto, se inserta otro. Con ayuda de esta última barrita, de un lado, y de uno de los rayos de la estrella del otro, el conjunto puede erguirse como sobre dos patas.
Uno se siente inducido a creer que esta criatura tuvo en otro tiempo alguna especie de forma inteligible, y ahora está rota. Pero esto no parece comprobado; por lo menos, no hay nada que lo demuestre; no se ve ningún agregado, o superficie de rotura, que corrobore esta suposición; es un conjunto bastante insensato, pero dentro de su estilo, bien definido. De todos modos, no es posible un estudio más detallado, porque Odradek es extraordinariamente ágil, y no se puede apresarlo.
Se esconde alternativamente en la buhardilla, en la caja de la escalera, en los corredores, en el vestíbulo. A veces no se lo ve durante meses; seguramente se ha mudado a otra casa; pero siempre vuelve, fielmente, a la nuestra. A menudo, cuando uno sale por la puerta y lo encuentra apoyado justamente debajo de uno en la escalera, siente deseos de hablarle. Naturalmente, uno no le hace una pregunta difícil, más bien lo trata –su tamaño diminuto es tal vez el motivo- como a un niño.
- Bueno, ¿cómo te llamas?
- Odradek –dice él.
- ¿Y dónde vives?
- Domicilio desconocido –dice, y ríe; claro que es la risa de alguien que no tiene pulmones. Suena más o menos como el susurro de las hojas caídas.
Y así termina generalmente la conversación. Por otra parte, no siempre responde: a menudo se queda mucho tiempo callado, como la madera de que parece estar hecho.
Ociosamente me pregunto qué será de él. ¿Puede ocurrir que se muera? Todo lo que se muere tiene que haber tenido alguna especie de intención, alguna especie de actividad, que lo haya gastado; pero eso no puede decirse de Odradek. ¿Será posible entonces que siga rodando por las escaleras y arrastrando pedazos de hilo ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? Evidentemente, no hace mal a nadie; pero la suposición de que pueda sobrevivirme me resulta casi dolorosa.

Franz Kafka

Incapaz de interpretar o agregar algo al texto de Kafka, contesto la pregunta “¿de dónde sacaron la palabra Odradek?”

Roberto Gárriz


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Me parece que me descubrieron. Yo no escribo, es cierto. Tal vez hago pinceladas, voy manchando con color, boceto ideas. Es cierto, y además debo reconocer que mi atracción por los climas es auténtica, es casi un sentimiento. O no. Pero de ninguna manera es ni consecuencia ni huella de haber cursado Meteorología alguna vez.
Pero ahora que revelaron mi truco, que ya no puedo engañar a nadie, voy a desenmascarar a todos los demás. A los que supuestamente escriben conmigo en Odradek.
Empecemos por Gárriz, Roberto Gárriz. Uno lo lee y desde ya es un placer ver cómo encuentra la palabra precisa en la frase imprescindible. De un pantallazo breve y contundente instala cada situación sin vueltas. Para colmo sus ideas son extraídas del pensamiento universal -aparentemente accesible para todo el mundo- pero que a nadie, como a él, nos es dado jamás interceptarlas (algunas palabras que uso hacen sonreír a mis amigos). Pero volviendo al tema Gárriz, y hablando de pantallazo, lo que él hace no es escritura, es cine. Vean sus textos: escena, corte a otra escena, funde a negro, escena.... y no falta nada ¿qué pasa entonces? Es cine. Cine de autor, guiones imperdibles ¡pero es cine!
Hay otra que hace cine, que tampoco escribe: Yanina Bouche. Un largo muestrario de cortometrajes que preparan el terreno para la gran película de humor trágico, mordaz, que tanta falta le hace a nuestro séptimo arte. Y que nos tiene aquí esperando.
A la sazón, sería lícito mencionar que Vanesa Pafundo también nos hace hasta rogar que continúe con lo que nos viene cocinando y nos ofrece tan racionadamente. Uno se tiene que conformar haciendo replay de su paso a paso por MDS, tratar de anotar sus exquisitos ingredientes y pasarle la mano a las miguitas que nos dejó en el mantel, relamiéndose mientras sigue esperando -aunque al fin la espera siempre algo de dulce tiene.
Por cercanía me ocuparé de Adrián Drut. Él hace jazz, no escribe. Cómo se explica si no, que cuando uno termina de leer algo suyo, de golpe se ve rodeado de vasos, humo, amigotes, poca luz, y música, sobre todo música, bajita, ahí, una zapadita de trasnoche o un tremendo estampido de trompeta, y un ventilador de techo que gira acalorado entre las risas? Porque hace jazz, no escribe.
Lo mismo que Mariano Quintero. Ahí lo tenemos, haciendo historieta al mejor estilo Tarantino. Sangriento y desbocado. Entre el cadáver risueño y el delito impune. En realidad, los renglones blancos entre párrafo y párrafo son las divisiones de los cuadritos de la historieta, a veces traspasados, si miran bien, por trompazos o puntapiés concretos o insinuados, que no se leen pero se ven, procurados entre los personajes: STUMP! AUCHCH! POGHZT! AGHHHJJ...!!!!
Tampoco escribe María Martha Gigena, digámoslo. Ventila vida y obra de esa pobre chica, Betty, tan modosita, adorable, que uno tiene ganas de... bueno, no de llevársela a su casa, pero de tratarla en serio, no sé, de otro modo. Porque lo que le falta a Betty es que alguien la trate bien, que la entienda, porque es medio rara, pero tal vez una pastillita en el té, no sé, pero bueno, uno se fue acostumbrando y quiere saber más... y más...
En cambio Germán García hace algo que tiene más que ver con la escritura: reescribe. O reinscribe. Reinscribe el testimonio de hechos no pasados. Es decir, hechos que no dejan de pasar, que no constituyen un pasado. Y no es que juegue con la verdad de la historia. No juega: baila con la verdadera historia, vuelta va, vuelta viene. Es un fenómeno en la pista.
Y bueno, Ezequiel De Rosso. En vez de escribir, destila. Con lujo de detalle destila gota a gota -y no se agota- todo lo que acapara en esa mente descomunal. Pero ¿eso es escribir? Claro, yo si tuviera todo lo que ese sujeto tiene en la cabeza, también, me pongo a escribir, y escribo.

Nora Martínez



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Este post es para agradecer el post de Roberto Gárriz, "El día que".


Gracias por el comentario.
Es extraño pensar que una gripe pueda haberme entorpecido los dedos, pero en las épocas actuales, las gripes han tomado la envergadura de fórmulas químicas, ya no se portan simples mocos, ahora se tiene algo con nombre como H1N1, enlaces polivalentes y cosas raras, que o nos asimilan con las aves, y entonces resulta difícil escribir con las garras o nos equiparan a los chanchos y es más difícil aún, escribir con pezuñas (¿se dice pezuñas?, o pata e’chancho).
Como sea, el asunto de la gripe, aunque tiene estatus de gravedad internacional, en mi caso, no proviene de un origen con glamour internacional, sino que es de gravedad personal, si tuve la mala suerte de tener que compartir un espacio con alguien que fuma, lo primero que me ataca es la voz, me quedo sin voz, preanuncio inapelable que estoy expuesta a cualquier virus que ande buscando un palenque ande rascarse.
Y sin la voz, quién puede tener palabras, qué sé yo, todo esto para decir que tengo mocos hasta en los oídos, ni pienso ni oigo, aunque en recuperación, aún escucho el rugido de la marea al extremo sur de mis pulmones quejarse de los cigarrillos que se fuman los otros.
Ya llegará la venganza del cuervo, que es graznar en las orejas sordas de los fumadores, pero no para ser oído, son sordos, sino para tirarles el aliento infernal a cadáver descompuesto.
Perdón el exabrupto, sepan los fumadores a los que nos exponen.

Ana Abregú


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Según la fórmula expuesta por Roberto Gárriz en el número 38 de la revista Odradek, leer a un texto es seguirle la pista al autor, aunque no por quedarse en la letra, sino en la cara, directamente indagándolo.
Ese comentario, da como origen al escritor, crítico, astrólogo, Erbóreo Frot. Entre los muchos aspectos que se pueden detallar de las tribus literarias, como la de Vila-Matas, ya descripta por Roberto Gárriz, yo misma fui testigo del nacimiento de algunas.
En especial, Erbóreo Frot, que en algunos círculos, poco informados, se tiene por escritor inexistente, vendría a ser considerado por los descreídos, como un personaje de Roberto Bolaño, escritor estrella, y citando a Vila-Matas, en referencia a Bolaño, con la frase: “con su muerte nace una leyenda”; tomando el término leyenda en el sentido del diccionario: “obra que se lee”, y en el sentido literario: “obligatorio para leer”; y en la que se puede encontrar ese rasgo de imprecisión en la voces de la narración sobre la palabra de un escritor, que a su vez, es, quizás, un escritor inexistente.
Ya con esa incertidumbre de la no existencia, la vaguedad de la verdad o de un absoluto, la sospecha de tomar por cierto lo falso y viceversa, se viene a sumar lo que escuché del propio Erbóreo Frot: la presentación del libro inexistente.
Acorde con la época, y en presencia de escritores reconocidos, como ser Ricardo Piglia, Roberto Gárriz y otros escritores de la revista Odradek, se presentó un libro inexistente.
Con toda la serie de imprecisiones sobre el origen de la información, que viene dado no sólo por el extremo de la cadena: la letra escrita, hay que retroceder en el proceso y entre las pistas para desentrañar este nudo de perplejidades, no hay que perder las fechas de vista.
Tengo por punto de comienzo que Erbóreo Frot fue testigo en el famoso casamiento cuya crónica fue descripta por Roberto Gárriz en su libro “Echándonos de menos”; luego, se lo vio fuertemente involucrado en la organización de ciertos documentos, sobre un urticante tema que quizás, asombre algún día a la humanidad, que se sabe, es un libro inexistente, “El contracuadro de Dalí”, si se tiene por inexistente a un libro no publicado, pero del que algunos dicen ser testigos, no se sabe bien.
Luego, como mencioné antes, en la presentación de un libro inexistente, este último hecho ocurrió en el salón del Centro Cultural de España en Buenos Aires, el 26 de Agosto de 2009, en donde el supuesto autor, del supuesto libro, en presencia del propio Ricardo Piglia se explayó respecto al análisis de contenido del libro, en el que dicho sea de paso, trataba sobre la autoficción en la escritura de Piglia, tema suspicaz frente a la serie de aspectos inciertos, mientras, el libro del que se hablaba, se encontraba ausente.
En breves palabras, los futuros escritores se verán en no pocos problemas al intentar lo que se sugiere, y cito a Roberto Gárriz: .. Erbóreo Frot...sostiene que, con cierto entrenamiento en la lectura, se pueden conocer algunos aspectos de los escritores. El procedimiento es fácil: hay que abrir el libro (o la revista), seguir la letra impresa hasta la pluma (o la máquina de escribir o la computadora), allí subir por la mano hasta quedar frente a frente con el que escribió lo que se está leyendo. Mírelo a los ojos y sepa cómo es, cómo piensa, cómo se le ocurrió escribir eso.
Ahora le queda al lector, la detectivesca tarea de desentrañar si el texto de Roberto Gárriz es documental, diario, comentario, épica, o un género completamente nuevo que surge de todos ellos a la vez.

Ana Abregú










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Con títulos que escandalizan o conmueven, asistimos a las distintas especulaciones de lo que podría suceder “el día que”.
La película “El día que la tierra se detuvo” dirigida por Scott Derrickson, que contó en los papeles protagónicos con Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates y John Clesse, inquietaba por su planteo.
El libro “El día que Nietzche lloró” de Irvin Yalom cuenta una historia que no recomendamos intentando cruzar la filosofía y el psicoanálisis.
El tango canción “El día que me quieras” de Carlos Gardel y Alfredo Lepera, sirve de declaración de amor e imagina una improbable cantidad de circunstancias que se producirían si la amada correspondiera al cantante.
“El día que apagaron la luz”, una canción del conjunto de música progresiva nacional Sui Generis, se interroga acerca de qué pudo haber pasado ese día y habla de paralizar la tierra.
Cada uno elegirá cuál es la hipótesis que más lo aterroriza o lo perturba.
Entre los integrantes de Odradek cunde la inquietud cuando pensamos en el blog de la revista. Lejos de preocuparnos si la tierra se detuvo, o por las lágrimas fáciles de Nietzche o a quién quieren Gardel y Lepera o por las facturas eléctricas de Sui Generis, nos sentimos vulnerables ante la ausencia de Ana Abregú.
Si una simple gripe le impidiera a Ana subir sus artículos al blog, escribiríamos un artículo confesando nuestra debilidad bajo el título “El día que Ana Abregú se engripó”, o simplemente “El día que”.

Roberto Gárriz


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No puedo resistirme a la tentación de relacionar todo texto, con German García como personaje sin caer en la obviedad: las infinitas conjeturas.
Lo cierto es que me parece inevitable, debido al relato de Nora Matinez, en el número 38 de la revista Odradek, “El mendigo”, en donde hay un sujeto que se convierte, literalmente, en la repetición de sí mismo.
La aparición del personaje y la aparente repetición compulsiva, se traslada luego a la repetición del acto de huir, del bar y del relato.
Quién no ha soñado alguna vez con esas situaciones en las que se encuentra en un lugar del que necesita salir y sin comprender por qué se encuentra repitiendo el gesto sin poder resolver la escena.
Es como si Nora Martinez, hubiera colocado a Germán García dentro de un sueño, pero en la realidad.
La compulsión de la repetición es contraria al placer, dicen ellos, los que saben, y parece que busca reanudar un efecto anterior que sí tiene que ver con el placer.
Con ese gesto, Nora Martinez ha dejado inconclusa la lectura del personaje, permanentemente observando a alguien que no termina de irse.
Yo espero que si alguna vez me convierto en personaje de Nora Martinez, me suelte detrás de alguna frase, en vez de dejarme permanentemente ocurriendo.
Hay que tener cuidado, no siempre leer un diario, tranquilo, en un bar es un acto sin consecuencias.




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Uno de los aspectos de la lectura de textos, es el relato de los nombres.
Parte de la narración, y creo, una práctica que lamentablemente va desapareciendo, es contarles a los otros lectores lo que entendió, o supuso, o imaginó, o creyó, respecto a lo que se refiere en un relato, pero no en formato de crítica literaria, sino en el formato personal, lo que le invoca a cada uno, en referencia a la propia historia del lector.
Ya se habrán acostumbrado a mis propios comentarios, con que vengo indagando en los textos de la revista Odradek, a tientas, y descaradamente.
Entre mis observaciones, por una razón que no sé si puedo explicar, me interesan especialmente los nombres.
Soy una lectora de nombres, es usual para mí preguntarme por qué tal personaje se llama de tal manera, por qué el Quijote se llama Alonso, por ejemplo, o por qué, en la biblioteca trabaja Betty y no Mirta, y así.
Es una ocupación ingrata, claro, porque el relato del nombre de los personajes en general, es otro relato que probablemente conducirá a otro relato.
En lo que respecta a esta inquietud, creo, es una manía que me viene desde que nací, porque mi propio nombre se debe al personaje de una novela, tal como mi propia madre se ha encargado de contarme desde la primera vez que me pregunté por qué me llamo como me llamo.
El nombre, en cualquier caso, es para la realidad como una transfiguración, de ese modo a veces se nos ocurre decir que tal o cual no tiene cara de Betty o de Washington.
De esa manera, amamos u odiamos personajes sugeridos por la huella del nombre, ya sea que conocemos un villano o una buena persona que porte el nombre que comparten con un personaje.
Sin embargo hay todo un grupo de nombres que son inocentes de este origen en el mundo real, sino que tienen origen en la literatura, por ejemplo, ya nadie puede llamarse Gregorio, ni en la realidad ni en la ficción sin quedar pegado a Kafka, ni, tal vez, el estigma de ser convertido en insecto mentalmente por muchos, y tal vez, no tan mentalmente.
Me parece, que en base a estas inquietudes, los libros se me van convirtiendo en un compendio de genealogía de nombres; de hecho, debería haber un diccionario de nombres, pero no en base a su significado, sino a su linaje literario.
Por ejemplo, quién puede leer a Mariano Quintero, sin encontrar connotaciones en Washington Sondon; la reverberancia de ese nombre es casi un valor extra en los textos de este autor, cuentan cosas que el autor tiene fiaca de explicar, o que aprovecha, debido a las limitaciones del espacio.
Entre las curiosidades de la revista Odradek, quizás los lectores no saben que cada texto está limitado a 2000 caracteres, esto implica una dificultad extra, para los que se dan cuenta que es complicado expresar una idea en un número tan definido en extensión, sin embargo, uno de los trucos para exceder ese limite, es sin duda el uso de los nombres.
Cada nombre, extiende el aroma del relato y su significado, y orbita el relato tan profundamente que en muchos casos es difícil reconocer cual es el personaje y cual el autor, e incluso tuerce la idea sobre algunos relatos, tal el caso de Frankestein que algunos creen que es el monstruo cuando en realidad es el doctor que lo crea.
Creo que me excedí en mis divagaciones, pero en realidad, lo que quería comentar es que: cuando los nombres de los autores son los que irrumpen la trama del relato hay, en esa intromisión, una serie de connotaciones que devienen del conocimiento del autor que es usualmente un señalamiento sobre sus características, que a los lectores, quizás les resulta críptico.
En el número 38 de la revista Odradek, prolifera en indicios sobre los autores.
Es casi un número confesional o delatorio, aún no lo decido.





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Tres años se cumplen este mes, septiembre, de la aparición de la revista Odradek, tiempo suficiente como para manifestar su carácter, encontrarle parecidos, buscarle reflejos de otras propuestas e incluso de que comience a hablar.
Eso ha ocurrido en este número, los narradores han decidido invertir las cosas, no sé si por una rebelación o revelación, incorporando a los autores.
En este número, el 38 de la revista Odradek, los ficticios o no, nunca se sabe, son los autores.
A tientas, un número de valor terapéutico y desbocamiento que va a tono con la enfermedad de la época: ¿literatura autorreferencial?
En el juego del revés, sin firmas, casi podría adivinarse a los autores, tanto así viene configurándose el estilo de cada escritor; en algunos, los personajes, cepa horneada en las revistas precedentes, se encontraron con uno que otro autor, integrándose éstos a los recorridos geográficos de los personajes.
Algunas fisonomías literarias quedan determinadas por la clasificación de géneros o por representaciones equiparables a otras propuestas, en Odradek es un conjunto de personajes, desde su propio nombre hasta los que vienen circulando número a número y en el que ahora se suman los propios autores.
Gran sorpresa de encontrarme a mi misma, incluso, con una nota que se parece a un órgano sobre relieve – efecto causado por el recuadro -, de un cuerpo de letra que se mueve entre el diseño del sitio, permanente lectora y participante activa del blog, el brazo menor de la revista Odradek.
Me siento parte de Odradek, porque motiva y renueva, mes a mes, mis ganas de seguir leyendo y escribiendo.

¡Feliz aniversario!


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Varias veces me han preguntado si Nora Martínez la ilustradora es la misma Nora Martínez que escribe en la revista Odradek. Algunos dicen reconocer en la manera de escribir determinadas pinceladas, un “color” que identifican con esas redondeces o paisajes bucólicos de vientos gordos que aparecen en las ilustraciones. Concluyen que se trata de la misma persona.
Yo necesité entrar a vuelalápiz.blogspot.com, buscar en la parte del currículum y comprobar, si es que eso prueba algo, que se trata de una sola Nora Martínez. Pero allí descubrí que ella también es otra, que ejerce el psicoanálisis y otra más que dirige un taller de plástica para niños, y quién sabe cuántas más.
No sorprende entonces que sea una Nora Martínez la que elige a los gatos como protagonistas de muchos de sus textos, la que muestra cómo la relación entre humanos y felinos puede conmover.
Nora Martínez tiene más gatos que el botánico, decía un post de hace unos meses. Como Borges tiene tigres, como Monterroso tuvo al dinosaurio más famoso, como Juan Ramón Jiménez tuvo un burro. Nora Martínez tiene gatos que nunca están “pintados”. Son personajes que vienen a decirle algo a los otros personajes o al lector. Hablan de la soledad, del paso del tiempo, de la amistad o de la muerte. De nuestra muerte. La única que importa, porque los gatos no le temen a la muerte: ellos también tienen 7 vidas.

Roberto Gárriz

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El canibalismo, es una especie de contacto entre seres humanos de aquellas partes del cuerpo que no se pueden tocar. El concepto del canibalismo es como el inicio de una saga, no tiene fin, porque la explicación última parece imposible, el tabú del concepto tiene un fuerte condicionamiento social.
El texto de Germán García, en su tercera entrega, “La señora de Dalí”, número 37 de la revista Odradek, como en el Zen, no presenta nuevas certezas, sino más inquietudes.
No pude dejar de pensar en los caníbales famosos; además de Anibal Lecter, caso en el que la ficción literaria y la realidad dan muestras de la dificultad en diferenciarse, no puedo dejar de notar que no se conocen casos de mujeres caníbales; lo cual es un indicio de que o tenemos más estómago o más conocimiento sobre la naturaleza de la carne humana.
Las mujeres asesinas más bien han incurrido en el arte culinario a la hora de deshacerse de un cadáver, sirviéndole a otros el producto de sus tropelías, en cuyo caso, el canibalismo no parece corresponder a la descripción del delito.
El caso que más recuerdo de caníbales famosos es el de un sudafricano que mató a su mujer y murió atragantado al comérsela, se conoció como el caso del caníbal Jabulani Siphethu, esa fue una noticia del 2005, y muchos afirmaban que la justicia divina existe.
Dejando de lado el chisme y respecto al personaje del texto de Germán García, como comenté, se me presentaros diversas cuestiones, por ejemplo, el título; es fácil encontrarle referencia: el pintor.
Dalí, un personaje controversial, y la señora de Dalí, Gala, Galarina, la “Gradiva” como le llamaba Dalí, "la que avanza", que hace referencia a su vez a una historia sobre un sueño y un delirio, que propone que ambos proceden de la misma fuente. Es decir, de lo reprimido y el sueño, surge el delirio fisiológico del hombre normal.
El desenlace de la historia de la Gradiva desemboca en plantear una íntima conexión entre el desvanecimiento del delirio y la resurrección del deseo erótico, claro ahora es fácil decirlo, pero imaginen cuando no existía la palabra "erótico"; a "resurrección" la inventaron los cristianos.
Los comentarios de Dalí, en la percepción de algunos, eran tomados como desvíos o delirios del mismo Dalí o del personaje que representaba, y que en mi opinión era un giro literario: consideraba que Gala, su musa, liberadora de los sueños ocultos, deseos latentes y misteriosa figura femenina devoraba a los hombres, incluyéndolo a él, para devolverlos al mundo con un singular imaginario.
Dalí consideraba a su mujer como una cornucopia de la cual se bebía el éxtasis, devolviendo a los hombres a una vida terrenal en la que no podían ya existir, cadáveres, zombies.
De La princesa de Beirut, mientras tanto, se sabe todo, lo que hizo y lo que encontrará la policía, pero por ahora, parece que pasa como con los caníbales: la explicación última parece imposible.
Qué sé yo, a mi me intriga muchísimo y ya llevo varios entripados: a Shim no le devuelven el tiempo, los Gárriz de Chascomús se juntan para un asado, pero no invitan, y no sabemos qué pasó en MDS, de Sondon ni noticias.
Me parece que el próximo aniversario de Odradek, (3 añitos y ya habla), está distrayendo a todos.

Ana Abregú






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Debido a mensajes, comentarios, solicitudes de algunos lectores y pedidos en general, en esta ocasión, ofrezco a los lectores para disponer en sus sitios o blogs el material de su escritor o escritores favoritos, el material que se publica en la revista Odradek.

Se puede solicitar, incluso para ser publicado de la manera que al lector le guste ofrecer a sus propios lectores.

En esta oportunidad, los textos publicados por el escritor, psicoanalista Germán García.


Para obtener sus publicaciones de la revista Odradek, no tiene más que copiar el código que de muestra a continuación:





En su sitio el material se verá de esta manera:





Ana Abregú

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Durante casi tres años, tres exactamente en el próximo septiembre, en forma sostenida, la revista Odradek ha mantenido su caracter incontaminado de avaricia, y sigue siendo gratuita.
El esfuerzo emocional de llevar adelante un proyecto de naturaleza literaria es invisible, porque aunque todos hablan del poco apoyo que hay con la cultura en general, y con la literatura en particular, lo cierto es que los mismos que esgrimen ese discurso son los que menos hacen para aportar.
Hay actividades que son silenciosas, constantes y desinteresadas; los proyectos literarios tienen algo de esa sustancia que convive en los contornos de una postergación que se hace infinita; no parecen coexistir con las épocas, se establecen como propuestas aisladas y siguen en pie por la voluntad de los que participan.
En este día, preferí hablar de la hidalguía con que la revista Odradek sostiene el espíritu con que se inició, y con el mismo compromiso por parte de un staff de escritores que mantiene la expectativa en los lectores y en ninguna otra forma de especulación, tan común en los tiempos que corren; nos ceden un poquito, cada mes, de la médula de sus imaginarios.
Hoy les doy un gracias a todos, sin hablar de ningún texto, hoy escribo de los autores, del afán con que sostienen el ideal en el que se ha convertido la revista Odradek, una revista para leer, no para comprar.
Mis respeto a ustedes, Odradekes, que son un ejemplo de diálogo permanente con lo literario, y con la profesión más vieja del mundo: el contador de historias.




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Los personajes han comenzado a vagar y a emitir señales de ritualidad en Odradek, Betty, Sondon, la princesa de Beirut, Shim, Octubre, y seguro que hay otros, en una curiosa forma de regateo de información sobre sus vidas.
Han comenzado a transcurrir en Odradek, entre fragmentos y universos paralelos; Sondon y la princesa de Beirut, como arquetipos de ficciones, con una propuesta de enlazar sesiones entre publicaciones.
Las voces prestadas de los personajes, los diálogos en los textos de Mariano Quintero, las descripciones de los crímenes en los textos de Germán García, en una relación de diálogo con la cultura cinematográfica o televisiva dentro del género.
Son personajes que remiten a otros personajes que representan a su vez personajes ficticios como forma de captación de los matices de la realidad.
Luego los personajes de Nora Martinez y María Marta Gigena, plantean una incertidumbre en los gestos cotidianos, en una quietud como si el aire no circulara, como si toda la atención del lector tendría que enfocarse en un punto, vértice de un relato que no se termina de resolver; los personajes se presenta como cotidianos, podemos reconocernos en ellos.
En el tiempo plano, sin relieves, los personajes están sumergidos en un presente sin transcurso; en Betty, la descripción del entorno que acompaña al personaje; son los objetos los que tienen historia, …una miniatura del bondinho con el que conoció el vértigo en Río de Janeiro…, y la biblioteca, lugar en donde están todas las historias en el mismo instante.
En Shim, el tiempo transcurre fuera de sí, pero él permanece dentro de sí mismo, en ese viaje de una búsqueda cuya sustancia es difícil de definir.
Odradek está comenzando a poblarse de personajes que en formato de fragmentos se va configurando como una estructura circular de materia novelesca, cuya mayor virtud es que todo se encuentra en el mismo lugar, en la revista Odradek, en el número 36.

Ana Abregú






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Aires de policial respira la revista Odradek de este mes la número 36, aunque viene asomando la tendencia desde números anteriores.
Me llama la atención que con estilos tan disímiles, tanto en el texto de “la señora de Dalí” (segunda parte), de Germán García, como en “Washington Sondon y el regreso de Concha Rayada (parte II)”, de Mariano Quintero, se pueden relacionar, aunque en sus peculiares estilos, la predilección de ambos narradores por minimizar entidades abstractas o sentimientos humanos.
La realidad perceptiva de los personajes se da en los olores, y no en el relato de la escena, mientras que es el relato de las escenas, lo que perturba al lector, que por supuesto no percibe el olor.
En el relato de Mariano Quintero, el olor del gato muerto, los intestinos, las vísceras expuestas; en el de Germán García, el suceso ocurre en la cocina.
Los desmembramientos los une.
La descripción de las muertes, se fragua en una sustancia verbal versátil, elocuente en exceso, como si la profusión de sangre y miembros tuviera como propósito anestesiar la sensibilidad del lector.
No sé qué se traen ambos autores, pero me preocupa que en un caso apareció “el crítico” muerto, y en el otro, aún no se sabe nada sobre quién es el que fue a parar a la heladera.
Ambos relatos se ciñen al orden del descubrimiento de los sucesos; misterio y aventura parecen el sello distintivo; narraciones por entregas, de las que el teórico alemán Walter Benjamin asociaba como la penetración de la lógica capitalista al ámbito literario.
No me quiero adelantar, pero cuando Washington Sondon aparezca por el Guaraní, invitado por Adrián Drut, que no sea por creer que allí puede encontrar a la periodista, y que resulte ser la princesa de Beirut.

Ana Abregú.

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Hay un encanto irresistible para mi, en el relato de Shim y la gata Octubre, la mirada del lector espía esa vida que acontece en detalles, que por descripción de la autora Nora Martinez, es como si transcurriera de un modo en que el aire no circulara, como si la asfixia de las ausencias hubieran ahogado más que una vida, todo a su alrededor.
Me conmueve el tiempo estático pero a su vez de inminencia; la voz intimista del narrador y el relato de transformaciones en los pensamientos de Shim donde la realidad, los sueños e incluso la relación con la gata están ofreciéndose como un conjunto aislado, un mundo organizado en repeticiones que abren y cierran los relatos de la vida de Shim, marcado por un sentimiento de abandono y de búsqueda que no siempre son los recuerdos, sino esa presencia de un animal que representa no sólo el tiempo, que no parece transcurrir, aunque ha desaparecido, quién sabe, inexorablemente; sino el afecto perdido, la realidad evanescente de las cosas, que no pueden ser duplicadas ni suplantadas.
La atmosfera de la vida del personaje, se dibuja como una búsqueda que parece inmediata: Octubre, el tiempo, la gata; pero la narración se dobla en sí misma y las circunstancias de Shim; el silencio que se escapa de la ficción, se rompe por el grito de la gata falsa que resigna el relato para dejar nuevamente el espacio al silencio y caer en los pensamientos de Shim, lo cíclico se representa con lo sonoro, no en las búsquedas, que parecen infructuosas.
Hay textos que una no comprende qué fibras mueve dentro de una, será que es como si Nora Martinez, desde hace varios números en Odradek, y en especial el número 36 de la revista Odradek, “La revelación”, nos retacea justamente eso: la revelación; o lo que queremos que se revele, no es exactamente lo que deseamos que se revele.
Cada lector tendrá su propia opinión sobre el destino de Octubre y Shim, pero yo, desde este espacio, he decido devolverle Octubre a Shim -mish-
Valga como una especie de respiro a la causa incansable de búsqueda por parte de Shim, que es, creo, la búsqueda de casi todos los escritores desde Proust, la búsqueda del tiempo perdido.


Ana Abregú


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La palabra soul siempre me hace pensar en el Jazz. No se puede decir alma y sentir lo mismo, de manera que hay que solicitar a la academia Real Española que incorpore la palabra Soul, pero ahora con status de español, y componente importante de la ciencia de la ornitología, ciencia que se ocupa del estudio de las aves, ya que según la leyenda, Charlie Parker le aportó mucho a la disciplina e incluso tiene un disco con ese nombre y no por nada apodaban “el Bird”.
Dicen que el nombre de las cosas trae las cosas al presente, es lo que me produjo el texto de Adrián Drut, “Enlargue your penis” en el número 36 de la revista Odradek.
El título, acorde a la referencia de Subject muy conocidos de mails considerados Spam, que a todos nos ha invadido en numerosas ocasiones.
La relación de tamaño, motor, velocidad, jazz, son históricamente marcas masculinas, y por supuesto el título; el texto de Adrián Drut respira y emana testosterona, disemina elementos sonoros con los que reúne elementos del mundo viril y el mundo del cuerpo masculino.
Cuestiones, casi vedadas a la sensibilidad femenina, y precisamente por esa razón, a su vez magnéticas.
Quizás por ello han aparecido en estos días ciertos mensajes de adhesión a los textos de Adrián Drut en el blog de la revista Odradek.
La literatura, frente a la música, se coloca de costado y da cuenta de sus efectos, de sus desbordes, nunca la suplanta ni la infiere, en ese sentido, la propuesta de Drut, se parece a la mixtura entre el homenaje a una época y los dispositivos del lenguaje y el cuerpo que expresan la forma en que los atributos masculinos penetraban el “mundo blanco”, usando como vehículo de asimilación el rasgo musical que más se identifica con el color: el jazz.
Charlie Parker era el maestro del Bebop, término acuñado para enunciar un nuevo tipo de música, que explotaba en saltos bruscos, expresaban un concepto distinto de la estética melódica en uso (a propósito de la palabra, Charlie sarcásticamente decía que era la onomatopeya del golpe de una cachiporra policial en la cabeza de un negro), Charlie Parker, se instaló cómodamente en “El perseguidor” de Cortazar, y ahora en el texto de Adrian Drut, como si se igualaran ante el mismo rito.
Texto mordaz. Se puede leer en el número 36 de la revista Odradek.


Ana Abregú


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El texto de Ezequiel De Rosso, en el número 36 de la Revista Odradek, "la lección de Valdemar” despierta el interés en el relieve y organización del lenguaje, desguazando ciertos términos como una partitura, organizando un nuevo armónico.
Toma una palabra, se apropia de ella y despliega un análisis óntico u ontológico del término, es decir en el sentido de dilucidar el concepto como explicación científica.
Con una descripción aparentemente normativa, explora la idea de que una explicación consiste en mostrar que la estructura semántica de la palabra da cuenta de la imposibilidad de explicar la estructura causal del mundo, cuando se supone su origen.
Usando el mismo concepto, atinente al término argumento, dice la Real Academia Española: “Razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”. Que me hizo pensar en la relación entre una argumentación de organización del lenguaje y la organización filosófica del lenguaje, en ésta última acepción, una argumentación sería: “El que parte de la oposición entre dos hechos para concluir del uno lo contrario de lo que ya se sabe del otro”. Lo cual quiere decir todo lo contrario.
Demás está decir que me fascinan los planteos de Ezequiel De Rosso, con su texto del número 36 de la revista Odradek, sobre todo el provocativo título y la inclusión de personajes de Poe, que marcan en una dirección literaria la noción del saber, reestructurando lo que parece el desarrollo de una ficción, utilizando la disposición técnica del concepto del lenguaje: la taxonomía, que trata de los principios, métodos y fines para la clasificación de las palabras o sus nombres y su definición, para luego revocarlos como principio del sentido.
Imperdible. En el número 36 de la Revista Odradek, Ezequiel De Rosso, brilla.



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Son subrepticios, y te obligan a mirarlos durante minutos, porque te preguntas si ellos no saben algo de la obra que estás por leer, que vos no sabés, ni sabrás aún luego de haberla leído.
Su presencia es como la de una deidad, que sabe experimentar, buscar, imaginar, explicar construir, criticar lo que habrás leído en unos momentos, no sólo porque comparte con los textos los mismos dos colores, sino porque son como una señal, un faro, un signo, un monograma en cada número, que lo identifica mucho más que el número mismo de la revista. La número 35, suelo comentar, la número 20, pero en cuanto me reúno con alguien, la identificación no es por el número, sino por la serie de personajes que acompañan a la revista en cada número.
En esta ocasión quise hacer notar que la incorporación de esa imagen o a veces varias que adornan la aparición de la revista Odradek no pasa inadvertida; en la número 35, por ejemplo, el personaje nos mira, “Gol”, de Miguel Florio, le ha dado un nombre particular a este número de la revista Odradek: “la del futbolero”, y así, una revista profusa en personajes y situaciones ha pasado a llevar su marca con el nombre de los personajes que la habitan, pero no de los personajes literarios, sino de los personajes ilustrados.
Parece una ironía.
La número 34, por ejemplo, causó un problema, en principio porque lo primero que hice fue buscar la señal, el personaje, el intruso, y debido a su ausencia, no le quedó más remedio que tomar el nombre de “la revista en la que Yanina Bouche nos clavó de punta”, reincidiendo en la idea de la identificación mediante algún aspecto visual en la revista, usando en ese caso una alegoría.
La ilustradora más asidua es Nora Martínez, así que la diferentes publicaciones de Odradek fueron bautizadas debido al capricho interpretativo de esa autora, la número 33 fue “la del Banco”, la 32, “Los tipos”, de Miguel Florio, por ir a cualquier otro número al azar, la 18, fue “Estática”, de Nora Martínez y así.
En una revista de literatura, hay márgenes, hay textos vecinos, hay una marca geográfica de textos, un orden que reconfigura en algunos casos la lectura, incluso determinados textos en el mismo número son motivo de relación entre ellos que sorprende a los autores tanto como a los lectores.
Esta vez, valga un homenaje a los ilustradores de la revista, que no por no ser mencionados entre las lecturas, pasan desapercibidos, sino más bien configuran una características de cada número que refuerza la identidad de la revista Odradek.



Ana Abregú

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Para los que vienen siguiendo los textos de Germán García, ya estarán acostumbrados a la teatralidad que permean los nombres de sus personajes, que parece dar cuenta de un cortejo con una mitología personal, cultivada, con pretextos ocultos o motivos de orden que afectan la voz del narrador, como al pasar, que escucha pequeños relatos, a veces fragmentos.
En lo profuso del impacto de los sustantivos, la elección de nombres que diseminan un sentido con cierta vibración subyace la construcción de una verbalidad en el lenguaje; en este número, el 35 de la revista Odradek, con el texto “La señora de Dalí”, Germán García, con cierta tendencia hiperbólica,…primo menor llamó a un amigo, que llamó a otro. Así, los siete varones de la casa estuvieron con ella…, mantiene una preponderancia de los nombres; en el título: Dalí, el personaje, la princesa de Beirut, y la escena, que es ante todo la respiración de un relato policial, con elisiones y enigmas, y un desborde que establece un diálogo informativo de los personajes, sus antecedentes, la inminencia de un suceso, y la promesa de una historia de persistente insistencia entre los escritores de Odradek.
El suspenso parece circular cómodamente entre las propuestas de la revista Odradek, deslizándose entre las formas narrativas que tienen por consigna un formato breve, pero no por ello menos lujurioso, al sembrar promesas de géneros diversos, cuento, relatos, comentarios, ensayos, textos que no se dejan clasificar fácilmente.
Quizás su mejor virtud.





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De los nombres no se entra y se sale impune sin que haya alguna sospecha de fraude; el nombre que le da existencia a lo que no existe, es también, lo que le da identidad a todo; al menos es lo primero que aprendemos cuanto podemos escribir la primera palabra.
Lo interesante de los textos de Nora Martinez, en la revista Odradek, es que nos hace desestabilizar esas certezas, con sus personajes del texto “Los nombres”, en el número 35 de la revista Odradek, establece un juego narrativo de cómo una extensión de los reflejos de los relatos anteriores, la vida de Shim, su protagonista, parece casi líquida, se desliza como si flotara; de vez en cuando se asoma sobre la superficie anfibia de su existencia y traspasa una dimensión, en la que la realidad, la memoria, la nostalgia, nos muestran una perspectiva de su vida con la que podemos identificarnos; como si la luz de una irrealidad que brilla sobre sus pensamientos no iluminara a ninguno.
Especialmente las descripciones,… el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos…, suministran un clima sumamente efectivo, nos transmite una enorme ternura por Shim, y sus circunstancias.
Shim vive deslices mundanos, eso evita la fatiga por lo definitivo con que una tiende a relacionar al personaje, un poco porque todo parece que se va, que se diluye; pero la autora logra, con pequeños trazos, marcar la mirada con una historia diminuta resuelta en los detalles.
Casi todos podemos cambiar de nombre, usar un doble, un seudónimo, hacernos pasar por alguien, pero pocas veces se puede lograr que sea el cuerpo el que decide calzar en el nombre, y esa maravilla es la propone Nora Martinez con su hermoso relato sobre el gato Octubre.
Ya estoy ansiosa por saber qué pasará en el próximo capítulo.




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En la construcción mitológica de la revista Odradek, hay ambigüedades respecto a su comienzo misterioso, nació espejada, o es papel que se virtualizó o es virtual y se papelizó, mientras lo kafkiano se pierde en los laberintos burocráticos, y lo rulfiano es habitante del llano, los Odradekianos son habitantes de bares, ni virtual, ni de papel: de bares.
La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.


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Si hay algún agente común en el número 34 de la revista Odradek, podría numerar al menos tres, la vejez, Odradek y la muerte.
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.

Ana Abregú






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Tal vez como sesgo de profesión (mi formación es en ingeniería), mis preferencias por las matemáticas, hace que tienda a definir el mundo bajo esa influencia, un sentido del orden simbólico, abstracto, bajo el que las referencias conceptuales forman modelos ordenados según un contexto que trata de organizar el mundo de relaciones textuales..
Siento afinidad con los textos del escritor Ezequiel De Rosso, porque encuentro en su visión una confirmación de mi experiencia, frente a ciertas lecturas, con las que tiendo a tratar de establecer un modelo de producción.
Siempre he afirmado que para leer a Borges habría que saber matemáticas, y en el número 34 de la revista Odradek, “Encerrados”, de Ezequiel De Rosso, expresa el modo en que me hubiera gustado poder demostrarlo.
En su texto, expone un probable modelo constructivo, basado en los elementos de cimentación de la literatura de Borges, tratando de clasificar ideas y sentidos dentro de un cuerpo de elementos espaciales y elementos que se mueven dentro y fuera de ese espacio.
Define también cantidades de relevancia como línea de delimitación, fuerzas, espacio, fronteras, y despliega una hipótesis de trabajo con esa visión, que según yo, no es otra cosa que la definición de un campo vectorial, con características de campo solenoidal.
En matemáticas, un campo vectorial es una construcción que asocia cada punto de un campo a elementos de ese mismo campo; a lo que se tiende con los campos vectoriales, es un acercamiento al objeto de estudio para acotarlo dentro de una definición que lo constituirá en un modelo hipotético, con el objeto de determinar las características de los elementos que componen un fenómeno o que lo explican.
En el caso de “Encerrados”, los elementos constructivos con que Borges administra los componentes literarios que transforman sus textos en trabajos tan precisos, son expuestos por Ezequiel De Rosso en términos simbólicos matemáticos.
Cuando los elementos de un campo vectorial, presentan una característica de rotación de los elementos, en el sentido de confluir, hacia un punto, donde la superficie o flujo o espacio cerrado tiende a cero, o sea todos los elementos se determinan para el único fin que es la resolución típica del texto policial, constituye un campo vectorial que se denomina solenoidal.
Con este trabajo, Ezequiel De Rosso, propone una ecuación entre la experiencia y la forma en donde los textos de Borges y sus posibles narrativos, no se exponen del modo usual, el espejo y su reflejo, a que nos tiene acostumbrados como lectores, sino una lúcida reflexión sobre el posible centro de gravedad, el secreto, de la prosa de Borges.
Para mí, Ezequiel De Rosso es uno de los lujos de Odradek, recomiendo su lectura con atención, en el número 34.



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Me gusta el poema de Octavio Paz (1914-1998), en el que expresa en forma breve pero contundente que somos escritura.

Hermandad

Homenaje a Claudio Ptolomeo


Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.

El escritor mexicano, expresa de otra forma lo que en el texto, “El problema de nosotros”, de Silvina Gruppo, el número 34 de la revista Odradek, el juego amoroso con la palabra; el cuerpo del verbo, del sustantivo, de la letra, traduce un desplazamiento de representación en donde los personajes y sus actos se convierten en figuras retóricas.
Silvina Gruppo, en esta propuesta, adverbializa los personajes, y la identidad de sus actos se extrapola y juega a ser pronominal.
Actos de apetitos y reflexiones forman un efecto concéntrico en relación al lenguaje, que aunque breve, es profundo en lo emocional, con signos transformados en incidentes de una historia que se cuenta en el entrecomillado, “nosotros”, “hace mucho”, “ayer”, y al mismo tiempo con fidelidad amorosa hacia la expresión escrita, que no es mera trayectoria tangencial, sino nudo mismo del texto, en donde las historias encubiertas, en un entrecomillado usado como señal de un referente del cual parece extraerse el sentido, son a su vez el propio lenguaje.
No es el primer texto con que esta autora irrumpe en Odradek, allá por el número 22, ya nos perturbó un poco con “Pequeños mozos”, y más lejos en el número 19, cuando me llamó la atención con “Las olas y el viento”, …alma es cuerpo y realidad es ficción…dice esta autora, cuyas propuestas no se circunscriben a una historia personal, sino a la inapelable certeza de que toda historia transcurre fundamentalmente en el lenguaje.


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Con la sugerencia Macedoniana de un título más largo que el propio texto, Roberto Gárriz lleva al extremo, la caricaturización de la literatura, como un sistema de relaciones; con propuestas que pueden entenderse como una parodia o un sarcasmo, basado en referentes literarios, que son precisamente los que han provocado mayor tensión en los sistemas de análisis críticos.
Utilizando el dispositivos de construcción, al igual que los otros autores de este número 33 de la revista Odradek, que no son un tema ornamental, sino un sistema de señales, de guiños, hacia un probable lector, que encontrará en cada órbita, el discurso participativo entre el texto de referencia y la realidad arbitraria del autor. La geografía: Palermo, estación de servicio, preembarque, palabras que decantan las historias en una supuesta cotidianeidad espacial.
Una propuesta que provocativamente empuja el límite de autores importantes, Macedonio, Monterroso, Mallarmé, como un desafío al exponer que no hay inviolabilidad de acuerdos en la expresión literaria.
Con la emulsión de la ironía y una distancia muy corta entre la ruptura de los géneros de esos autores, ahora nuevamente enfrentados a este conjunto de narraciones con una textura que se entreteje con otros textos y entre sí, Roberto Gárriz encuentra una forma de homenaje, bajo un aparente intención de desmitificación del recurso del sistema literario como una extensión del sentido del texto.
Los breves relatos se disfrutan por su expresión provocativa, y a la vez advierte sobre la inmortalidad de ciertas propuestas, que aunque breves, son significativas.
Roberto Gárriz expone una constelación de autores leídos y vueltos a leer que revolucionan el sentido artístico de la escritura en prosa.



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Como expresé antes, en el número 33 de la revista Odradek, hay algo así como una explosión de propuestas narrativas, que exponen una variedad que permite diversas lecturas en donde en la forma apoya su más evidente promesa.
La brevedad, posibilita una diversidad especulativa sobre las intenciones que sobrevuelan los textos; pueden ser diálogos, monólogos evocativos, prospectos, misiva provocativa.
Con combinaciones de diferentes puntos de vista, algunos basados en la elocuencia de clásicos como el caso que ya mencioné de Monterroso, pero a los que en definitiva es complejo seguirles el rastro.
Otro rasgo interesante es que precisamente la forma, la brevedad, son pistas que hacen difícil apoyarse en la argumentación sin la búsqueda del sentido, de manera que un lector perspicaz se abocará a la tarea de sostener la lectura bajo el influjo de una aproximación oblicua que permita encontrar una historia que aparece a contraluz, en el intersticio de cada palabra.
En ese sentido, la frondosa producción de Germán García que comienza con “Asombro” y termina con “Variedad”, no deja de llamar la atención.
Si una quiere encontrar en la selección el sesgo de la profesión del autor, ya que Germán García es psicoanalista; en los títulos el rastro de algún recorrido bajo la sospecha de ser predecible, “Al padre”, “Mujeres”, “Secreto”, sin embargo no parece más que un envoltorio con el que el autor fertiliza el material narrativo, que contradice y sugiere con las palabras, desviaciones y secuelas de otras conquistas.
Gruesos cascos parecen sus cabezas…, las palabras cristianos, se entrelaza con español, con oro, Reyes Católicos; un asedio, que desde el lenguaje manifiesta una incomodidad subjetiva, porque la historia de las conquistas hace mucho que dejaron de ser sagas de aventuras para convertirse en una dificultosa aceptación de una herencia de abusos.
La alteración del orden prosódico nos remite a una voz antigua, que somete a un entre paréntesis las pequeñas islas de texto extrapolando el tiempo y convirtiéndolo en una realidad impiadosa.
El almirante me regaló…deja entrever el relato de un testigo protagonista, el aparente sujeto de estas micro narraciones, que en la construcción refracta y desdobla el diálogo que se convierte en material de leyenda, refrendado por los diferentes temas, la comida, el sexo, el poder, el oro, el padre, el secreto; la materialidad de un universo geográfico y temporal, en apenas once fragmentos, impares, en esta composición literaria experimental.





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La clave de este número 33 de Odradek, se puede encontrar en uno de los cuentos de Roberto Gárriz, en esta ocasión, con la mención de un nombre: Monterroso, que con su texto “El dinosaurio”, ha suscitado una diversidad de publicaciones, donde se ha especulado hasta el detalle milimétrico sobre las implicancias sociales, literarias y hasta políticas de dicho cuento.
En ese texto, de sólo siete palabras, su característica más diversa es el juego, la posibilidad de que lo representado, es idealmente un juego de espacio-tiempo tal vez no tan imposible.
Odradek, se ha sumado con este número a la propuesta de atomización de historias, en las que el juego, muestra su mejor cara lúdica, o sociológica, o política, o literaria, el lector puede adoptar la visión que desee.
No tengo dudas, que tal como aquel texto famoso, este número de Odradek, operará como un dispositivo narrativo de múltiples sentidos en el que será interesante descubrir los elementos literarios que los constituyen.
En cada una de las historias, también se puede intentar ver el sesgo característico de cada autor, su manera de ver el mundo.
“Vea, Mulder…”, comienza uno de Adrián Drut; sólo con ese comienzo ya puedo especular sobre los elementos de construcción de escritura, este autor, es muy visual, coloquial, con sus personajes en relación de diálogo, ya sea con otro personaje o con el lector, presenta una ambigüedad en la ubicación de sus historias, la elección de nombres, que se asimila con ciertas series de representación en la ciencia ficción; luego, la selección de palabras como “negros”, y la frase donde lo incluye, que remite a épocas o lugares geográficos posibles, y que produce extrañamiento con la palabra “muzza”, de origen conocido para nosotros.
El tono es otra de la característica que lo define en su lugar geográfico, la musicalidad y cantidad de palabras nos resulta familiar y podemos asociarla al modismo porteño de corte policial, con lo cual se establece una ambigüedad en el género.
Otra de las señales es la imposibilidad de determinación de la intención, puede ser leído como cuento, como micro-relato, como sentencia, como diálogo inconcluso o parte de una historia conocida, presentando una característica posmodernista.
Como se observará, y seguramente no es todo lo que se puede decir sobre los breves, brevísimos textos; la originalidad de este número de Odradek, es como una gran trama, tejida en varias dimensiones, donde la atención del lector vacilará entre los géneros, las interpretaciones, la evocación y los artificios puesto en escena.
Será cuestión de dejarse llevar por la propuesta, tal como una fórmula, que marcó camino con Monterroso, provocando que la reflexión sobre la forma escrita, sea mayor incluso que la cantidad de palabras que el propio texto utiliza para producir sentido, siendo éste el mayor logro a que un texto puede aspirar.
Odradek, es un acertijo este mes.




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En señal de protesta, leo al revés.
Caminé de arriba a abajo, izquierda, derecha, diagonal, estoy segura que hasta levité, y no encontré la revista Odradek, la feria viene en decadencia, si no se puede encontrar allí una de las mejores publicaciones de cuentos, es porque los organizadores deben reestructurar las estrategias de exposición de literatura.
La feria está cada vez más bizarra.
Me crucé con Carlos Gamerro, nuestras miradas se encontraron por un segundo, y mientras la mía, lo miraba a él, la de él me atravesaba a mí; yo, por supuesto completamente invisible.
Cuento esto como introducción para decir por qué lo recomiendo en este momento, la respuesta más sencilla porque da la casualidad que lo vi, leí sus novelas en el orden: "El secreto y las voces", que me gustó tanto que me llevó a la segunda novela, "Los sueños del señor Juez", que definitivamente me encantó, y que me llevó a "Las islas", que no sólo me fascinó sino que hice extensivo este entusiasmo regalando el libro a amigos, y me condujo a "La aventura de los bustos de eva", en la que definitivamente realicé el diagnóstico de que Gamerro está loco, menos mal.
Luego leí su libro de cuentos, que también me gustó.
Coincidiendo, en el mismo espacio, se encontraba Narosky. Ellos no lo notaron, claro, pero por un segundo el universo, en un predio de 5 metros a nuestro alrededor coincidieron Narosky, Gamerro y Ana Abregú.
Para no dejar ese evento como la insinuación de un triángulo amoroso, me gustaría especular con que en realidad es una metáfora literaria, un extremo N., en el medio A., en el otro G.
La historia se contaría así: El lugar geométrico de todos los puntos del plano tal que para llegar de N. a A. hay una curva definida por una equis a enésima potencia, para los distraídos, es la definición de una curva infinita, y para ir del punto A. al G, probablemente una hipálage, o hipérbole, o para llegar de N. a G., directamente cambiar de planeta.
Hubo otros escritores, claro, pero yo prefiero relatar lo importante, me acerqué al stand de La Flor, y no encontré otro hito que se puede contar como valor prendario de Odradek, el libro de Roberto Gárriz, “Echándonos de menos”, aunque eso puede no indicar que no estaba, ya que la cantidad de gente me impidió revisar bien; sin embargo pude ver, echado tranquilamente leyendo a Divinsky, dentro de la cabinita esa donde se supone que deberían estar firmando los autores, en ese momento vacío, me gustaría que quedara escrito que imaginé que leía a Gárriz.
Entre otras cosas, en el stand de Fondo de Cultura Económica, hay libros de Salvador Elizondo por 9 pesos, de Vicente Leñero, y de otros, pero en especial quiero recomendar ese pequeño compendio de maravillitas que es “El grafógrafo” de Elizondo, aunque de ese autor, lo que más me gustó es “El hipogeo secreto”.
Hay un stand de España, de una editorial que expone, pero que no vende, en donde me indicaron está de próxima aparición un libro de Ignacio Padilla, el autor de la maravillosa “Anphitrion”. Estaremos esperando.
Luego, en el stand de chile, recomiendo hoy mismo comprar los de Diamela Eltit, que no se venden aquí, y que por alguna misteriosa razón suelen traer uno o dos ejemplares que se acaban los primero días de al feria, ya me pasó ir los últimos días, por las supuestas ofertas y encontrar la devastación triste del stand.
Conseguí “Lumpéria” de la Eltit, y un libro de Pedro Lemebel, “Serenata Cafiola” , cuyos libros “Loco Afán”, “Tengo miedo torero”, tanto me impresionaron.
Si alguien tiene algo que sugerirme me encantaría que aportara, después de todo la mística de la feria, tiene que mantenerse para que otros autores puedan aparecer aunque sea camufladas, como yo misma.
Me vi en el stand de Tusquets, en un librito de un concurso que gané hace años, un texto viejísimo; lo ví por primera vez hace tiempo, y yo, sorprendida, en ese momento, ganada por un entusiasmo sobredimensionado por un texto de 10 líneas, expuesto así, le dije al que cuidada que no roben libros: mirá en este, estoy publicada yo, ante lo que el tipo me miró con la cara más expresiva que recibí en mi vida de: a mí qué me importa.
El caso es que desde entonces, siempre visito el stand; pero el libro es astuto, cuando aparezco con alguien para que casualmente yo voltee la mirada y diga: ah, mirá, aquí me publicaron, porque la casualidad tiene buena prensa, pero en realidad hay que ayudarla un poco, tal cosa nunca ocurrió; siempre que iba con alguien el libro se escondía, cuando volvía sola, ahí aparecía.
Ayer, me encontré con un amigo, de casualidad en el propio stand, ya había ocurrido el rito de observar si el dichoso librito estaba allí y efectivamente, estaba, así que dejando de lado el montaje de la casualidad, tan ensayado durante aceitados años, lo agarré del brazo y lo arrastré para mostrarle el libro, ante lo cual, si bien sonrió, me dijo: ¿y te pagan derechos de autor cada vez que lo venden?, frase, que por supuesto desinfló completamente mi exaltación.
La feria se viene mal este año, viene bizarra.

Ana Abregú

Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek

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