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Este post es para agradecer el post de Roberto Gárriz, "El día que".


Gracias por el comentario.
Es extraño pensar que una gripe pueda haberme entorpecido los dedos, pero en las épocas actuales, las gripes han tomado la envergadura de fórmulas químicas, ya no se portan simples mocos, ahora se tiene algo con nombre como H1N1, enlaces polivalentes y cosas raras, que o nos asimilan con las aves, y entonces resulta difícil escribir con las garras o nos equiparan a los chanchos y es más difícil aún, escribir con pezuñas (¿se dice pezuñas?, o pata e’chancho).
Como sea, el asunto de la gripe, aunque tiene estatus de gravedad internacional, en mi caso, no proviene de un origen con glamour internacional, sino que es de gravedad personal, si tuve la mala suerte de tener que compartir un espacio con alguien que fuma, lo primero que me ataca es la voz, me quedo sin voz, preanuncio inapelable que estoy expuesta a cualquier virus que ande buscando un palenque ande rascarse.
Y sin la voz, quién puede tener palabras, qué sé yo, todo esto para decir que tengo mocos hasta en los oídos, ni pienso ni oigo, aunque en recuperación, aún escucho el rugido de la marea al extremo sur de mis pulmones quejarse de los cigarrillos que se fuman los otros.
Ya llegará la venganza del cuervo, que es graznar en las orejas sordas de los fumadores, pero no para ser oído, son sordos, sino para tirarles el aliento infernal a cadáver descompuesto.
Perdón el exabrupto, sepan los fumadores a los que nos exponen.

Ana Abregú


Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek

1 Comment:

  1. Nora Martínez said...
    No te juntes con esa gente!

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