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Tal vez no suceda todo al mismo tiempo en el mismo lugar. Como cuando en un día de lluvia, en unas calles hay sol. O será una sensación. Pero parecería que la poesía está pisando fuerte últimamente. Hay rumores de rimas. Como en viejos tiempos. Todo vuelve. Habrá decantado la espuma de los días...

Ya Spinetta hizo sangrar al durazno, Borges se dejó acechar por el espejo, Machado masticó el junco tierno a la sombra del alba y Martí dejó la rosa como estaba, el barco de Pizarnik encalló en el infierno, Artaud exhibió su ombligo aturdido y hasta García Márquez, sin métrica, nos dejó eternamente perseguidos por nubes de mariposas amarillas.

Pregunto ¿qué es la poesía? ¿Qué la distingue? ¿La opacidad de un orden, instantáneo, de palabras? ¿Un devenir de ideas a la intemperie? ¿La naturaleza ciclónica del lenguaje? ¿El alma en estado espeso? ¿O acaso el sueño rescatado del abismo o capturado entre el apenas despertar y el primer mate? ¿Qué es, qué tiene?

Hurgando con los dedos en la arena removida de los versos y llevando la mano abierta hacia los ojos, se encuentran pedazos de caracol de antiguos mares, cantos partidos venidos de rocas solitarias, la huella pulverizada de una caminata, la espina mordisqueada de algún pez vencido, el agrisado pelo de una cabeza abierta al universo, un cierto chicle desterrado de su herida, o restos del mejor amor en versión látex.

Nora Martínez


Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek

Escribir para Odradek

Tengo miedo ¿entendés? Me amenazaron. Ya se dieron cuenta de mi estrategia para conseguir fama a su costa, y tengo que ser cuidadoso. Es gente peligrosa ¿entendés? No andan con vueltas. Podés curtirles la mina, zarparles guita o vaciarles la heladera y no pasa nada. Pero por una coma mal puesta o un adverbio de más son capaces de cualquier cosa. Son unos sacados. Te mandan a matar de querusa sin ningún miramiento. No se bancan el talento ajeno. Eso pasa. Saben que soy un puto genio, un relámpago en la oscuridad, un diamante único, y no se lo bancan. Y las minas son las peores. La que saca fotitos me quería sacar en pelotas… “ni en pedo flaca”, le dije, “¿querés una foto mía? pagá como las demás”. El asunto es que me amenazaron. Se juntan en un bar pedorro a discutir. Que si la metáfora tal cosa, que si el sintagma tal otra, que si la noción de autor lo de más allá. Y tienen gente que les hace los encargos, no te vayas a creer. Ellos no se ensucian las manos, no señor. Para eso les pagan a unos monos grandotes que vienen y te dicen cosas como “¿Así que vos sos el que puso “puto” y “mierda” en el cuentito ése? ¿No sabés que ese estilo es el estilo de fulano?” Y ahí despedite de tres o cuatro dientes, por abajo de las patas. Y eso si no tuviste la pésima idea de poner “pija” o “leche” en lugar de “mi enhiesta espada” o “el mar de mis jugos”, porque entonces podés estar seguro de pasar al menos un mes en el hospital. Te digo, es gente peligrosa. Y el Gómez ese... es el más pesado de todos. Es cinturón negro de Lacan. Te estrangula con un nudo borromeo con la misma ligereza con la que se tira pedos, ¿entendés? Por eso tengo miedo.

Adrián Drut

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Voy a explicar por qué de pronto estamos en el blog los que rara vez asomamos nuestras narices aquí: nos hemos encargado de reemplazar a Ana Abregú, quien al parecer aún se encuentra ocupadísima.
Ardua tarea la de reemplazar a la irremplazable Ana cuya invaluable empresa -entre muchas otras, desde luego- es ni más ni menos que la de darnos un lugar en estos sitios y aportar desde su generosa inteligencia una mirada, una lectura y hasta una interpretación y articulación de lo que escribimos, develando así aspectos nuestros en los que a veces nos es difícil reconocernos, seguramente porque no nos conocemos lo suficiente y tal vez tendríamos que hacerlo.
Es decir, que quien tiene la titularidad de escribir sobre nosotros es Ana, y esa titularidad bien ganada la tiene, a fuerza de incitarnos día tras día y por todos los medios existentes a que la salvemos de semejante honor haciéndonos cargo de hacer nosotros su tarea que a su juicio es nuestra y ella simplemente nos reemplaza.
Ahora bien, dado el gran placer que generan los textos de Ana Abregú por sí mismos - además del gustazo que nos provoca encontrarnos leídos y nombrados en el blog por alguien que nos piensa bien-, no puede suponerse que los haya motivado sufrimiento alguno. Por el contrario, también un gran placer debe haber estado presente en la génesis de sus excelentes artículos.
Ya lo dijo Freud, respecto de Ana Abregú y otros autores: “...nos pone en situación de gozar en adelante, sin avergonzarnos ni hacernos reproche alguno, de nuestras propias fantasías.” El poeta y la fantasía- 1907/1908.

Nora Martínez

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