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literatura latinoamericana

El silencio tiene demasiada prensa, sobre todo cuando se vive en una ciudad ruidosa; sin embargo las comparaciones utilizadas por Javier Laquidara en su texto “El silencio invisible”, de la revisa Odradek numero 27, no tiene nada que ver con ese silencio, sino que establece una relación con la bondad, que a su vez se ve perturbada por el mismo silencio, mostrando una doble fisonomía del silencio. La construcción de comparaciones enuncian un código simultáneo con el lector; el autor sabe que son un sistema compartido, que en abundancia, generan un vínculo de familiaridad entre los sentimientos del personaje y situaciones en las que seguramente el lector se siente involucrado en un peligroso espiral, en el que se cae, con el ritmo incantatorio, donde, de la imagen de las comparaciones se llega a la imaginación.
Tengo que destacar que el nivel de las comparaciones es cuanto menos persistentes, alguna que otra se quedó rebotando en mis pesamientos, repitiendose mentalmente por sí mismas, colocandome una sonrisa de esas un poco bobas que asume la cara privada, en público, cuando hay sonidos dentro de una que se vuelven adversarias de la que es una cuando es cotidiana.
Este texto se deja degustar por la inversión entre síntesis objetivas de comparaciones y el final subjetivo.








Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek

literatura latinoamericana

Es el nombre que escribió María Martha Gigena en su texto “De Rusia con amor” del número 27 de la revista Odradek, y no habría podido ser otra la palabra, que refiriéndose al investigador teórico más que empírico, el cual se siente a gusto en la multidisciplina, podía llamar mi atención; Roman, así su nombre, no sólo está usado en un texto que comienza con A contramano, sino que acompañado de palabras como montgomery, pituco, ice tea, ya son marcas de un tiempo con coordenada en determinados años y un lenguaje que tiene nombre y apellido Argentino, con ambiente bibliotecario, libros y un siseo de silencio en la voz del bicho canasta. Tan difícil como comprender a Jakobson son las coincidencias; era exactamente como me veía yo, en al biblioteca de la Facultad, estudiando a Jacobson, pero no el de María Martha Gigena, sino el otro, Ivar Jacobson, el del lenguaje unificado de modelado, sólo una letra los separa de estar en el mismo estante, aunque comparten anaquel y biblioteca.
Uno, abocado a la lingüística, pionero de la fonología diacrónica y palabras que definen un corpus teórico tan complejo como difícil de pronunciar en la misma frase, y el otro ingeniero eléctrico que desarrolló un sistema y teoría de lenguaje con el que se modelan complicados sistemas de programación de computadoras.
En este texto es como si un haz de tiempo se hubiera plegado y estuviera atravesando las vidas de Betty, la protagonista del texto de María Marta Gigena, y la mía, coincidiendo un instante en el mismo anaquel de biblioteca, separadas únicamente por los tiempos verbales, coincidiendo en los tiempos de los sustantivos.
En la película que da nombre al texto, Bond quería recuperar una máquina a la que llaman “lektor”, se supone que se trata de una máquina descifradora de claves soviéticas, sin embargo, quizás, hay algo más secreto en esa maquinaria del texto que Gigena está agitando, una teoría de la comunicación en maniobra activa.




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Se trata de la problemática de la literatura actual, el cuestionar la relación entre el texto y lo que pretende representar, el texto se abre cuando el recurso es un significante vacío, sin embargo Odradek es un hecho con coordenada precisa, no sólo en el objeto papel, sino que a veces, como este mes y aunque la obra es afirmación de sí misma y no del mundo, es difícil no ver la representación compleja de Odradek, que en el primer texto "Menudencias", de Nora Martinez se manifiesta mediante su voz y algunas palabras que definen un lenguaje aparentemente reconocible con una lógica que deja al lector la convención de elaborar el personaje y el suceso; luego “Odradek en la llanura”, de Germán García, que conforma un sistema con el número anterior de la revista (*), que me sugiere un Odradek en cierto aspecto dependiente del texto que le precede, inherente a la irresolución de cualquier vida, continuidad de espacio y tiempo, sin fin determinable, ni sujeto siquiera a un solo relato, sino a los fragmentos que dan cuenta de una vida; “Habilidad y Prestancia”, cuento de Roberto Gárriz, en donde el personaje es relatado, no habla, ni hace, sino que es relatado al estilo del diálogo deportivo, sometido al género de una crónica en los recientes juegos olímpicos; y como ya mencioné antes, “Otro desastroso rito astral: de estados kinético”, Ezequiel De Rosso, “Erase” de Yanina Bouche y “Ni olvido, ni perdón” de Vanesa Pafundo, suficientes indicios de textos que revelan el poder de los datos epistemológicos dominantes que resuelve la interrogación sobre el poder de lo literario; todos en conjunto, con una reflexión estética compuesta y fiel al espíritu del Odradek, de Kafka, conforman una táctica de apego al objeto de representación literaria, en oposición al rasgo que se considera característico de la poesía, en el número 26, Odradek es cosmopolita, nacional, deportista, bizarro, histórico e ideológico. Hasta huele. Se encuentra en los kioscos todos los meses y en medio magnético en http://www.odradek.com.ar/.



(*) Leer en la número 25 de Odradek el texto, “La carpa ODRADEK” y comentado también en este mismo Blog .



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Es lo que me causaron los texto de Yanina Bouche, “Erase” y “Ni olvido, ni perdón” de Vanesa Pafundo; para empezar, en “Erase”, la sugerencia de que la memoria no es esa cosa imperecedera que repta entre computadoras en donde todo permanece indefinidamente como si fueran nidos de bichos que ningún hormiguicida puede eliminar, sino por el contrario, un medio que exige un acto de desalojo, de despojo. Esta sensación de la memoria como proliferación de insectos se reafirma con la mención de Xanadú , término que disemina algún tipo de misterio inacabable, musa de historias interminables, originalmente el reino de Klublai Kan, pero que se usó para denominar películas, mansiones, leyendas, canciones, videojuegos y palabra candidata para sugerir futuros proyecto pendientes, lo que me hizo pensar que cuando se habla de memoria, se habla incluso de los múltiples sentidos que Xanadú sugiere. La autora, al desterrar Xanadú, destrona a la memoria como un mecanismo de resguardo.
Memoria y Xanadú, en el mismo texto son como un sinónimo y un oximorón a la vez, le otorgan al texto cierto sentido holístico.
Un efecto compartido con lo que me produjo “Ni olvido, ni perdón” de Vanesa Pafundo, sin olvidar el referente del título que no es sólo una frase, sino un sustantivo.
En ambos la incesancia se manifiesta de alguna manera que se resuelve o no, y me sugiere, por el contrario, un sentido de lo inextinguible, idea que persevera sin importar lo que se haga por proscribirla.
Me recordó un texto de la misma autora en referencia al escritor Salvador Elizondo, y cito: Aludir a la imposibilidad de la literatura llevaría implícito un supuesto: el de no buscar finalidad alguna en los textos que leemos. No habría, por lo tanto, un sentido “oculto” que al descifrarse sirva para explicar al texto; éste solo debe ser vivido, transitado y colocado en esa biblioteca que conforma nuestro archivo de lectura*
Reflexión que revela lo que me excitó cada lectura, textos que aparentemente no guardan vínculos entre sí, pero con el nexo de que ambos se encuentran en el mismo número de la revista Odradek, e incluso en la misma página, parecen encontrarse enfrentados, mirándose como en un espejo rugoso, en donde es en los pliegues donde se arma el sentido.
Odradek ha estado inmiscuido en los pensamientos e inspiración de los autores de este número.
Ambos textos en el número 26 de Odradek.

* Invito a leer el texto completo en http://www.metaliteratura.com.ar/ , en listado de destacados, artículo Salvador Elizondo, que se encuentra siguiendo las opciones del menú estrella: Literatura/crítica/de novela, con el título: Salvador Elizondo, una poética de la incesancia, Vanesa Pafundo.



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Y propende a la inmortalidad, en el texto de Nora Martinez, Menudencias, Odradek o su doble, en donde se menciona la palabra peonza, me produjo una asociación inmediata con obras inspiradas en Kafka, escritor que generosamente ha estimulado a generaciones, específicamente en este caso, al género Comic, la adaptación de Peter Kuper, “la peonza”, en esa historieta al personaje le gritan, la sensación que tenemos desde ese interlocutor es que todo lo demás es enorme y atemorizante para el protagonista, en otras palabras la perspectiva entre los personajes de Kafka son desmesurados; coloca a uno respecto al otro en una dimensión del par intimidación-dominante; en el texto de Nora Martinez, la narradora y el “cuchicheo” de los personajes y según la metáfora de esos sonidos, expresa lo que Kafka decía: Lo que necesitamos son libros que hagan en nosotros el efecto de una desgracia, que nos duelan profundamente (...), un libro tiene que ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro.
No he dejado de notar que en término de “filos”, hay una coincidencia entre Nora Martinez, Kafka, Kuper, Odradek, y la serie de variaciones rítmicas, la premeditación en el uso de la p, perinola, pelusón, predio, podio, Pontevedra; la ausente pero presente "poder", que relaciona con las voces de la niñez o el niño frente a, o en relación a un adulto, y un lugar específico, Buenos Aires, costanera, escombros. La narradora y el mar, el par intimidación-dominio, y una historia que no se deja contar.
Nora Martinez tuvo un encuentro con Odradek.


Ana Abregu
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