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La palabra soul siempre me hace pensar en el Jazz. No se puede decir alma y sentir lo mismo, de manera que hay que solicitar a la academia Real Española que incorpore la palabra Soul, pero ahora con status de español, y componente importante de la ciencia de la ornitología, ciencia que se ocupa del estudio de las aves, ya que según la leyenda, Charlie Parker le aportó mucho a la disciplina e incluso tiene un disco con ese nombre y no por nada apodaban “el Bird”.
Dicen que el nombre de las cosas trae las cosas al presente, es lo que me produjo el texto de Adrián Drut, “Enlargue your penis” en el número 36 de la revista Odradek.
El título, acorde a la referencia de Subject muy conocidos de mails considerados Spam, que a todos nos ha invadido en numerosas ocasiones.
La relación de tamaño, motor, velocidad, jazz, son históricamente marcas masculinas, y por supuesto el título; el texto de Adrián Drut respira y emana testosterona, disemina elementos sonoros con los que reúne elementos del mundo viril y el mundo del cuerpo masculino.
Cuestiones, casi vedadas a la sensibilidad femenina, y precisamente por esa razón, a su vez magnéticas.
Quizás por ello han aparecido en estos días ciertos mensajes de adhesión a los textos de Adrián Drut en el blog de la revista Odradek.
La literatura, frente a la música, se coloca de costado y da cuenta de sus efectos, de sus desbordes, nunca la suplanta ni la infiere, en ese sentido, la propuesta de Drut, se parece a la mixtura entre el homenaje a una época y los dispositivos del lenguaje y el cuerpo que expresan la forma en que los atributos masculinos penetraban el “mundo blanco”, usando como vehículo de asimilación el rasgo musical que más se identifica con el color: el jazz.
Charlie Parker era el maestro del Bebop, término acuñado para enunciar un nuevo tipo de música, que explotaba en saltos bruscos, expresaban un concepto distinto de la estética melódica en uso (a propósito de la palabra, Charlie sarcásticamente decía que era la onomatopeya del golpe de una cachiporra policial en la cabeza de un negro), Charlie Parker, se instaló cómodamente en “El perseguidor” de Cortazar, y ahora en el texto de Adrian Drut, como si se igualaran ante el mismo rito.
Texto mordaz. Se puede leer en el número 36 de la revista Odradek.


Ana Abregú


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El texto de Ezequiel De Rosso, en el número 36 de la Revista Odradek, "la lección de Valdemar” despierta el interés en el relieve y organización del lenguaje, desguazando ciertos términos como una partitura, organizando un nuevo armónico.
Toma una palabra, se apropia de ella y despliega un análisis óntico u ontológico del término, es decir en el sentido de dilucidar el concepto como explicación científica.
Con una descripción aparentemente normativa, explora la idea de que una explicación consiste en mostrar que la estructura semántica de la palabra da cuenta de la imposibilidad de explicar la estructura causal del mundo, cuando se supone su origen.
Usando el mismo concepto, atinente al término argumento, dice la Real Academia Española: “Razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”. Que me hizo pensar en la relación entre una argumentación de organización del lenguaje y la organización filosófica del lenguaje, en ésta última acepción, una argumentación sería: “El que parte de la oposición entre dos hechos para concluir del uno lo contrario de lo que ya se sabe del otro”. Lo cual quiere decir todo lo contrario.
Demás está decir que me fascinan los planteos de Ezequiel De Rosso, con su texto del número 36 de la revista Odradek, sobre todo el provocativo título y la inclusión de personajes de Poe, que marcan en una dirección literaria la noción del saber, reestructurando lo que parece el desarrollo de una ficción, utilizando la disposición técnica del concepto del lenguaje: la taxonomía, que trata de los principios, métodos y fines para la clasificación de las palabras o sus nombres y su definición, para luego revocarlos como principio del sentido.
Imperdible. En el número 36 de la Revista Odradek, Ezequiel De Rosso, brilla.



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Son subrepticios, y te obligan a mirarlos durante minutos, porque te preguntas si ellos no saben algo de la obra que estás por leer, que vos no sabés, ni sabrás aún luego de haberla leído.
Su presencia es como la de una deidad, que sabe experimentar, buscar, imaginar, explicar construir, criticar lo que habrás leído en unos momentos, no sólo porque comparte con los textos los mismos dos colores, sino porque son como una señal, un faro, un signo, un monograma en cada número, que lo identifica mucho más que el número mismo de la revista. La número 35, suelo comentar, la número 20, pero en cuanto me reúno con alguien, la identificación no es por el número, sino por la serie de personajes que acompañan a la revista en cada número.
En esta ocasión quise hacer notar que la incorporación de esa imagen o a veces varias que adornan la aparición de la revista Odradek no pasa inadvertida; en la número 35, por ejemplo, el personaje nos mira, “Gol”, de Miguel Florio, le ha dado un nombre particular a este número de la revista Odradek: “la del futbolero”, y así, una revista profusa en personajes y situaciones ha pasado a llevar su marca con el nombre de los personajes que la habitan, pero no de los personajes literarios, sino de los personajes ilustrados.
Parece una ironía.
La número 34, por ejemplo, causó un problema, en principio porque lo primero que hice fue buscar la señal, el personaje, el intruso, y debido a su ausencia, no le quedó más remedio que tomar el nombre de “la revista en la que Yanina Bouche nos clavó de punta”, reincidiendo en la idea de la identificación mediante algún aspecto visual en la revista, usando en ese caso una alegoría.
La ilustradora más asidua es Nora Martínez, así que la diferentes publicaciones de Odradek fueron bautizadas debido al capricho interpretativo de esa autora, la número 33 fue “la del Banco”, la 32, “Los tipos”, de Miguel Florio, por ir a cualquier otro número al azar, la 18, fue “Estática”, de Nora Martínez y así.
En una revista de literatura, hay márgenes, hay textos vecinos, hay una marca geográfica de textos, un orden que reconfigura en algunos casos la lectura, incluso determinados textos en el mismo número son motivo de relación entre ellos que sorprende a los autores tanto como a los lectores.
Esta vez, valga un homenaje a los ilustradores de la revista, que no por no ser mencionados entre las lecturas, pasan desapercibidos, sino más bien configuran una características de cada número que refuerza la identidad de la revista Odradek.



Ana Abregú

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Para los que vienen siguiendo los textos de Germán García, ya estarán acostumbrados a la teatralidad que permean los nombres de sus personajes, que parece dar cuenta de un cortejo con una mitología personal, cultivada, con pretextos ocultos o motivos de orden que afectan la voz del narrador, como al pasar, que escucha pequeños relatos, a veces fragmentos.
En lo profuso del impacto de los sustantivos, la elección de nombres que diseminan un sentido con cierta vibración subyace la construcción de una verbalidad en el lenguaje; en este número, el 35 de la revista Odradek, con el texto “La señora de Dalí”, Germán García, con cierta tendencia hiperbólica,…primo menor llamó a un amigo, que llamó a otro. Así, los siete varones de la casa estuvieron con ella…, mantiene una preponderancia de los nombres; en el título: Dalí, el personaje, la princesa de Beirut, y la escena, que es ante todo la respiración de un relato policial, con elisiones y enigmas, y un desborde que establece un diálogo informativo de los personajes, sus antecedentes, la inminencia de un suceso, y la promesa de una historia de persistente insistencia entre los escritores de Odradek.
El suspenso parece circular cómodamente entre las propuestas de la revista Odradek, deslizándose entre las formas narrativas que tienen por consigna un formato breve, pero no por ello menos lujurioso, al sembrar promesas de géneros diversos, cuento, relatos, comentarios, ensayos, textos que no se dejan clasificar fácilmente.
Quizás su mejor virtud.





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De los nombres no se entra y se sale impune sin que haya alguna sospecha de fraude; el nombre que le da existencia a lo que no existe, es también, lo que le da identidad a todo; al menos es lo primero que aprendemos cuanto podemos escribir la primera palabra.
Lo interesante de los textos de Nora Martinez, en la revista Odradek, es que nos hace desestabilizar esas certezas, con sus personajes del texto “Los nombres”, en el número 35 de la revista Odradek, establece un juego narrativo de cómo una extensión de los reflejos de los relatos anteriores, la vida de Shim, su protagonista, parece casi líquida, se desliza como si flotara; de vez en cuando se asoma sobre la superficie anfibia de su existencia y traspasa una dimensión, en la que la realidad, la memoria, la nostalgia, nos muestran una perspectiva de su vida con la que podemos identificarnos; como si la luz de una irrealidad que brilla sobre sus pensamientos no iluminara a ninguno.
Especialmente las descripciones,… el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos…, suministran un clima sumamente efectivo, nos transmite una enorme ternura por Shim, y sus circunstancias.
Shim vive deslices mundanos, eso evita la fatiga por lo definitivo con que una tiende a relacionar al personaje, un poco porque todo parece que se va, que se diluye; pero la autora logra, con pequeños trazos, marcar la mirada con una historia diminuta resuelta en los detalles.
Casi todos podemos cambiar de nombre, usar un doble, un seudónimo, hacernos pasar por alguien, pero pocas veces se puede lograr que sea el cuerpo el que decide calzar en el nombre, y esa maravilla es la propone Nora Martinez con su hermoso relato sobre el gato Octubre.
Ya estoy ansiosa por saber qué pasará en el próximo capítulo.




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En la construcción mitológica de la revista Odradek, hay ambigüedades respecto a su comienzo misterioso, nació espejada, o es papel que se virtualizó o es virtual y se papelizó, mientras lo kafkiano se pierde en los laberintos burocráticos, y lo rulfiano es habitante del llano, los Odradekianos son habitantes de bares, ni virtual, ni de papel: de bares.
La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.


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Si hay algún agente común en el número 34 de la revista Odradek, podría numerar al menos tres, la vejez, Odradek y la muerte.
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.

Ana Abregú






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Tal vez como sesgo de profesión (mi formación es en ingeniería), mis preferencias por las matemáticas, hace que tienda a definir el mundo bajo esa influencia, un sentido del orden simbólico, abstracto, bajo el que las referencias conceptuales forman modelos ordenados según un contexto que trata de organizar el mundo de relaciones textuales..
Siento afinidad con los textos del escritor Ezequiel De Rosso, porque encuentro en su visión una confirmación de mi experiencia, frente a ciertas lecturas, con las que tiendo a tratar de establecer un modelo de producción.
Siempre he afirmado que para leer a Borges habría que saber matemáticas, y en el número 34 de la revista Odradek, “Encerrados”, de Ezequiel De Rosso, expresa el modo en que me hubiera gustado poder demostrarlo.
En su texto, expone un probable modelo constructivo, basado en los elementos de cimentación de la literatura de Borges, tratando de clasificar ideas y sentidos dentro de un cuerpo de elementos espaciales y elementos que se mueven dentro y fuera de ese espacio.
Define también cantidades de relevancia como línea de delimitación, fuerzas, espacio, fronteras, y despliega una hipótesis de trabajo con esa visión, que según yo, no es otra cosa que la definición de un campo vectorial, con características de campo solenoidal.
En matemáticas, un campo vectorial es una construcción que asocia cada punto de un campo a elementos de ese mismo campo; a lo que se tiende con los campos vectoriales, es un acercamiento al objeto de estudio para acotarlo dentro de una definición que lo constituirá en un modelo hipotético, con el objeto de determinar las características de los elementos que componen un fenómeno o que lo explican.
En el caso de “Encerrados”, los elementos constructivos con que Borges administra los componentes literarios que transforman sus textos en trabajos tan precisos, son expuestos por Ezequiel De Rosso en términos simbólicos matemáticos.
Cuando los elementos de un campo vectorial, presentan una característica de rotación de los elementos, en el sentido de confluir, hacia un punto, donde la superficie o flujo o espacio cerrado tiende a cero, o sea todos los elementos se determinan para el único fin que es la resolución típica del texto policial, constituye un campo vectorial que se denomina solenoidal.
Con este trabajo, Ezequiel De Rosso, propone una ecuación entre la experiencia y la forma en donde los textos de Borges y sus posibles narrativos, no se exponen del modo usual, el espejo y su reflejo, a que nos tiene acostumbrados como lectores, sino una lúcida reflexión sobre el posible centro de gravedad, el secreto, de la prosa de Borges.
Para mí, Ezequiel De Rosso es uno de los lujos de Odradek, recomiendo su lectura con atención, en el número 34.



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Me gusta el poema de Octavio Paz (1914-1998), en el que expresa en forma breve pero contundente que somos escritura.

Hermandad

Homenaje a Claudio Ptolomeo


Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.

El escritor mexicano, expresa de otra forma lo que en el texto, “El problema de nosotros”, de Silvina Gruppo, el número 34 de la revista Odradek, el juego amoroso con la palabra; el cuerpo del verbo, del sustantivo, de la letra, traduce un desplazamiento de representación en donde los personajes y sus actos se convierten en figuras retóricas.
Silvina Gruppo, en esta propuesta, adverbializa los personajes, y la identidad de sus actos se extrapola y juega a ser pronominal.
Actos de apetitos y reflexiones forman un efecto concéntrico en relación al lenguaje, que aunque breve, es profundo en lo emocional, con signos transformados en incidentes de una historia que se cuenta en el entrecomillado, “nosotros”, “hace mucho”, “ayer”, y al mismo tiempo con fidelidad amorosa hacia la expresión escrita, que no es mera trayectoria tangencial, sino nudo mismo del texto, en donde las historias encubiertas, en un entrecomillado usado como señal de un referente del cual parece extraerse el sentido, son a su vez el propio lenguaje.
No es el primer texto con que esta autora irrumpe en Odradek, allá por el número 22, ya nos perturbó un poco con “Pequeños mozos”, y más lejos en el número 19, cuando me llamó la atención con “Las olas y el viento”, …alma es cuerpo y realidad es ficción…dice esta autora, cuyas propuestas no se circunscriben a una historia personal, sino a la inapelable certeza de que toda historia transcurre fundamentalmente en el lenguaje.


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Con la sugerencia Macedoniana de un título más largo que el propio texto, Roberto Gárriz lleva al extremo, la caricaturización de la literatura, como un sistema de relaciones; con propuestas que pueden entenderse como una parodia o un sarcasmo, basado en referentes literarios, que son precisamente los que han provocado mayor tensión en los sistemas de análisis críticos.
Utilizando el dispositivos de construcción, al igual que los otros autores de este número 33 de la revista Odradek, que no son un tema ornamental, sino un sistema de señales, de guiños, hacia un probable lector, que encontrará en cada órbita, el discurso participativo entre el texto de referencia y la realidad arbitraria del autor. La geografía: Palermo, estación de servicio, preembarque, palabras que decantan las historias en una supuesta cotidianeidad espacial.
Una propuesta que provocativamente empuja el límite de autores importantes, Macedonio, Monterroso, Mallarmé, como un desafío al exponer que no hay inviolabilidad de acuerdos en la expresión literaria.
Con la emulsión de la ironía y una distancia muy corta entre la ruptura de los géneros de esos autores, ahora nuevamente enfrentados a este conjunto de narraciones con una textura que se entreteje con otros textos y entre sí, Roberto Gárriz encuentra una forma de homenaje, bajo un aparente intención de desmitificación del recurso del sistema literario como una extensión del sentido del texto.
Los breves relatos se disfrutan por su expresión provocativa, y a la vez advierte sobre la inmortalidad de ciertas propuestas, que aunque breves, son significativas.
Roberto Gárriz expone una constelación de autores leídos y vueltos a leer que revolucionan el sentido artístico de la escritura en prosa.



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Como expresé antes, en el número 33 de la revista Odradek, hay algo así como una explosión de propuestas narrativas, que exponen una variedad que permite diversas lecturas en donde en la forma apoya su más evidente promesa.
La brevedad, posibilita una diversidad especulativa sobre las intenciones que sobrevuelan los textos; pueden ser diálogos, monólogos evocativos, prospectos, misiva provocativa.
Con combinaciones de diferentes puntos de vista, algunos basados en la elocuencia de clásicos como el caso que ya mencioné de Monterroso, pero a los que en definitiva es complejo seguirles el rastro.
Otro rasgo interesante es que precisamente la forma, la brevedad, son pistas que hacen difícil apoyarse en la argumentación sin la búsqueda del sentido, de manera que un lector perspicaz se abocará a la tarea de sostener la lectura bajo el influjo de una aproximación oblicua que permita encontrar una historia que aparece a contraluz, en el intersticio de cada palabra.
En ese sentido, la frondosa producción de Germán García que comienza con “Asombro” y termina con “Variedad”, no deja de llamar la atención.
Si una quiere encontrar en la selección el sesgo de la profesión del autor, ya que Germán García es psicoanalista; en los títulos el rastro de algún recorrido bajo la sospecha de ser predecible, “Al padre”, “Mujeres”, “Secreto”, sin embargo no parece más que un envoltorio con el que el autor fertiliza el material narrativo, que contradice y sugiere con las palabras, desviaciones y secuelas de otras conquistas.
Gruesos cascos parecen sus cabezas…, las palabras cristianos, se entrelaza con español, con oro, Reyes Católicos; un asedio, que desde el lenguaje manifiesta una incomodidad subjetiva, porque la historia de las conquistas hace mucho que dejaron de ser sagas de aventuras para convertirse en una dificultosa aceptación de una herencia de abusos.
La alteración del orden prosódico nos remite a una voz antigua, que somete a un entre paréntesis las pequeñas islas de texto extrapolando el tiempo y convirtiéndolo en una realidad impiadosa.
El almirante me regaló…deja entrever el relato de un testigo protagonista, el aparente sujeto de estas micro narraciones, que en la construcción refracta y desdobla el diálogo que se convierte en material de leyenda, refrendado por los diferentes temas, la comida, el sexo, el poder, el oro, el padre, el secreto; la materialidad de un universo geográfico y temporal, en apenas once fragmentos, impares, en esta composición literaria experimental.





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La clave de este número 33 de Odradek, se puede encontrar en uno de los cuentos de Roberto Gárriz, en esta ocasión, con la mención de un nombre: Monterroso, que con su texto “El dinosaurio”, ha suscitado una diversidad de publicaciones, donde se ha especulado hasta el detalle milimétrico sobre las implicancias sociales, literarias y hasta políticas de dicho cuento.
En ese texto, de sólo siete palabras, su característica más diversa es el juego, la posibilidad de que lo representado, es idealmente un juego de espacio-tiempo tal vez no tan imposible.
Odradek, se ha sumado con este número a la propuesta de atomización de historias, en las que el juego, muestra su mejor cara lúdica, o sociológica, o política, o literaria, el lector puede adoptar la visión que desee.
No tengo dudas, que tal como aquel texto famoso, este número de Odradek, operará como un dispositivo narrativo de múltiples sentidos en el que será interesante descubrir los elementos literarios que los constituyen.
En cada una de las historias, también se puede intentar ver el sesgo característico de cada autor, su manera de ver el mundo.
“Vea, Mulder…”, comienza uno de Adrián Drut; sólo con ese comienzo ya puedo especular sobre los elementos de construcción de escritura, este autor, es muy visual, coloquial, con sus personajes en relación de diálogo, ya sea con otro personaje o con el lector, presenta una ambigüedad en la ubicación de sus historias, la elección de nombres, que se asimila con ciertas series de representación en la ciencia ficción; luego, la selección de palabras como “negros”, y la frase donde lo incluye, que remite a épocas o lugares geográficos posibles, y que produce extrañamiento con la palabra “muzza”, de origen conocido para nosotros.
El tono es otra de la característica que lo define en su lugar geográfico, la musicalidad y cantidad de palabras nos resulta familiar y podemos asociarla al modismo porteño de corte policial, con lo cual se establece una ambigüedad en el género.
Otra de las señales es la imposibilidad de determinación de la intención, puede ser leído como cuento, como micro-relato, como sentencia, como diálogo inconcluso o parte de una historia conocida, presentando una característica posmodernista.
Como se observará, y seguramente no es todo lo que se puede decir sobre los breves, brevísimos textos; la originalidad de este número de Odradek, es como una gran trama, tejida en varias dimensiones, donde la atención del lector vacilará entre los géneros, las interpretaciones, la evocación y los artificios puesto en escena.
Será cuestión de dejarse llevar por la propuesta, tal como una fórmula, que marcó camino con Monterroso, provocando que la reflexión sobre la forma escrita, sea mayor incluso que la cantidad de palabras que el propio texto utiliza para producir sentido, siendo éste el mayor logro a que un texto puede aspirar.
Odradek, es un acertijo este mes.




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