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El clima del texto de Maria Martha Gigena, "Nota de reclamo", siempre que su recurrente protagonista Betty se hace presente en la revista Odradek, y esta vez ocurrió en la número 32, me ha gustado; en esta ocasión, además hay lluvia, que se presta precisamente para estar en una biblioteca al abrigo de libros.
Betty lee en su libretita negra; color y tamaño y letra personal, sugieren que la protagonista escribe, aunque en esta ocasión lee.
No pude dejar de notar, con cierta melancolía, que Betty llega a su trabajo, y entre el acto de abrir su libretita, comenzar a leer y levantar la vista, ya es la hora del cierre.
Trataba de encontrar el modo de expresar el tiempo en el medio, que pareció perderse, como es tan común en los escritores. Los espacios de supuesto vacío, que en su realidad están complejamente incompletos, entre la biblioteca y el clima del libro, o de su contenido, mientras que en alguna realidad, desaparece el tiempo ausente.
Entre las coincidencias y desencuentros de las cosas, las olvidadas o las encontradas, hubo una persona que desapareció en la grieta de una pequeña libreta negra, y el tiempo se hizo un pliegue en el medio.
Se ha oído decir que los escritores sienten que no viven la vida, sino que la observan, pero yo siempre he tenido la impresión que lo que ocurre es que traspasamos a esa otra realidad de los textos de los que volvemos convertidos en un organismo diferente, como si dentro de ellos ocurriera una mutación, y retornara otro ser; como si la literatura fuera una fisura que permite los deslizamientos en el tiempo.
Ya nos habíamos encontrado con Betty, allá por octubre del 2008, en el número 27 de la revista Odradek, entre aquel entonces y este nos unían Jakobson versus Jacobson, así, como en la libretita, el fuelle del tiempo nos ha encontrado nuevamente con Betty, esta vez sin saberlo, quizás, en un tiempo perdido o un tiempo encontrado, según a quién le pregunten.
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Para empezar tengo que aclarar que esta es una mirada de género, el matrimonio para mi es completamente interracial, conlleva a definir nociones de la individualidad, de la cultura, nivel político y social; aunque la palabra matrimonio no se menciona en el texto “Como una cosa resuelta”, de Germán García, se han involucrado palabras que lo insinúan, al menos en hechos.
Cuando dos personas, deciden formar un enlace estable, legitimado por la voluntad, casi como la experiencia marital, inmediatamente el acerbo cultural coloca la palabra matrimonio en la definición de la relación, aunque en el término riguroso de interracial, se define el color de piel como hecho inherente a la enunciación; para mi, todos los componentes están expuestos en el texto.
Las Violetas como escenario, y un narrador que nos cuenta lo que piensa, nos habla de la situación temporal, trabajadora sexual, vitrales, cliente, albergue transitorio, que ha producido un extraño efecto en este número de la revista Odradek, pues el matrimonio mixto, interracial, intercultural, no se refiere a los personajes de este cuento, sino a la convivencia en el mismo número con el texto de Yanina Bouche, “Flavia”.
Como dos expresiones de mundos opuestos, ambos textos coinciden en un encuentro, matrimonial; por estar en el mismo número, ahora y para siempre y la muerte no separará lo que Odradek ha unido; con las mismas intenciones, como cuando se planea un enlace, aunque con diferentes resoluciones.
En el texto de “Flavia”, las marcas son Facebook, celu, Ohlalá, y otras respuestas.
Parece que en una época, la conjunción de personas y la exposición clara de las intenciones determinaban un resultado, y en otro, la misma situación nos sorprende con otro resultado.
Lo que también es evidente que la relación de los dos textos, forman algo así como una unión étnica, esta pareja, estas dos naranjas, dirimirán sus encuentros y desencuentros con el lector, como arte y parte, que como siempre hacen los de afuera: opinan.
La buena noticia es que en este matrimonio textual, no habrá divorcio, están para siempre relacionados por el número 32 de la revista Odradek.

Ana Abregú

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Vale la pena aprovechar un feriado para dedicarse a releer la obra de Mariano Quintero publicada en Odradek.
Cada texto una isla que va configurando un archipiélago exótico. En el primer número ofrece una crítica gastronómica que se detiene en forma exclusiva en los cubiertos. Luego va alternando distintos géneros, desde la nota de actualidad al ensayo, pasando por la ficción, la crónica deportiva o la elegía, cada número sorprende porque el enfoque nunca responde a cabalidad a la expectativa que el lector entrenado puede esperar.
Quintero reivindica a los hermanos Sofovich, o cita a Sócrates, al Teeteto y a Mirtha Legrand mientras exalta los valores líricos de Rodolfo Zapata. Chancea con Aristófanes y sin despeinarse nombra al Teto Medina.
¿Quién se esconde detrás de este Quintero, un erudito investigador de los clásicos o un teleadicto de los programas de chimentos de la tarde?
¿Y el policial desharrapado que nos regala (tratándose de Odradek, nunca mejor aplicado el término) en el último número? ¿Quién es el tal Washington Sondon? En principio recuerda al personaje de Harvey Kittel en Pulp Fiction, una especie de limpiador que viene a barrer con las pruebas de cualquier delito. Pero este Washington, acaso uruguayo, se encarga de borrar los rastros de una enigmática nota que involucra una verdad respecto a Nacha Guevara –nuevamente el cabotaje se hace presente-. El policial de Quintero del número 32 parece desafiar a las series que tienen a las autopsias como elemento principal. A golpes de risa termina con los CSI volteándoles sus mesas de autopsias.
En “James”, publicado en el número 26 de la revista, había salido airoso de un duro encontronazo con la cultura del Imperio. El veredicto lo dieron, claro, las carcajadas. Pero a medida que se suceden los textos más lejos estamos de encontrar una respuesta que nos consuele acerca de Mariano Quintero. Más parece que la multiplicidad de torsos que no coinciden con las extremidades que aparecen en el último texto, puedan ser una pista válida. Podría ser Quintero uno solo con muchas y muy distintas manos, todas dedicadas a la mejor literatura.
Roberto Gárriz.

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Leve y renovado en el número 32 de la revista Odradek, Octubre, ha venido acompañándonos desde “Diario íntimo”, en el número 30 de la revista Odradek, y ántes aún, en “Tiempo”, número 29, y nos lo presentaron allá, en el número 27, “Octubre”, se desperezó en el número 28, “El pacto”, en donde la desaparición era otro personaje.
En el tiempo, como un ardid, apareció Octubre, la relación entre el tiempo de relojes y Octubre, no es sólo un artificio dentro del texto, también lo es la vida de sus personajes.
El tiempo y las desapariciones, podría decirse que son el hilo conductor de los textos con que Nora Martinez nos viene deleitando cada mes.
La desaparición de Simón y su conversión a Shim, la desaparición de juguetes bajo los muebles de cocina la desaparición de la mujer de la casa, la desaparición del tiempo y la aparición de Octubre.
Debo reconocer que la ausencia de Octubre en el número 31, no sólo me pareció notable, sino que también perturbadora, porque una cosa es un anuncio y otro un hecho.
Los textos de Nora Martinez, en referencia a Octubre, pliegan y despliegan entre sí el tiempo, de la misma manera que los personajes.
Las descripciones de la vida de Octubre, son impecables, completamente visuales, una puede ver los movimientos de Octubre ocurrir simultáneamente con las palabras, y es en el único instante en que parece que el tiempo se detiene.
Vengo siguiendo estos relatos con gran placer, ya que Nora Martinez en su nube de juegos narrativos nos enfrenta a varias paradojas, desarticulando la idea del tiempo como regulador universal de la acción y del pensamiento para convertirlos en personajes con los que es fácil establecer afectos, atentando contra la determinación del lector de colocarles un lugar específico en la perspectiva de un relato por entregas.
El hecho de ser relatos cortos, fragmentarios, atravesados por algunos meses entre publicación y publicación, me ha inducido a colocar los textos de Nora Martinez en una coincidencia en este comentario, aquí abajo, de manera que el lector pueda deleitarse leyendo los textos, que en conjunto, muestran la habilidad de esta autora en capturar de una manera sostenida nuestra atención/tensión de lectores, donde el tiempo que juega un rol soberano, sorpresivamente se suplanta por el dominio del espacio.
Excelente el texto del número 32. No sabemos si continuará, pero sin duda Octubre ha dejado, o está dejando huella. Quién sabe, no sabemos si el tiempo disolverá Octubre o el espacio resuelva devolver lo que tomó.







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A los habitantes de MDS, les está costando poco ser como son, en manos de la tinta (o el pixel por unidad de superficie de la pantalla) de Vanesa Pafundo, la tortuosa despersonalización de la letra usada en vez del nombre, que puede dar paso a la sustitución imaginaria del lector, sobre todo lo letra K., sin embargo, el clima sigue siendo establecido por el comentario, pueblo costero misterioso, y el evidente, temo cuáles sean las consecuencias.
Si como Mallarme proponía, separado de su significación, el lenguaje se convierte en objeto, y la grafía o tipografía concede a los signos un valor como instrumentos constructivos de una forma visual, manipulables libremente y sin sometimiento a la función esencial de transmisión de información, estamos ante una construcción que se va configurando en base a la forma escrita, el enigmático MDS, título de la primera parte de este texto, aparecido en el número 31 y al cual ya me referí en comentario anterior, y el actual, “Coco loco”, número 32, en el que Vanesa Pafundo establece los materiales de su historia basada en el simbolismo de la grafía; artificios que parecen configurar un texto que va dejando de lado aspectos laterales del hecho literario, elementos de sintaxis, en definitiva, para experimentar con una grafía que sugiere un clima, más allá de las frases o sintagmas que lo inducen como las palabras: misterioso, consecuencias, delictivos.
Por ahora, la presentación del texto refiere a la puesta en escena, a la creación del clima, a una presentación de casos, en el sentido psicoanalítico, la letra como sugerencia de inicial de nombre o apellido, o de caso policial, o de simple protección de nombres bajo la insinuación de ser reales, y cercanos.
Todavía una integración de partes entre recursos de varios géneros, por ahora una geometría tipográfica, y varias promesas.
Habrá que estar atentos.
Este número de la revista Odradek, se caracteriza por las propuestas que establecen un nexo entre historias, como promesas que se van abriendo en la línea del tiempo.



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Dentro de determinadas estrategias discursivas, la ironía, el humor, los contrastes, ofrecen una apertura a la participación, en donde se apela a las posibilidades de la inferencialidad y la metáfora, todos recursos muy bien administrados en el texto “De la elegancia del turista”, del escritor Roberto Gárriz, en el número 31 de la revista Odradek.
En este texto, con el recurso del eslogan, se encuentran estrategias artísticas basadas en otros medios como son el medio visual.
Roberto Gárriz, ostenta con el pragmático recurso de la ironía, la metáfora, el humor y la ruptura de expectativas, todos modelos de atención a las pasiones generadas en el lector en relación al planteo del texto, que nos obliga a situarnos en el plano de la intervención, a partir del proceso de inferencia que realiza la propuesta.
Es un procedimiento a que nos tiene acostumbrado este autor, que con sus pequeños universos constituidos en detalles, aspectos insólitos, con una efectividad asombrosamente constante y el discurso indirecto de la ironía nos descontextualiza la realidad.
La habilidad de Roberto Gárriz es revelar su visión, y con una intención provocadora, generalmente conmoviendo la relación social con la información particular que nos ofrece, presentarnos la posibilidad de incluirnos más que como lectores, como cómplices de la historia que nos propone.
Tengo que admitir que este autor, siempre extrae la mejor de mis sonrisas.
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¿El tiempo será una magnitud o una magnanimidad?

Quién entiende el tiempo. La idea básica acerca del origen y del destino del tiempo puede ser enunciada sin conocimiento de ningún tipo, ni matemático, ni físico, ni ideológico, cualquier persona sin educación científica juzga que entiende el tiempo. El tiempo es esto que pasa, o aquello que pasó o lo que pasará y así.
Para los científicos, la unicidad no existe como posibilidad, el tiempo puede ser una partícula, dentro de una línea temporal, y como las fuerzas físicas afectan a las partículas, entonces el tiempo no es esto, y así, acá, es un conjunto de partículas que forman esa línea.
Y si la línea es el conjunto de partículas que conforman un plano, así, acá y allá, el tiempo parece más bien un invento filósofo en una noche de mal sueño.
De repente Osqui Bertea, en el número 31 de la revista Odradek, propone que el tiempo no es nada que la física pueda explicar, está armado de palabras que pueden trastornar y meternos en un embrollo en lo que todo es así, acá, allá y de otro modo, dice: sustancia, pasado, líquido y convulsionado, y nos introdujo en un laberinto, si leemos al revés, aire, presente, recuerdos y después, y nos absorbió así, acá, allá, de otro modo y al revés.
En “Océano del tiempo”, el texto de Osqui Bertea, es así, acá, allá, de otro modo, al revés y turbio, como el mar, como el Gato de Schrödinger puede estar vivo en un universo y muerto en otro.
Si tenés intención de leerlo y no lo encontrases en la revista, tocá la puerta que dice MDS, y esperá que Vanesa Pafundo te conteste: subí.





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El Programa de Graduados de Escritores Creativos de la Brown University y el Centro de Visualización y Gráficas de la National Sciance Foundation (NSF), ha sido el que ha impulsado la donación del líquido seminal de la primera novela en Internet, la madre, red ella, ha engendrado la primera novela de la Internet, escrita para la Internet, no es que haya sido escrita en Internet, sino que se hizo para la Internet, como todo hijo bien educado por su madre presenta muchas de sus característica, pues replica código de red, el lenguaje y la narrativa propia de la Internet, su nombre: Grammatron. El padre, el artista virtual Mark Amerika.
El engendro, masticó para su crecimiento, más de 1100 espacios de texto, más de 2000 hipervínculos, muchos minutos de sonido que se escuchan mediante Real Audio, estructura codificada en javascript, galerías virtuales, todo un despliegue sólo para ese propósito.
Luego de ese proyecto, en Odradek, no tenemos nada que envidiar a esa idea, ya que contamos con otros elementos que nos resultan mucho más interesantes, el texto de título enigmático MDS, de Vanesa Pafundo, en el número 31 de la revista Odradek, que promete ser un relato por entregas, con mucho por especular; para comenzar, el título, presenta características en referencia al proyecto que anteriormente comenté, ya que MDS es el nombre de un formato de codificación de sonido en Internet, de ahí un punto de coincidencia con el hijo de Amerika.
Influenciada por el relato de Germán García del número anterior, “Oido al pasar”, del número 30, pensé que MDS podía referirse al síndrome supuesto de Myelodysplastic, un conjunto de desórdenes en la médula cuyo efecto prefiero no comentar.
También, puede representar el nombre de un escritor, por decir cualquiera: Marcelo Dos Santos, el autor de “Noche y niebla”, la definición de aristócrata y filántropo alemán, encuentra un eco en esa novela.
Otra posibilidad es que se trate de algo con el Ouija, ese objeto de vida doble que algunos fingen que es un juego y se toman como ventana al otro mundo, o que fingen que es una ventana al otro mundo, pero se lo toman como juego, lo menciono porque colocando MDS en el buscador, apareció este par de misteriosas frases: “la Ouija viene siendo lo mismo en su mds profundo aspecto” y esta otra: “para que las manifestaciones sean mds vigorosas”, pero creo que es un error gramatical y quisieron escribir “más” y les quedó un sistema literario con el texto de Vanesa Pafundo.
Son unos aprovechados.
MDS es también un protocolo de comunicación, que justamente tiene como objetivo la autenticación de artículos que se publican en Internet.
Por lo que parece, podemos estar en un big bang de propuestas sobre la organización literaria de este texto, que haría palidecer al más imaginativo.
¿Qué propone el texto? Leálo, opine, aporte, esta en el número 31 de la revista Odradek








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Algunos mensajes que vienen desde tiempos que mi memoria no registra por no haber vivido en ellos, o al menos finjo no recordarlos, me causan curiosidad, porque si algo hace el tiempo es transformar todo en un anacronismo.
A pesar de ello, hay alguna que otra cosa que sobreviven por puro espíritu de contradicción y ni el tiempo puede demoler, frases que son siempre vigentes, creo que porque vienen impresos en el adn de las personas y se conecta de alguna manera invisible con el deseo biológico.
Una de ellas es el deseo típico de toda pareja que se inicia, a esperar, recibir o escuchar ciertas frases típicas, que provienen de diferentes fuentes, de los parientes, de los desconocidos que llenan el silencio en los ascensores, de los amigos solteros, de los casados, de la mamá, de la suegra, en fin, de todos, incluyendo una misma.
Con una intuición, que ya no puede ser casual Yanina Bouche toma esa pequeña frase que encarna grandes cosas y revierte el uso y significado con una visión que, a mi al menos, me asusta.
Me da miedo Yanina Bouche y su texto “Hay que tener dos”, del número 31 en Odradek, no sé, no me animé a recomendar a mayores de 31, estoy consultando con gente que de eso sabe, y quizás haya una posibilidad de leerlo en grupos, tal vez de autoayuda.
Literalmente leí en voz alta hoy mismo, ese texto, y la reacción fue tan variopinta como lo esperaba, pero el resultado está cerca de asemejarse al que yo expresé: nos da miedo Yanina Bouche. Es una "mostra", dijo alquien que prefiere quedar en el anonimato.
No quiero adelantar nada, pero aconsejo a los lectores de Odradek, dejar ese plato fuerte para el final.




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Que el tiempo tiene su propia geometría ya es cosa sabida, que al pasado nos lo inventamos de vez en cuando y nos tomamos licencias poéticas con sus efectos, también, que a muchos nos asedian los Dejá vu, no es menos conocido, pero sí menos admitido, eso me pasó en el número 30, con el texto de Carmen Arriaga, “Kafka”, primero pensé: cómo, me plagiaron, este cuento lo escribí yo, luego lo miré bien, y dije, no, la mariposa sobre la que supuestamente hubiera escrito yo, no sería monarca, sino aquella que aletea en China y llueve en Nueva York, que a propósito de ese asunto, ya me han comentado que hay algunos que interpretan que eso significa que los Chinos hasta con los insectos influyen en Nueva York o que en Nueva York llueve por cualquier cosa; con lo cual una se ve obligada a explicar que los lugares no importan sino que esa anécdota revela el caos, y qué caos existe más rebelde que el tiempo. Lo que en realidad ocurrió fue que ya había leído el texto de Carme Arriaga, y que ya había reflexionado sobre él en otra ocasión, se encontraba en el número Virtual de Odradek, allá hace unos meses, por septiembre, el título de mi comentario es: En qué se diferencia una mariposa de un escarabajo, lo peor fue que de alguna manera coincidí con lo que pensé del texto en aquella ocasión, y ahora que dejé de preocuparme por el Dejá vú, comencé a preocuparme por el tiempo que se ha plegado sobre este número provocando esta duplicación. Ya hay otras singularidades en Odradek, como que el número 14 de Odradek ha caído en algún agujero negro cósmico, y nunca emergió a la luz, o que hay algunos del staff de Odradek que ven trastes en las cartas, y algunos otros que anuncian sagas, pero es la primera vez que veo un texto escapar hacia el futuro.



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Las fiestas de fin de año desaparecieron. Desaparecieron de las vidrieras, de las casas y en el único lugar, aunque solitarias, se notan es en los precios.
En este enero de clima extraño, en el número 30 de enero, de la revista Odradek, con el texto de María Marta Gigena, “La vuelta”, recupera ese hecho, como para recordarnos la circunstancia del evento.
En esta propuesta aparece Betty, protagonista conocida, sobre todo por mi, puesto que nos encontramos en el número 27 de la revista Odradek, con el texto “De Rusia con amor”, donde coincidimos en coordenadas espaciales pero no temporales en el comentario “Jakobson versus Jacobson”, de este mismo blog.
Imaginé que de repente habían pasado 5000 años, y sólo la revista Odradek sobrevive, y una raza de otro planeta viene a estudiar lo que fue la vida en la tierra, este número de la revista sería el único indicio de que hubiera, la humanidad, festejado el fin de año ¿festejado?
En el fondo, no había notado que me gustara que no se contaran cuentos de navidad o fin de año, ya es como la composición tema “la vaca”, parece que se ha dicho todo, siempre alguien cuenta una historia, en la que ocurren cosas inauditas, que involucra peleas familiares, a veces me ha tentado pensar que las fiestas sacan lo peor y lo mejor de las relaciones familiares.
Sin embargo en el texto de María Marta Gigena, lo bueno es que ese tipo de historia no aparece, sino que me gustó porque comienza como terminan las fiestas de fin de año y termina como comienzan.
Aunque un poco tarde este comentario, debido a que Odradek es algo caprichosa con el tema de las fechas, sale, pero la fecha en que se publica es un secreto celosamente guardado en cajas de varias llaves, nadie sabe el número de llaves, se abre una caja por día, y todos los meses cambia el número de cajas.
¡Feliz año!


Ana Abregú


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Los textos de Germán García que publica en la revista Odradek, son obscenamente provocativos.
Sobre todo el texto del número 30, “Oído al pasar”, cuyo título, engañoso, parece más bien una introducción plácida, y en la primera línea suelta esos apellidos: Hartung y Zoster. Si hubiera usado uno sólo de esos apellidos, o además de los apellidos hubiera usado también algún nombre, como con otro de los personajes del texto, no me hubiera parecido tan punzante comienzo.
Zoster no puede evocar otra cosa que el nombre de Varicella Zoster, la enfermedad viral que ataca al cerebro, o Herpes Zoster como también la llaman, y Hartung, la parienta no menos complaciente, síndrome de Unverricht-Lundborg un desorden neurodegenerativo caracterizado por convulsiones y disfunción neurológica progresiva, el hecho de que una mujer se vea cortejada por estos hombres o nombres ya es escalofriante.
Isaac Rojas, contraalmirante sublevado contra el gobierno de Perón en el 55, mezclado con Viviana Morel, hija de desaparecidos casi 22 años después, mismo gobierno, y Rainer, el poeta Alemán. Esos son los tímidos personajes de un texto que finge ser efímero.
Es un texto incisivo, en el que entre nombres, transcurren aproximadamente 20 años, y en él Germán García nos confronta con personajes e historias bien diferenciadas, nombres que constituyen sustantivos que sugieren espanto, y hombres que provocan horror, ambos testimonios se evocan con sobresalto, un rango de tiempo confluyendo por la magia de la escritura literaria en una ficción al acecho, marcada por una determinada referencia histórica representada sólo por nombres, sin necesidad de acciones, y que promueve un amplio espectro de reflexiones a partir de lo inenarrable: las guerra o enfermedades que el texto expone.
El verdadero nombre de Rainer era René Karl Wilhelm Johann Josef María Rilke, es decir, nombrar a Rainer es señalar muchos nombres, sin ser dichos o escritos, sin embargo es el único personaje del que sólo se escribió su nombre, una paradoja, un punto de singularidad en un texto cuya historia está contada más por los nombres que por las acciones.
La separación temporal y contenido ideológico entre lo que significan los nombres, no se ve menguado por la brevedad de las líneas del texto de Germán García que se precipitan sobre ranuras crepusculares de una ficción resbaladiza.
El texto es un complejo sistema asociativo puesto en marcha como una maquinaria eficiente y efectista, tal vez un discurso sobre lo inevitable del comportamiento cíclico de la historia.

Respecto a las publicaciones de Germán García en la revista Odradek, escribí un artículo en: Una obra, muchas obras, Germán García.


Ana Abregú
















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