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Revista de literatura, especializada en literatura latinoamericana.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
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Ana Abregú.
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Proust, literatura, revista Odradek recomienda
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En ese sentido, me preguntaba cómo se acompañaría desde la literatura esta novedad y la respuesta me vino desde la revista Odradek, el texto de Mariano Quintero, “El diamante de San Martin”, me produjo ese vértigo de la otra dimensión.
Me gustó muchísimo, los invito a leerlo, está en el número 42 de la revista Odradek.
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La magia de la simetría tiene buena prensa.
De este modo, Odradek, se suma a esa vorágine: logrará asestarle a la década una huella, vaticinaron algunos, que ven en esta propuesta una especie de milagro: la permanencia.
La revista Odradek, mientras, se mira el rostro y se ve continua y liberada de géneros desde antes que llegara el año prolijito, y parece que no piensa ceder.
Odradek se hará un hueco en la agenda de los lectores e insistirá, ese es mi augurio personal.
Los minutos "concertados", o en concierto con Odradek, no traen suerte, ni bailan, ni cumplen sueños, pero gorgojean, luciendo literatura sin necesidad de atavío vacuo.
Felicidades a todos, autores y lectores, que el año prolijito nos mantenga en el encuentro con esta revista que para alguno de nosotros es un clásico necesario.
¡Felices fiestas para todos!

Este post es para agradecer el post de Roberto Gárriz, "El día que".
Es extraño pensar que una gripe pueda haberme entorpecido los dedos, pero en las épocas actuales, las gripes han tomado la envergadura de fórmulas químicas, ya no se portan simples mocos, ahora se tiene algo con nombre como H1N1, enlaces polivalentes y cosas raras, que o nos asimilan con las aves, y entonces resulta difícil escribir con las garras o nos equiparan a los chanchos y es más difícil aún, escribir con pezuñas (¿se dice pezuñas?, o pata e’chancho).
Como sea, el asunto de la gripe, aunque tiene estatus de gravedad internacional, en mi caso, no proviene de un origen con glamour internacional, sino que es de gravedad personal, si tuve la mala suerte de tener que compartir un espacio con alguien que fuma, lo primero que me ataca es la voz, me quedo sin voz, preanuncio inapelable que estoy expuesta a cualquier virus que ande buscando un palenque ande rascarse.
Ya llegará la venganza del cuervo, que es graznar en las orejas sordas de los fumadores, pero no para ser oído, son sordos, sino para tirarles el aliento infernal a cadáver descompuesto.
Perdón el exabrupto, sepan los fumadores a los que nos exponen.
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Según la fórmula expuesta por Roberto Gárriz en el número 38 de la revista Odradek, leer a un texto es seguirle la pista al autor, aunque no por quedarse en la letra, sino en la cara, directamente indagándolo.
Ese comentario, da como origen al escritor, crítico, astrólogo, Erbóreo Frot. Entre los muchos aspectos que se pueden detallar de las tribus literarias, como la de Vila-Matas, ya descripta por Roberto Gárriz, yo misma fui testigo del nacimiento de algunas.
En especial, Erbóreo Frot, que en algunos círculos, poco informados, se tiene por escritor inexistente, vendría a ser considerado por los descreídos, como un personaje de Roberto Bolaño, escritor estrella, y citando a Vila-Matas, en referencia a Bolaño, con la frase: “con su muerte nace una leyenda”; tomando el término leyenda en el sentido del diccionario: “obra que se lee”, y en el sentido literario: “obligatorio para leer”; y en la que se puede encontrar ese rasgo de imprecisión en la voces de la narración sobre la palabra de un escritor, que a su vez, es, quizás, un escritor inexistente.
Ya con esa incertidumbre de la no existencia, la vaguedad de la verdad o de un absoluto, la sospecha de tomar por cierto lo falso y viceversa, se viene a sumar lo que escuché del propio Erbóreo Frot: la presentación del libro inexistente.
Acorde con la época, y en presencia de escritores reconocidos, como ser Ricardo Piglia, Roberto Gárriz y otros escritores de la revista Odradek, se presentó un libro inexistente.
Con toda la serie de imprecisiones sobre el origen de la información, que viene dado no sólo por el extremo de la cadena: la letra escrita, hay que retroceder en el proceso y entre las pistas para desentrañar este nudo de perplejidades, no hay que perder las fechas de vista.
Tengo por punto de comienzo que Erbóreo Frot fue testigo en el famoso casamiento cuya crónica fue descripta por Roberto Gárriz en su libro “Echándonos de menos”; luego, se lo vio fuertemente involucrado en la organización de ciertos documentos, sobre un urticante tema que quizás, asombre algún día a la humanidad, que se sabe, es un libro inexistente, “El contracuadro de Dalí”, si se tiene por inexistente a un libro no publicado, pero del que algunos dicen ser testigos, no se sabe bien.
Luego, como mencioné antes, en la presentación de un libro inexistente, este último hecho ocurrió en el salón del Centro Cultural de España en Buenos Aires, el 26 de Agosto de 2009, en donde el supuesto autor, del supuesto libro, en presencia del propio Ricardo Piglia se explayó respecto al análisis de contenido del libro, en el que dicho sea de paso, trataba sobre la autoficción en la escritura de Piglia, tema suspicaz frente a la serie de aspectos inciertos, mientras, el libro del que se hablaba, se encontraba ausente.
En breves palabras, los futuros escritores se verán en no pocos problemas al intentar lo que se sugiere, y cito a Roberto Gárriz: .. Erbóreo Frot...sostiene que, con cierto entrenamiento en la lectura, se pueden conocer algunos aspectos de los escritores. El procedimiento es fácil: hay que abrir el libro (o la revista), seguir la letra impresa hasta la pluma (o la máquina de escribir o la computadora), allí subir por la mano hasta quedar frente a frente con el que escribió lo que se está leyendo. Mírelo a los ojos y sepa cómo es, cómo piensa, cómo se le ocurrió escribir eso.
Ahora le queda al lector, la detectivesca tarea de desentrañar si el texto de Roberto Gárriz es documental, diario, comentario, épica, o un género completamente nuevo que surge de todos ellos a la vez.
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Parte de la narración, y creo, una práctica que lamentablemente va desapareciendo, es contarles a los otros lectores lo que entendió, o supuso, o imaginó, o creyó, respecto a lo que se refiere en un relato, pero no en formato de crítica literaria, sino en el formato personal, lo que le invoca a cada uno, en referencia a la propia historia del lector.
Ya se habrán acostumbrado a mis propios comentarios, con que vengo indagando en los textos de la revista Odradek, a tientas, y descaradamente.
Entre mis observaciones, por una razón que no sé si puedo explicar, me interesan especialmente los nombres.
Soy una lectora de nombres, es usual para mí preguntarme por qué tal personaje se llama de tal manera, por qué el Quijote se llama Alonso, por ejemplo, o por qué, en la biblioteca trabaja Betty y no Mirta, y así.
Es una ocupación ingrata, claro, porque el relato del nombre de los personajes en general, es otro relato que probablemente conducirá a otro relato.
En lo que respecta a esta inquietud, creo, es una manía que me viene desde que nací, porque mi propio nombre se debe al personaje de una novela, tal como mi propia madre se ha encargado de contarme desde la primera vez que me pregunté por qué me llamo como me llamo.
El nombre, en cualquier caso, es para la realidad como una transfiguración, de ese modo a veces se nos ocurre decir que tal o cual no tiene cara de Betty o de Washington.
De esa manera, amamos u odiamos personajes sugeridos por la huella del nombre, ya sea que conocemos un villano o una buena persona que porte el nombre que comparten con un personaje.
Sin embargo hay todo un grupo de nombres que son inocentes de este origen en el mundo real, sino que tienen origen en la literatura, por ejemplo, ya nadie puede llamarse Gregorio, ni en la realidad ni en la ficción sin quedar pegado a Kafka, ni, tal vez, el estigma de ser convertido en insecto mentalmente por muchos, y tal vez, no tan mentalmente.
Me parece, que en base a estas inquietudes, los libros se me van convirtiendo en un compendio de genealogía de nombres; de hecho, debería haber un diccionario de nombres, pero no en base a su significado, sino a su linaje literario.
Por ejemplo, quién puede leer a Mariano Quintero, sin encontrar connotaciones en Washington Sondon; la reverberancia de ese nombre es casi un valor extra en los textos de este autor, cuentan cosas que el autor tiene fiaca de explicar, o que aprovecha, debido a las limitaciones del espacio.
Entre las curiosidades de la revista Odradek, quizás los lectores no saben que cada texto está limitado a 2000 caracteres, esto implica una dificultad extra, para los que se dan cuenta que es complicado expresar una idea en un número tan definido en extensión, sin embargo, uno de los trucos para exceder ese limite, es sin duda el uso de los nombres.
Cada nombre, extiende el aroma del relato y su significado, y orbita el relato tan profundamente que en muchos casos es difícil reconocer cual es el personaje y cual el autor, e incluso tuerce la idea sobre algunos relatos, tal el caso de Frankestein que algunos creen que es el monstruo cuando en realidad es el doctor que lo crea.
Creo que me excedí en mis divagaciones, pero en realidad, lo que quería comentar es que: cuando los nombres de los autores son los que irrumpen la trama del relato hay, en esa intromisión, una serie de connotaciones que devienen del conocimiento del autor que es usualmente un señalamiento sobre sus características, que a los lectores, quizás les resulta críptico.
En el número 38 de la revista Odradek, prolifera en indicios sobre los autores.
Es casi un número confesional o delatorio, aún no lo decido.
Yo necesité entrar a vuelalápiz.blogspot.com, buscar en la parte del currículum y comprobar, si es que eso prueba algo, que se trata de una sola Nora Martínez. Pero allí descubrí que ella también es otra, que ejerce el psicoanálisis y otra más que dirige un taller de plástica para niños, y quién sabe cuántas más.
No sorprende entonces que sea una Nora Martínez la que elige a los gatos como protagonistas de muchos de sus textos, la que muestra cómo la relación entre humanos y felinos puede conmover.
Nora Martínez tiene más gatos que el botánico, decía un post de hace unos meses. Como Borges tiene tigres, como Monterroso tuvo al dinosaurio más famoso, como Juan Ramón Jiménez tuvo un burro. Nora Martínez tiene gatos que nunca están “pintados”. Son personajes que vienen a decirle algo a los otros personajes o al lector. Hablan de la soledad, del paso del tiempo, de la amistad o de la muerte. De nuestra muerte. La única que importa, porque los gatos no le temen a la muerte: ellos también tienen 7 vidas.
El esfuerzo emocional de llevar adelante un proyecto de naturaleza literaria es invisible, porque aunque todos hablan del poco apoyo que hay con la cultura en general, y con la literatura en particular, lo cierto es que los mismos que esgrimen ese discurso son los que menos hacen para aportar.
Hay actividades que son silenciosas, constantes y desinteresadas; los proyectos literarios tienen algo de esa sustancia que convive en los contornos de una postergación que se hace infinita; no parecen coexistir con las épocas, se establecen como propuestas aisladas y siguen en pie por la voluntad de los que participan.
En este día, preferí hablar de la hidalguía con que la revista Odradek sostiene el espíritu con que se inició, y con el mismo compromiso por parte de un staff de escritores que mantiene la expectativa en los lectores y en ninguna otra forma de especulación, tan común en los tiempos que corren; nos ceden un poquito, cada mes, de la médula de sus imaginarios.
Hoy les doy un gracias a todos, sin hablar de ningún texto, hoy escribo de los autores, del afán con que sostienen el ideal en el que se ha convertido la revista Odradek, una revista para leer, no para comprar.
Mis respeto a ustedes, Odradekes, que son un ejemplo de diálogo permanente con lo literario, y con la profesión más vieja del mundo: el contador de historias.
Los personajes han comenzado a vagar y a emitir señales de ritualidad en Odradek, Betty, Sondon, la princesa de Beirut, Shim, Octubre, y seguro que hay otros, en una curiosa forma de regateo de información sobre sus vidas.Han comenzado a transcurrir en Odradek, entre fragmentos y universos paralelos; Sondon y la princesa de Beirut, como arquetipos de ficciones, con una propuesta de enlazar sesiones entre publicaciones.
Las voces prestadas de los personajes, los diálogos en los textos de Mariano Quintero, las descripciones de los crímenes en los textos de Germán García, en una relación de diálogo con la cultura cinematográfica o televisiva dentro del género.
Son personajes que remiten a otros personajes que representan a su vez personajes ficticios como forma de captación de los matices de la realidad.
Luego los personajes de Nora Martinez y María Marta Gigena, plantean una incertidumbre en los gestos cotidianos, en una quietud como si el aire no circulara, como si toda la atención del lector tendría que enfocarse en un punto, vértice de un relato que no se termina de resolver; los personajes se presenta como cotidianos, podemos reconocernos en ellos.
En el tiempo plano, sin relieves, los personajes están sumergidos en un presente sin transcurso; en Betty, la descripción del entorno que acompaña al personaje; son los objetos los que tienen historia, …una miniatura del bondinho con el que conoció el vértigo en Río de Janeiro…, y la biblioteca, lugar en donde están todas las historias en el mismo instante.
En Shim, el tiempo transcurre fuera de sí, pero él permanece dentro de sí mismo, en ese viaje de una búsqueda cuya sustancia es difícil de definir.
Odradek está comenzando a poblarse de personajes que en formato de fragmentos se va configurando como una estructura circular de materia novelesca, cuya mayor virtud es que todo se encuentra en el mismo lugar, en la revista Odradek, en el número 36.
Ana Abregú
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Me llama la atención que con estilos tan disímiles, tanto en el texto de “la señora de Dalí” (segunda parte), de Germán García, como en “Washington Sondon y el regreso de Concha Rayada (parte II)”, de Mariano Quintero, se pueden relacionar, aunque en sus peculiares estilos, la predilección de ambos narradores por minimizar entidades abstractas o sentimientos humanos.
La realidad perceptiva de los personajes se da en los olores, y no en el relato de la escena, mientras que es el relato de las escenas, lo que perturba al lector, que por supuesto no percibe el olor.
En el relato de Mariano Quintero, el olor del gato muerto, los intestinos, las vísceras expuestas; en el de Germán García, el suceso ocurre en la cocina.
Los desmembramientos los une.
La descripción de las muertes, se fragua en una sustancia verbal versátil, elocuente en exceso, como si la profusión de sangre y miembros tuviera como propósito anestesiar la sensibilidad del lector.
No sé qué se traen ambos autores, pero me preocupa que en un caso apareció “el crítico” muerto, y en el otro, aún no se sabe nada sobre quién es el que fue a parar a la heladera.
Ambos relatos se ciñen al orden del descubrimiento de los sucesos; misterio y aventura parecen el sello distintivo; narraciones por entregas, de las que el teórico alemán Walter Benjamin asociaba como la penetración de la lógica capitalista al ámbito literario.
No me quiero adelantar, pero cuando Washington Sondon aparezca por el Guaraní, invitado por Adrián Drut, que no sea por creer que allí puede encontrar a la periodista, y que resulte ser la princesa de Beirut.
Ana Abregú.
Me conmueve el tiempo estático pero a su vez de inminencia; la voz intimista del narrador y el relato de transformaciones en los pensamientos de Shim donde la realidad, los sueños e incluso la relación con la gata están ofreciéndose como un conjunto aislado, un mundo organizado en repeticiones que abren y cierran los relatos de la vida de Shim, marcado por un sentimiento de abandono y de búsqueda que no siempre son los recuerdos, sino esa presencia de un animal que representa no sólo el tiempo, que no parece transcurrir, aunque ha desaparecido, quién sabe, inexorablemente; sino el afecto perdido, la realidad evanescente de las cosas, que no pueden ser duplicadas ni suplantadas.
La atmosfera de la vida del personaje, se dibuja como una búsqueda que parece inmediata: Octubre, el tiempo, la gata; pero la narración se dobla en sí misma y las circunstancias de Shim; el silencio que se escapa de la ficción, se rompe por el grito de la gata falsa que resigna el relato para dejar nuevamente el espacio al silencio y caer en los pensamientos de Shim, lo cíclico se representa con lo sonoro, no en las búsquedas, que parecen infructuosas.
Hay textos que una no comprende qué fibras mueve dentro de una, será que es como si Nora Martinez, desde hace varios números en Odradek, y en especial el número 36 de la revista Odradek, “La revelación”, nos retacea justamente eso: la revelación; o lo que queremos que se revele, no es exactamente lo que deseamos que se revele.
Cada lector tendrá su propia opinión sobre el destino de Octubre y Shim, pero yo, desde este espacio, he decido devolverle Octubre a Shim -mish-
Valga como una especie de respiro a la causa incansable de búsqueda por parte de Shim, que es, creo, la búsqueda de casi todos los escritores desde Proust, la búsqueda del tiempo perdido.
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Dicen que el nombre de las cosas trae las cosas al presente, es lo que me produjo el texto de Adrián Drut, “Enlargue your penis” en el número 36 de la revista Odradek.
El título, acorde a la referencia de Subject muy conocidos de mails considerados Spam, que a todos nos ha invadido en numerosas ocasiones.
La relación de tamaño, motor, velocidad, jazz, son históricamente marcas masculinas, y por supuesto el título; el texto de Adrián Drut respira y emana testosterona, disemina elementos sonoros con los que reúne elementos del mundo viril y el mundo del cuerpo masculino.
Cuestiones, casi vedadas a la sensibilidad femenina, y precisamente por esa razón, a su vez magnéticas.
Quizás por ello han aparecido en estos días ciertos mensajes de adhesión a los textos de Adrián Drut en el blog de la revista Odradek.
La literatura, frente a la música, se coloca de costado y da cuenta de sus efectos, de sus desbordes, nunca la suplanta ni la infiere, en ese sentido, la propuesta de Drut, se parece a la mixtura entre el homenaje a una época y los dispositivos del lenguaje y el cuerpo que expresan la forma en que los atributos masculinos penetraban el “mundo blanco”, usando como vehículo de asimilación el rasgo musical que más se identifica con el color: el jazz.
Charlie Parker era el maestro del Bebop, término acuñado para enunciar un nuevo tipo de música, que explotaba en saltos bruscos, expresaban un concepto distinto de la estética melódica en uso (a propósito de la palabra, Charlie sarcásticamente decía que era la onomatopeya del golpe de una cachiporra policial en la cabeza de un negro), Charlie Parker, se instaló cómodamente en “El perseguidor” de Cortazar, y ahora en el texto de Adrian Drut, como si se igualaran ante el mismo rito.
Texto mordaz. Se puede leer en el número 36 de la revista Odradek.
En lo profuso del impacto de los sustantivos, la elección de nombres que diseminan un sentido con cierta vibración subyace la construcción de una verbalidad en el lenguaje; en este número, el 35 de la revista Odradek, con el texto “La señora de Dalí”, Germán García, con cierta tendencia hiperbólica,…primo menor llamó a un amigo, que llamó a otro. Así, los siete varones de la casa estuvieron con ella…, mantiene una preponderancia de los nombres; en el título: Dalí, el personaje, la princesa de Beirut, y la escena, que es ante todo la respiración de un relato policial, con elisiones y enigmas, y un desborde que establece un diálogo informativo de los personajes, sus antecedentes, la inminencia de un suceso, y la promesa de una historia de persistente insistencia entre los escritores de Odradek.
El suspenso parece circular cómodamente entre las propuestas de la revista Odradek, deslizándose entre las formas narrativas que tienen por consigna un formato breve, pero no por ello menos lujurioso, al sembrar promesas de géneros diversos, cuento, relatos, comentarios, ensayos, textos que no se dejan clasificar fácilmente.
Quizás su mejor virtud.
Lo interesante de los textos de Nora Martinez, en la revista Odradek, es que nos hace desestabilizar esas certezas, con sus personajes del texto “Los nombres”, en el número 35 de la revista Odradek, establece un juego narrativo de cómo una extensión de los reflejos de los relatos anteriores, la vida de Shim, su protagonista, parece casi líquida, se desliza como si flotara; de vez en cuando se asoma sobre la superficie anfibia de su existencia y traspasa una dimensión, en la que la realidad, la memoria, la nostalgia, nos muestran una perspectiva de su vida con la que podemos identificarnos; como si la luz de una irrealidad que brilla sobre sus pensamientos no iluminara a ninguno.
Especialmente las descripciones,… el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos…, suministran un clima sumamente efectivo, nos transmite una enorme ternura por Shim, y sus circunstancias.
Shim vive deslices mundanos, eso evita la fatiga por lo definitivo con que una tiende a relacionar al personaje, un poco porque todo parece que se va, que se diluye; pero la autora logra, con pequeños trazos, marcar la mirada con una historia diminuta resuelta en los detalles.
Casi todos podemos cambiar de nombre, usar un doble, un seudónimo, hacernos pasar por alguien, pero pocas veces se puede lograr que sea el cuerpo el que decide calzar en el nombre, y esa maravilla es la propone Nora Martinez con su hermoso relato sobre el gato Octubre.
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La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.
Ana Abregú
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