
Proust, literatura, revista Odradek recomienda
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
La película “El día que la tierra se detuvo” dirigida por Scott Derrickson, que contó en los papeles protagónicos con Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates y John Clesse, inquietaba por su planteo.
El libro “El día que Nietzche lloró” de Irvin Yalom cuenta una historia que no recomendamos intentando cruzar la filosofía y el psicoanálisis.
El tango canción “El día que me quieras” de Carlos Gardel y Alfredo Lepera, sirve de declaración de amor e imagina una improbable cantidad de circunstancias que se producirían si la amada correspondiera al cantante.
“El día que apagaron la luz”, una canción del conjunto de música progresiva nacional Sui Generis, se interroga acerca de qué pudo haber pasado ese día y habla de paralizar la tierra.
Cada uno elegirá cuál es la hipótesis que más lo aterroriza o lo perturba.
Entre los integrantes de Odradek cunde la inquietud cuando pensamos en el blog de la revista. Lejos de preocuparnos si la tierra se detuvo, o por las lágrimas fáciles de Nietzche o a quién quieren Gardel y Lepera o por las facturas eléctricas de Sui Generis, nos sentimos vulnerables ante la ausencia de Ana Abregú.
Si una simple gripe le impidiera a Ana subir sus artículos al blog, escribiríamos un artículo confesando nuestra debilidad bajo el título “El día que Ana Abregú se engripó”, o simplemente “El día que”.
Roberto Gárriz
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En su sitio el material se verá de esta manera:
Ana Abregú
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Lo interesante de los textos de Nora Martinez, en la revista Odradek, es que nos hace desestabilizar esas certezas, con sus personajes del texto “Los nombres”, en el número 35 de la revista Odradek, establece un juego narrativo de cómo una extensión de los reflejos de los relatos anteriores, la vida de Shim, su protagonista, parece casi líquida, se desliza como si flotara; de vez en cuando se asoma sobre la superficie anfibia de su existencia y traspasa una dimensión, en la que la realidad, la memoria, la nostalgia, nos muestran una perspectiva de su vida con la que podemos identificarnos; como si la luz de una irrealidad que brilla sobre sus pensamientos no iluminara a ninguno.
Especialmente las descripciones,… el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos…, suministran un clima sumamente efectivo, nos transmite una enorme ternura por Shim, y sus circunstancias.
Shim vive deslices mundanos, eso evita la fatiga por lo definitivo con que una tiende a relacionar al personaje, un poco porque todo parece que se va, que se diluye; pero la autora logra, con pequeños trazos, marcar la mirada con una historia diminuta resuelta en los detalles.
Casi todos podemos cambiar de nombre, usar un doble, un seudónimo, hacernos pasar por alguien, pero pocas veces se puede lograr que sea el cuerpo el que decide calzar en el nombre, y esa maravilla es la propone Nora Martinez con su hermoso relato sobre el gato Octubre.
Etiquetas: Ana Abregú, cuentos de escritores, literatura latinoamericana, Nora Martinez, Odradek, relatos
La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.
En ese texto, de sólo siete palabras, su característica más diversa es el juego, la posibilidad de que lo representado, es idealmente un juego de espacio-tiempo tal vez no tan imposible.
Odradek, se ha sumado con este número a la propuesta de atomización de historias, en las que el juego, muestra su mejor cara lúdica, o sociológica, o política, o literaria, el lector puede adoptar la visión que desee.
No tengo dudas, que tal como aquel texto famoso, este número de Odradek, operará como un dispositivo narrativo de múltiples sentidos en el que será interesante descubrir los elementos literarios que los constituyen.
En cada una de las historias, también se puede intentar ver el sesgo característico de cada autor, su manera de ver el mundo.
“Vea, Mulder…”, comienza uno de Adrián Drut; sólo con ese comienzo ya puedo especular sobre los elementos de construcción de escritura, este autor, es muy visual, coloquial, con sus personajes en relación de diálogo, ya sea con otro personaje o con el lector, presenta una ambigüedad en la ubicación de sus historias, la elección de nombres, que se asimila con ciertas series de representación en la ciencia ficción; luego, la selección de palabras como “negros”, y la frase donde lo incluye, que remite a épocas o lugares geográficos posibles, y que produce extrañamiento con la palabra “muzza”, de origen conocido para nosotros.
El tono es otra de la característica que lo define en su lugar geográfico, la musicalidad y cantidad de palabras nos resulta familiar y podemos asociarla al modismo porteño de corte policial, con lo cual se establece una ambigüedad en el género.
Otra de las señales es la imposibilidad de determinación de la intención, puede ser leído como cuento, como micro-relato, como sentencia, como diálogo inconcluso o parte de una historia conocida, presentando una característica posmodernista.
Como se observará, y seguramente no es todo lo que se puede decir sobre los breves, brevísimos textos; la originalidad de este número de Odradek, es como una gran trama, tejida en varias dimensiones, donde la atención del lector vacilará entre los géneros, las interpretaciones, la evocación y los artificios puesto en escena.
Será cuestión de dejarse llevar por la propuesta, tal como una fórmula, que marcó camino con Monterroso, provocando que la reflexión sobre la forma escrita, sea mayor incluso que la cantidad de palabras que el propio texto utiliza para producir sentido, siendo éste el mayor logro a que un texto puede aspirar.
Odradek, es un acertijo este mes.
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En señal de protesta, leo al revés.Caminé de arriba a abajo, izquierda, derecha, diagonal, estoy segura que hasta levité, y no encontré la revista Odradek, la feria viene en decadencia, si no se puede encontrar allí una de las mejores publicaciones de cuentos, es porque los organizadores deben reestructurar las estrategias de exposición de literatura.
La feria está cada vez más bizarra.
Me crucé con Carlos Gamerro, nuestras miradas se encontraron por un segundo, y mientras la mía, lo miraba a él, la de él me atravesaba a mí; yo, por supuesto completamente invisible.
Cuento esto como introducción para decir por qué lo recomiendo en este momento, la respuesta más sencilla porque da la casualidad que lo vi, leí sus novelas en el orden: "El secreto y las voces", que me gustó tanto que me llevó a la segunda novela, "Los sueños del señor Juez", que definitivamente me encantó, y que me llevó a "Las islas", que no sólo me fascinó sino que hice extensivo este entusiasmo regalando el libro a amigos, y me condujo a "La aventura de los bustos de eva", en la que definitivamente realicé el diagnóstico de que Gamerro está loco, menos mal.
Luego leí su libro de cuentos, que también me gustó.
Coincidiendo, en el mismo espacio, se encontraba Narosky. Ellos no lo notaron, claro, pero por un segundo el universo, en un predio de 5 metros a nuestro alrededor coincidieron Narosky, Gamerro y Ana Abregú.
Para no dejar ese evento como la insinuación de un triángulo amoroso, me gustaría especular con que en realidad es una metáfora literaria, un extremo N., en el medio A., en el otro G.
La historia se contaría así: El lugar geométrico de todos los puntos del plano tal que para llegar de N. a A. hay una curva definida por una equis a enésima potencia, para los distraídos, es la definición de una curva infinita, y para ir del punto A. al G, probablemente una hipálage, o hipérbole, o para llegar de N. a G., directamente cambiar de planeta.
Hubo otros escritores, claro, pero yo prefiero relatar lo importante, me acerqué al stand de La Flor, y no encontré otro hito que se puede contar como valor prendario de Odradek, el libro de Roberto Gárriz, “Echándonos de menos”, aunque eso puede no indicar que no estaba, ya que la cantidad de gente me impidió revisar bien; sin embargo pude ver, echado tranquilamente leyendo a Divinsky, dentro de la cabinita esa donde se supone que deberían estar firmando los autores, en ese momento vacío, me gustaría que quedara escrito que imaginé que leía a Gárriz.
Entre otras cosas, en el stand de Fondo de Cultura Económica, hay libros de Salvador Elizondo por 9 pesos, de Vicente Leñero, y de otros, pero en especial quiero recomendar ese pequeño compendio de maravillitas que es “El grafógrafo” de Elizondo, aunque de ese autor, lo que más me gustó es “El hipogeo secreto”.
Hay un stand de España, de una editorial que expone, pero que no vende, en donde me indicaron está de próxima aparición un libro de Ignacio Padilla, el autor de la maravillosa “Anphitrion”. Estaremos esperando.
Luego, en el stand de chile, recomiendo hoy mismo comprar los de Diamela Eltit, que no se venden aquí, y que por alguna misteriosa razón suelen traer uno o dos ejemplares que se acaban los primero días de al feria, ya me pasó ir los últimos días, por las supuestas ofertas y encontrar la devastación triste del stand.
Conseguí “Lumpéria” de la Eltit, y un libro de Pedro Lemebel, “Serenata Cafiola” , cuyos libros “Loco Afán”, “Tengo miedo torero”, tanto me impresionaron.
Si alguien tiene algo que sugerirme me encantaría que aportara, después de todo la mística de la feria, tiene que mantenerse para que otros autores puedan aparecer aunque sea camufladas, como yo misma.
Me vi en el stand de Tusquets, en un librito de un concurso que gané hace años, un texto viejísimo; lo ví por primera vez hace tiempo, y yo, sorprendida, en ese momento, ganada por un entusiasmo sobredimensionado por un texto de 10 líneas, expuesto así, le dije al que cuidada que no roben libros: mirá en este, estoy publicada yo, ante lo que el tipo me miró con la cara más expresiva que recibí en mi vida de: a mí qué me importa.
El caso es que desde entonces, siempre visito el stand; pero el libro es astuto, cuando aparezco con alguien para que casualmente yo voltee la mirada y diga: ah, mirá, aquí me publicaron, porque la casualidad tiene buena prensa, pero en realidad hay que ayudarla un poco, tal cosa nunca ocurrió; siempre que iba con alguien el libro se escondía, cuando volvía sola, ahí aparecía.
Ayer, me encontré con un amigo, de casualidad en el propio stand, ya había ocurrido el rito de observar si el dichoso librito estaba allí y efectivamente, estaba, así que dejando de lado el montaje de la casualidad, tan ensayado durante aceitados años, lo agarré del brazo y lo arrastré para mostrarle el libro, ante lo cual, si bien sonrió, me dijo: ¿y te pagan derechos de autor cada vez que lo venden?, frase, que por supuesto desinfló completamente mi exaltación.
La feria se viene mal este año, viene bizarra.
Ana Abregú
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A los habitantes de MDS, les está costando poco ser como son, en manos de la tinta (o el pixel por unidad de superficie de la pantalla) de Vanesa Pafundo, la tortuosa despersonalización de la letra usada en vez del nombre, que puede dar paso a la sustitución imaginaria del lector, sobre todo lo letra K., sin embargo, el clima sigue siendo establecido por el comentario, pueblo costero misterioso, y el evidente, temo cuáles sean las consecuencias.Si como Mallarme proponía, separado de su significación, el lenguaje se convierte en objeto, y la grafía o tipografía concede a los signos un valor como instrumentos constructivos de una forma visual, manipulables libremente y sin sometimiento a la función esencial de transmisión de información, estamos ante una construcción que se va configurando en base a la forma escrita, el enigmático MDS, título de la primera parte de este texto, aparecido en el número 31 y al cual ya me referí en comentario anterior, y el actual, “Coco loco”, número 32, en el que Vanesa Pafundo establece los materiales de su historia basada en el simbolismo de la grafía; artificios que parecen configurar un texto que va dejando de lado aspectos laterales del hecho literario, elementos de sintaxis, en definitiva, para experimentar con una grafía que sugiere un clima, más allá de las frases o sintagmas que lo inducen como las palabras: misterioso, consecuencias, delictivos.
Por ahora, la presentación del texto refiere a la puesta en escena, a la creación del clima, a una presentación de casos, en el sentido psicoanalítico, la letra como sugerencia de inicial de nombre o apellido, o de caso policial, o de simple protección de nombres bajo la insinuación de ser reales, y cercanos.
Todavía una integración de partes entre recursos de varios géneros, por ahora una geometría tipográfica, y varias promesas.
Habrá que estar atentos.
Este número de la revista Odradek, se caracteriza por las propuestas que establecen un nexo entre historias, como promesas que se van abriendo en la línea del tiempo.
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Tal el título mejor conocido como literatura de Ciencia Ficción, nacida como una especie de género menor o subgénero de la literatura allá por los años 20, daba cuenta de aquella parte desconocida y perseguida por el hombre llamada futuro.
Se la cree de cierto modo la impulsora de avances científicos y tecnológicos, y aunque se resiste a la precisión de las definiciones se considera como perteneciente a ese género literario cuando hace referencia a tecnología o avances científicos de cualquier naturaleza con impacto en una sociedad que se desarrollará en el futuro.
Quizás por el hecho de que no parece una literatura centrada en lo literario como mecanismos de construcción, sino en algo tan volátil como la ciencia imaginada o seudo ciencias, no era pensada como un género digno de análisis sesudos o de tan siquiera la atención por la crítica formal de textos literarios.
Sin embargo me alegra ver que hay escritores “del otro lado” que se interesan vivamente por el género, ya sea en un formato cinematográfico o de guión o musical, como Ezequiel De Rosso, que en cada entrega de la revista Odradek, como en el actual número 30, con “Todo un palo”, nos ofrece su particular recorrido en ese rubro.
A propósito de ese interés explícito, comenté en una publicación con el título: Ezequiel De Rosso, el futuro del conocimiento, la versatilidad de la visión de este escritor.
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