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Mostrando entradas con la etiqueta Germán García. Mostrar todas las entradas
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Ana Abregú.

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Revista de literatura, especializada en literatura latinoamericana. Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek



Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek


No puedo resistirme a la tentación de relacionar todo texto, con German García como personaje sin caer en la obviedad: las infinitas conjeturas.
Lo cierto es que me parece inevitable, debido al relato de Nora Matinez, en el número 38 de la revista Odradek, “El mendigo”, en donde hay un sujeto que se convierte, literalmente, en la repetición de sí mismo.
La aparición del personaje y la aparente repetición compulsiva, se traslada luego a la repetición del acto de huir, del bar y del relato.
Quién no ha soñado alguna vez con esas situaciones en las que se encuentra en un lugar del que necesita salir y sin comprender por qué se encuentra repitiendo el gesto sin poder resolver la escena.
Es como si Nora Martinez, hubiera colocado a Germán García dentro de un sueño, pero en la realidad.
La compulsión de la repetición es contraria al placer, dicen ellos, los que saben, y parece que busca reanudar un efecto anterior que sí tiene que ver con el placer.
Con ese gesto, Nora Martinez ha dejado inconclusa la lectura del personaje, permanentemente observando a alguien que no termina de irse.
Yo espero que si alguna vez me convierto en personaje de Nora Martinez, me suelte detrás de alguna frase, en vez de dejarme permanentemente ocurriendo.
Hay que tener cuidado, no siempre leer un diario, tranquilo, en un bar es un acto sin consecuencias.




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Para los que vienen siguiendo los textos de Germán García, ya estarán acostumbrados a la teatralidad que permean los nombres de sus personajes, que parece dar cuenta de un cortejo con una mitología personal, cultivada, con pretextos ocultos o motivos de orden que afectan la voz del narrador, como al pasar, que escucha pequeños relatos, a veces fragmentos.
En lo profuso del impacto de los sustantivos, la elección de nombres que diseminan un sentido con cierta vibración subyace la construcción de una verbalidad en el lenguaje; en este número, el 35 de la revista Odradek, con el texto “La señora de Dalí”, Germán García, con cierta tendencia hiperbólica,…primo menor llamó a un amigo, que llamó a otro. Así, los siete varones de la casa estuvieron con ella…, mantiene una preponderancia de los nombres; en el título: Dalí, el personaje, la princesa de Beirut, y la escena, que es ante todo la respiración de un relato policial, con elisiones y enigmas, y un desborde que establece un diálogo informativo de los personajes, sus antecedentes, la inminencia de un suceso, y la promesa de una historia de persistente insistencia entre los escritores de Odradek.
El suspenso parece circular cómodamente entre las propuestas de la revista Odradek, deslizándose entre las formas narrativas que tienen por consigna un formato breve, pero no por ello menos lujurioso, al sembrar promesas de géneros diversos, cuento, relatos, comentarios, ensayos, textos que no se dejan clasificar fácilmente.
Quizás su mejor virtud.





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Si hay algún agente común en el número 34 de la revista Odradek, podría numerar al menos tres, la vejez, Odradek y la muerte.
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.

Ana Abregú






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Para empezar tengo que aclarar que esta es una mirada de género, el matrimonio para mi es completamente interracial, conlleva a definir nociones de la individualidad, de la cultura, nivel político y social; aunque la palabra matrimonio no se menciona en el texto “Como una cosa resuelta”, de Germán García, se han involucrado palabras que lo insinúan, al menos en hechos.
Cuando dos personas, deciden formar un enlace estable, legitimado por la voluntad, casi como la experiencia marital, inmediatamente el acerbo cultural coloca la palabra matrimonio en la definición de la relación, aunque en el término riguroso de interracial, se define el color de piel como hecho inherente a la enunciación; para mi, todos los componentes están expuestos en el texto.
Las Violetas como escenario, y un narrador que nos cuenta lo que piensa, nos habla de la situación temporal, trabajadora sexual, vitrales, cliente, albergue transitorio, que ha producido un extraño efecto en este número de la revista Odradek, pues el matrimonio mixto, interracial, intercultural, no se refiere a los personajes de este cuento, sino a la convivencia en el mismo número con el texto de Yanina Bouche, “Flavia”.
Como dos expresiones de mundos opuestos, ambos textos coinciden en un encuentro, matrimonial; por estar en el mismo número, ahora y para siempre y la muerte no separará lo que Odradek ha unido; con las mismas intenciones, como cuando se planea un enlace, aunque con diferentes resoluciones.
En el texto de “Flavia”, las marcas son Facebook, celu, Ohlalá, y otras respuestas.
Parece que en una época, la conjunción de personas y la exposición clara de las intenciones determinaban un resultado, y en otro, la misma situación nos sorprende con otro resultado.
Lo que también es evidente que la relación de los dos textos, forman algo así como una unión étnica, esta pareja, estas dos naranjas, dirimirán sus encuentros y desencuentros con el lector, como arte y parte, que como siempre hacen los de afuera: opinan.
La buena noticia es que en este matrimonio textual, no habrá divorcio, están para siempre relacionados por el número 32 de la revista Odradek.

Ana Abregú

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Los textos de Germán García que publica en la revista Odradek, son obscenamente provocativos.
Sobre todo el texto del número 30, “Oído al pasar”, cuyo título, engañoso, parece más bien una introducción plácida, y en la primera línea suelta esos apellidos: Hartung y Zoster. Si hubiera usado uno sólo de esos apellidos, o además de los apellidos hubiera usado también algún nombre, como con otro de los personajes del texto, no me hubiera parecido tan punzante comienzo.
Zoster no puede evocar otra cosa que el nombre de Varicella Zoster, la enfermedad viral que ataca al cerebro, o Herpes Zoster como también la llaman, y Hartung, la parienta no menos complaciente, síndrome de Unverricht-Lundborg un desorden neurodegenerativo caracterizado por convulsiones y disfunción neurológica progresiva, el hecho de que una mujer se vea cortejada por estos hombres o nombres ya es escalofriante.
Isaac Rojas, contraalmirante sublevado contra el gobierno de Perón en el 55, mezclado con Viviana Morel, hija de desaparecidos casi 22 años después, mismo gobierno, y Rainer, el poeta Alemán. Esos son los tímidos personajes de un texto que finge ser efímero.
Es un texto incisivo, en el que entre nombres, transcurren aproximadamente 20 años, y en él Germán García nos confronta con personajes e historias bien diferenciadas, nombres que constituyen sustantivos que sugieren espanto, y hombres que provocan horror, ambos testimonios se evocan con sobresalto, un rango de tiempo confluyendo por la magia de la escritura literaria en una ficción al acecho, marcada por una determinada referencia histórica representada sólo por nombres, sin necesidad de acciones, y que promueve un amplio espectro de reflexiones a partir de lo inenarrable: las guerra o enfermedades que el texto expone.
El verdadero nombre de Rainer era René Karl Wilhelm Johann Josef María Rilke, es decir, nombrar a Rainer es señalar muchos nombres, sin ser dichos o escritos, sin embargo es el único personaje del que sólo se escribió su nombre, una paradoja, un punto de singularidad en un texto cuya historia está contada más por los nombres que por las acciones.
La separación temporal y contenido ideológico entre lo que significan los nombres, no se ve menguado por la brevedad de las líneas del texto de Germán García que se precipitan sobre ranuras crepusculares de una ficción resbaladiza.
El texto es un complejo sistema asociativo puesto en marcha como una maquinaria eficiente y efectista, tal vez un discurso sobre lo inevitable del comportamiento cíclico de la historia.

Respecto a las publicaciones de Germán García en la revista Odradek, escribí un artículo en: Una obra, muchas obras, Germán García.


Ana Abregú
















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El libro de un escritor ruso a quien Dostoyevsky usó como personaje en la novela de los hermanos Karamazov, Soloiev, más conocido por el escándalo que promovió su idea de separación entre el Este y el Oeste dentro del marco de la religión, señalando que el contraste entre Oriente y Occidente se puede resumir de una forma muy simple: Mientras la Iglesia Oriental reza, la Iglesia occidental reza y trabaja; expresando de este modo una línea opuesta a los esfuerzos papales de su época, padre de la filosofía Rusa cristiana, alojado en la biblioteca de Raúl Sciarreta, por su parte, comunista, que en contacto con los textos de Freud, de Althousser, de Lacan buscaba una renovación del marxismo por la vía de atacar su corte totalitario, son las claves del extrañamiento del texto publicado por Germán García en el número 29 de la revista Odradek. Hay un libro que no fue abierto durante 62 años, ¿cuántos años tendría Raúl Sciarreta en ese momento?
La musicalidad del texto de Germán García , “En la madrugada”, me pareció resonar con relatos como los de Borges en donde un libro, un escritor, una referencia editorial, un año, un lugar, que generalmente es una biblioteca, introduce al lector en el clima del enigma, tal como ocurre en una película de misterios en donde la música corteja los latidos del secreto; luego, fragmentariamente, la definición de otros personajes como tramas que se enhebran mediante componentes de la memoria, con un formato de micro estructuras que me hizo pensar en ciertos recurso de la novela de Bolaño en "Los Detectives Salvajes", establecen como siempre en las historias de Germán García, una concordancia entre memoria y mundo, sobre todo cuando se establece la relación en los años de formación, la juventud.
Entre las conexiones extrañas que Germán García revela, me hizo pensar en la descripción de un protagonista como una rémora, desarrollándose y sobreviviendo en el exterior de un tiburón, eligiendo ese pez superior y peligroso para existir, tal como los escritores solemos coexistir con nuestros héroes literarios.
Melancólica y transfigurada representación de la memoria en el texto de Germán García.


Ana Abregú.

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Leopoldo, o su “sonido” inglés Leopold, son a Joyce como Odradek es a Kafka, y con el nombre Leopoldo casi al comienzo del texto de Germán García, y un sonido irregular en el ritmo a que se presta a detener la lectura, caminando cada frase o pregunta; Joyce se introduce inmediatamente en el imaginario.
Sobre todo porque la presentación del texto de Joyce, es muy peculiar: habla de comer con deleite órganos interiores de aves y bestias, en cierta forma una invitación al movimiento de los jugos gástricos, y el cuento de Germán García se desarrolla "entre" aves y bestias.
En el cuento de Germán García, con el título “Instante en el zoo”, el referente establece dos fuertes pistas: animales, Leopold o Ulises, Joyce.
El recurso del monólogo interior, el que cuenta, y el narrador ¿el joven Dedalus?, que está dentro de sí mismo, como el narrador de Germán García, me convenzo que Instante en el Zoo, ocurrió el 16 de junio, día en el que transcurre el relato del Ulises.
Si en la novela de Joyce se encuentra que representa un compendio de distintos personajes reales en los que hay que incluir igualmente a su creador, en el texto de Germán García con sus pocas líneas y la insistencia con la encarnadura, (¿de personajes?), no se puede evitar la misma relación.
Escrito de la manera en que Borges definiría como “los tenues desvíos de la conciencia”, pequeño pero gran cuento en el número 28 de la revista Odradek.
Breve y fino diálogo, entre el texto y uno de los libros más importantes de la literatura. Para leer varias veces y seguir especulando con los laberintos de Germán García.




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