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Los años terminados en cero, se consideran prolijitos y se los confunde con pródigos. Ya he escuchado por ahí, augurios románticos, económicos, políticos.
La magia de la simetría tiene buena prensa.
De este modo, Odradek, se suma a esa vorágine: logrará asestarle a la década una huella, vaticinaron algunos, que ven en esta propuesta una especie de milagro: la permanencia.
La revista Odradek, mientras, se mira el rostro y se ve continua y liberada de géneros desde antes que llegara el año prolijito, y parece que no piensa ceder.
Odradek se hará un hueco en la agenda de los lectores e insistirá, ese es mi augurio personal.
Los minutos "concertados", o en concierto con Odradek, no traen suerte, ni bailan, ni cumplen sueños, pero gorgojean, luciendo literatura sin necesidad de atavío vacuo.
Felicidades a todos, autores y lectores, que el año prolijito nos mantenga en el encuentro con esta revista que para alguno de nosotros es un clásico necesario.
¡Felices fiestas para todos!
La magia de la simetría tiene buena prensa.
De este modo, Odradek, se suma a esa vorágine: logrará asestarle a la década una huella, vaticinaron algunos, que ven en esta propuesta una especie de milagro: la permanencia.
La revista Odradek, mientras, se mira el rostro y se ve continua y liberada de géneros desde antes que llegara el año prolijito, y parece que no piensa ceder.
Odradek se hará un hueco en la agenda de los lectores e insistirá, ese es mi augurio personal.
Los minutos "concertados", o en concierto con Odradek, no traen suerte, ni bailan, ni cumplen sueños, pero gorgojean, luciendo literatura sin necesidad de atavío vacuo.
Felicidades a todos, autores y lectores, que el año prolijito nos mantenga en el encuentro con esta revista que para alguno de nosotros es un clásico necesario.
¡Felices fiestas para todos!
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Uno de los aspectos de la lectura de textos, es el relato de los nombres.
Parte de la narración, y creo, una práctica que lamentablemente va desapareciendo, es contarles a los otros lectores lo que entendió, o supuso, o imaginó, o creyó, respecto a lo que se refiere en un relato, pero no en formato de crítica literaria, sino en el formato personal, lo que le invoca a cada uno, en referencia a la propia historia del lector.
Ya se habrán acostumbrado a mis propios comentarios, con que vengo indagando en los textos de la revista Odradek, a tientas, y descaradamente.
Entre mis observaciones, por una razón que no sé si puedo explicar, me interesan especialmente los nombres.
Soy una lectora de nombres, es usual para mí preguntarme por qué tal personaje se llama de tal manera, por qué el Quijote se llama Alonso, por ejemplo, o por qué, en la biblioteca trabaja Betty y no Mirta, y así.
Es una ocupación ingrata, claro, porque el relato del nombre de los personajes en general, es otro relato que probablemente conducirá a otro relato.
En lo que respecta a esta inquietud, creo, es una manía que me viene desde que nací, porque mi propio nombre se debe al personaje de una novela, tal como mi propia madre se ha encargado de contarme desde la primera vez que me pregunté por qué me llamo como me llamo.
El nombre, en cualquier caso, es para la realidad como una transfiguración, de ese modo a veces se nos ocurre decir que tal o cual no tiene cara de Betty o de Washington.
De esa manera, amamos u odiamos personajes sugeridos por la huella del nombre, ya sea que conocemos un villano o una buena persona que porte el nombre que comparten con un personaje.
Sin embargo hay todo un grupo de nombres que son inocentes de este origen en el mundo real, sino que tienen origen en la literatura, por ejemplo, ya nadie puede llamarse Gregorio, ni en la realidad ni en la ficción sin quedar pegado a Kafka, ni, tal vez, el estigma de ser convertido en insecto mentalmente por muchos, y tal vez, no tan mentalmente.
Me parece, que en base a estas inquietudes, los libros se me van convirtiendo en un compendio de genealogía de nombres; de hecho, debería haber un diccionario de nombres, pero no en base a su significado, sino a su linaje literario.
Por ejemplo, quién puede leer a Mariano Quintero, sin encontrar connotaciones en Washington Sondon; la reverberancia de ese nombre es casi un valor extra en los textos de este autor, cuentan cosas que el autor tiene fiaca de explicar, o que aprovecha, debido a las limitaciones del espacio.
Entre las curiosidades de la revista Odradek, quizás los lectores no saben que cada texto está limitado a 2000 caracteres, esto implica una dificultad extra, para los que se dan cuenta que es complicado expresar una idea en un número tan definido en extensión, sin embargo, uno de los trucos para exceder ese limite, es sin duda el uso de los nombres.
Cada nombre, extiende el aroma del relato y su significado, y orbita el relato tan profundamente que en muchos casos es difícil reconocer cual es el personaje y cual el autor, e incluso tuerce la idea sobre algunos relatos, tal el caso de Frankestein que algunos creen que es el monstruo cuando en realidad es el doctor que lo crea.
Creo que me excedí en mis divagaciones, pero en realidad, lo que quería comentar es que: cuando los nombres de los autores son los que irrumpen la trama del relato hay, en esa intromisión, una serie de connotaciones que devienen del conocimiento del autor que es usualmente un señalamiento sobre sus características, que a los lectores, quizás les resulta críptico.
En el número 38 de la revista Odradek, prolifera en indicios sobre los autores.
Es casi un número confesional o delatorio, aún no lo decido.
Parte de la narración, y creo, una práctica que lamentablemente va desapareciendo, es contarles a los otros lectores lo que entendió, o supuso, o imaginó, o creyó, respecto a lo que se refiere en un relato, pero no en formato de crítica literaria, sino en el formato personal, lo que le invoca a cada uno, en referencia a la propia historia del lector.
Ya se habrán acostumbrado a mis propios comentarios, con que vengo indagando en los textos de la revista Odradek, a tientas, y descaradamente.
Entre mis observaciones, por una razón que no sé si puedo explicar, me interesan especialmente los nombres.
Soy una lectora de nombres, es usual para mí preguntarme por qué tal personaje se llama de tal manera, por qué el Quijote se llama Alonso, por ejemplo, o por qué, en la biblioteca trabaja Betty y no Mirta, y así.
Es una ocupación ingrata, claro, porque el relato del nombre de los personajes en general, es otro relato que probablemente conducirá a otro relato.
En lo que respecta a esta inquietud, creo, es una manía que me viene desde que nací, porque mi propio nombre se debe al personaje de una novela, tal como mi propia madre se ha encargado de contarme desde la primera vez que me pregunté por qué me llamo como me llamo.
El nombre, en cualquier caso, es para la realidad como una transfiguración, de ese modo a veces se nos ocurre decir que tal o cual no tiene cara de Betty o de Washington.
De esa manera, amamos u odiamos personajes sugeridos por la huella del nombre, ya sea que conocemos un villano o una buena persona que porte el nombre que comparten con un personaje.
Sin embargo hay todo un grupo de nombres que son inocentes de este origen en el mundo real, sino que tienen origen en la literatura, por ejemplo, ya nadie puede llamarse Gregorio, ni en la realidad ni en la ficción sin quedar pegado a Kafka, ni, tal vez, el estigma de ser convertido en insecto mentalmente por muchos, y tal vez, no tan mentalmente.
Me parece, que en base a estas inquietudes, los libros se me van convirtiendo en un compendio de genealogía de nombres; de hecho, debería haber un diccionario de nombres, pero no en base a su significado, sino a su linaje literario.
Por ejemplo, quién puede leer a Mariano Quintero, sin encontrar connotaciones en Washington Sondon; la reverberancia de ese nombre es casi un valor extra en los textos de este autor, cuentan cosas que el autor tiene fiaca de explicar, o que aprovecha, debido a las limitaciones del espacio.
Entre las curiosidades de la revista Odradek, quizás los lectores no saben que cada texto está limitado a 2000 caracteres, esto implica una dificultad extra, para los que se dan cuenta que es complicado expresar una idea en un número tan definido en extensión, sin embargo, uno de los trucos para exceder ese limite, es sin duda el uso de los nombres.
Cada nombre, extiende el aroma del relato y su significado, y orbita el relato tan profundamente que en muchos casos es difícil reconocer cual es el personaje y cual el autor, e incluso tuerce la idea sobre algunos relatos, tal el caso de Frankestein que algunos creen que es el monstruo cuando en realidad es el doctor que lo crea.
Creo que me excedí en mis divagaciones, pero en realidad, lo que quería comentar es que: cuando los nombres de los autores son los que irrumpen la trama del relato hay, en esa intromisión, una serie de connotaciones que devienen del conocimiento del autor que es usualmente un señalamiento sobre sus características, que a los lectores, quizás les resulta críptico.
En el número 38 de la revista Odradek, prolifera en indicios sobre los autores.
Es casi un número confesional o delatorio, aún no lo decido.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Tres años se cumplen este mes, septiembre, de la aparición de la revista Odradek, tiempo suficiente como para manifestar su carácter, encontrarle parecidos, buscarle reflejos de otras propuestas e incluso de que comience a hablar.
Eso ha ocurrido en este número, los narradores han decidido invertir las cosas, no sé si por una rebelación o revelación, incorporando a los autores.
En este número, el 38 de la revista Odradek, los ficticios o no, nunca se sabe, son los autores.
A tientas, un número de valor terapéutico y desbocamiento que va a tono con la enfermedad de la época: ¿literatura autorreferencial?
En el juego del revés, sin firmas, casi podría adivinarse a los autores, tanto así viene configurándose el estilo de cada escritor; en algunos, los personajes, cepa horneada en las revistas precedentes, se encontraron con uno que otro autor, integrándose éstos a los recorridos geográficos de los personajes.
Algunas fisonomías literarias quedan determinadas por la clasificación de géneros o por representaciones equiparables a otras propuestas, en Odradek es un conjunto de personajes, desde su propio nombre hasta los que vienen circulando número a número y en el que ahora se suman los propios autores.
Gran sorpresa de encontrarme a mi misma, incluso, con una nota que se parece a un órgano sobre relieve – efecto causado por el recuadro -, de un cuerpo de letra que se mueve entre el diseño del sitio, permanente lectora y participante activa del blog, el brazo menor de la revista Odradek.
Me siento parte de Odradek, porque motiva y renueva, mes a mes, mis ganas de seguir leyendo y escribiendo.
Eso ha ocurrido en este número, los narradores han decidido invertir las cosas, no sé si por una rebelación o revelación, incorporando a los autores.
En este número, el 38 de la revista Odradek, los ficticios o no, nunca se sabe, son los autores.
A tientas, un número de valor terapéutico y desbocamiento que va a tono con la enfermedad de la época: ¿literatura autorreferencial?
En el juego del revés, sin firmas, casi podría adivinarse a los autores, tanto así viene configurándose el estilo de cada escritor; en algunos, los personajes, cepa horneada en las revistas precedentes, se encontraron con uno que otro autor, integrándose éstos a los recorridos geográficos de los personajes.
Algunas fisonomías literarias quedan determinadas por la clasificación de géneros o por representaciones equiparables a otras propuestas, en Odradek es un conjunto de personajes, desde su propio nombre hasta los que vienen circulando número a número y en el que ahora se suman los propios autores.
Gran sorpresa de encontrarme a mi misma, incluso, con una nota que se parece a un órgano sobre relieve – efecto causado por el recuadro -, de un cuerpo de letra que se mueve entre el diseño del sitio, permanente lectora y participante activa del blog, el brazo menor de la revista Odradek.
Me siento parte de Odradek, porque motiva y renueva, mes a mes, mis ganas de seguir leyendo y escribiendo.
¡Feliz aniversario!
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Varias veces me han preguntado si Nora Martínez la ilustradora es la misma Nora Martínez que escribe en la revista Odradek. Algunos dicen reconocer en la manera de escribir determinadas pinceladas, un “color” que identifican con esas redondeces o paisajes bucólicos de vientos gordos que aparecen en las ilustraciones. Concluyen que se trata de la misma persona.
Yo necesité entrar a vuelalápiz.blogspot.com, buscar en la parte del currículum y comprobar, si es que eso prueba algo, que se trata de una sola Nora Martínez. Pero allí descubrí que ella también es otra, que ejerce el psicoanálisis y otra más que dirige un taller de plástica para niños, y quién sabe cuántas más.
No sorprende entonces que sea una Nora Martínez la que elige a los gatos como protagonistas de muchos de sus textos, la que muestra cómo la relación entre humanos y felinos puede conmover.
Nora Martínez tiene más gatos que el botánico, decía un post de hace unos meses. Como Borges tiene tigres, como Monterroso tuvo al dinosaurio más famoso, como Juan Ramón Jiménez tuvo un burro. Nora Martínez tiene gatos que nunca están “pintados”. Son personajes que vienen a decirle algo a los otros personajes o al lector. Hablan de la soledad, del paso del tiempo, de la amistad o de la muerte. De nuestra muerte. La única que importa, porque los gatos no le temen a la muerte: ellos también tienen 7 vidas.
Yo necesité entrar a vuelalápiz.blogspot.com, buscar en la parte del currículum y comprobar, si es que eso prueba algo, que se trata de una sola Nora Martínez. Pero allí descubrí que ella también es otra, que ejerce el psicoanálisis y otra más que dirige un taller de plástica para niños, y quién sabe cuántas más.
No sorprende entonces que sea una Nora Martínez la que elige a los gatos como protagonistas de muchos de sus textos, la que muestra cómo la relación entre humanos y felinos puede conmover.
Nora Martínez tiene más gatos que el botánico, decía un post de hace unos meses. Como Borges tiene tigres, como Monterroso tuvo al dinosaurio más famoso, como Juan Ramón Jiménez tuvo un burro. Nora Martínez tiene gatos que nunca están “pintados”. Son personajes que vienen a decirle algo a los otros personajes o al lector. Hablan de la soledad, del paso del tiempo, de la amistad o de la muerte. De nuestra muerte. La única que importa, porque los gatos no le temen a la muerte: ellos también tienen 7 vidas.
Los personajes han comenzado a vagar y a emitir señales de ritualidad en Odradek, Betty, Sondon, la princesa de Beirut, Shim, Octubre, y seguro que hay otros, en una curiosa forma de regateo de información sobre sus vidas.Han comenzado a transcurrir en Odradek, entre fragmentos y universos paralelos; Sondon y la princesa de Beirut, como arquetipos de ficciones, con una propuesta de enlazar sesiones entre publicaciones.
Las voces prestadas de los personajes, los diálogos en los textos de Mariano Quintero, las descripciones de los crímenes en los textos de Germán García, en una relación de diálogo con la cultura cinematográfica o televisiva dentro del género.
Son personajes que remiten a otros personajes que representan a su vez personajes ficticios como forma de captación de los matices de la realidad.
Luego los personajes de Nora Martinez y María Marta Gigena, plantean una incertidumbre en los gestos cotidianos, en una quietud como si el aire no circulara, como si toda la atención del lector tendría que enfocarse en un punto, vértice de un relato que no se termina de resolver; los personajes se presenta como cotidianos, podemos reconocernos en ellos.
En el tiempo plano, sin relieves, los personajes están sumergidos en un presente sin transcurso; en Betty, la descripción del entorno que acompaña al personaje; son los objetos los que tienen historia, …una miniatura del bondinho con el que conoció el vértigo en Río de Janeiro…, y la biblioteca, lugar en donde están todas las historias en el mismo instante.
En Shim, el tiempo transcurre fuera de sí, pero él permanece dentro de sí mismo, en ese viaje de una búsqueda cuya sustancia es difícil de definir.
Odradek está comenzando a poblarse de personajes que en formato de fragmentos se va configurando como una estructura circular de materia novelesca, cuya mayor virtud es que todo se encuentra en el mismo lugar, en la revista Odradek, en el número 36.
Ana Abregú
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Son subrepticios, y te obligan a mirarlos durante minutos, porque te preguntas si ellos no saben algo de la obra que estás por leer, que vos no sabés, ni sabrás aún luego de haberla leído.
Su presencia es como la de una deidad, que sabe experimentar, buscar, imaginar, explicar construir, criticar lo que habrás leído en unos momentos, no sólo porque comparte con los textos los mismos dos colores, sino porque son como una señal, un faro, un signo, un monograma en cada número, que lo identifica mucho más que el número mismo de la revista. La número 35, suelo comentar, la número 20, pero en cuanto me reúno con alguien, la identificación no es por el número, sino por la serie de personajes que acompañan a la revista en cada número.
En esta ocasión quise hacer notar que la incorporación de esa imagen o a veces varias que adornan la aparición de la revista Odradek no pasa inadvertida; en la número 35, por ejemplo, el personaje nos mira, “Gol”, de Miguel Florio, le ha dado un nombre particular a este número de la revista Odradek: “la del futbolero”, y así, una revista profusa en personajes y situaciones ha pasado a llevar su marca con el nombre de los personajes que la habitan, pero no de los personajes literarios, sino de los personajes ilustrados.
Parece una ironía.
La número 34, por ejemplo, causó un problema, en principio porque lo primero que hice fue buscar la señal, el personaje, el intruso, y debido a su ausencia, no le quedó más remedio que tomar el nombre de “la revista en la que Yanina Bouche nos clavó de punta”, reincidiendo en la idea de la identificación mediante algún aspecto visual en la revista, usando en ese caso una alegoría.
La ilustradora más asidua es Nora Martínez, así que la diferentes publicaciones de Odradek fueron bautizadas debido al capricho interpretativo de esa autora, la número 33 fue “la del Banco”, la 32, “Los tipos”, de Miguel Florio, por ir a cualquier otro número al azar, la 18, fue “Estática”, de Nora Martínez y así.
En una revista de literatura, hay márgenes, hay textos vecinos, hay una marca geográfica de textos, un orden que reconfigura en algunos casos la lectura, incluso determinados textos en el mismo número son motivo de relación entre ellos que sorprende a los autores tanto como a los lectores.
Esta vez, valga un homenaje a los ilustradores de la revista, que no por no ser mencionados entre las lecturas, pasan desapercibidos, sino más bien configuran una características de cada número que refuerza la identidad de la revista Odradek.
Su presencia es como la de una deidad, que sabe experimentar, buscar, imaginar, explicar construir, criticar lo que habrás leído en unos momentos, no sólo porque comparte con los textos los mismos dos colores, sino porque son como una señal, un faro, un signo, un monograma en cada número, que lo identifica mucho más que el número mismo de la revista. La número 35, suelo comentar, la número 20, pero en cuanto me reúno con alguien, la identificación no es por el número, sino por la serie de personajes que acompañan a la revista en cada número.
En esta ocasión quise hacer notar que la incorporación de esa imagen o a veces varias que adornan la aparición de la revista Odradek no pasa inadvertida; en la número 35, por ejemplo, el personaje nos mira, “Gol”, de Miguel Florio, le ha dado un nombre particular a este número de la revista Odradek: “la del futbolero”, y así, una revista profusa en personajes y situaciones ha pasado a llevar su marca con el nombre de los personajes que la habitan, pero no de los personajes literarios, sino de los personajes ilustrados.
Parece una ironía.
La número 34, por ejemplo, causó un problema, en principio porque lo primero que hice fue buscar la señal, el personaje, el intruso, y debido a su ausencia, no le quedó más remedio que tomar el nombre de “la revista en la que Yanina Bouche nos clavó de punta”, reincidiendo en la idea de la identificación mediante algún aspecto visual en la revista, usando en ese caso una alegoría.
La ilustradora más asidua es Nora Martínez, así que la diferentes publicaciones de Odradek fueron bautizadas debido al capricho interpretativo de esa autora, la número 33 fue “la del Banco”, la 32, “Los tipos”, de Miguel Florio, por ir a cualquier otro número al azar, la 18, fue “Estática”, de Nora Martínez y así.
En una revista de literatura, hay márgenes, hay textos vecinos, hay una marca geográfica de textos, un orden que reconfigura en algunos casos la lectura, incluso determinados textos en el mismo número son motivo de relación entre ellos que sorprende a los autores tanto como a los lectores.
Esta vez, valga un homenaje a los ilustradores de la revista, que no por no ser mencionados entre las lecturas, pasan desapercibidos, sino más bien configuran una características de cada número que refuerza la identidad de la revista Odradek.
Ana Abregú
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