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En la construcción mitológica de la revista Odradek, hay ambigüedades respecto a su comienzo misterioso, nació espejada, o es papel que se virtualizó o es virtual y se papelizó, mientras lo kafkiano se pierde en los laberintos burocráticos, y lo rulfiano es habitante del llano, los Odradekianos son habitantes de bares, ni virtual, ni de papel: de bares.
La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.


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Si hay algún agente común en el número 34 de la revista Odradek, podría numerar al menos tres, la vejez, Odradek y la muerte.
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.

Ana Abregú






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Tal vez como sesgo de profesión (mi formación es en ingeniería), mis preferencias por las matemáticas, hace que tienda a definir el mundo bajo esa influencia, un sentido del orden simbólico, abstracto, bajo el que las referencias conceptuales forman modelos ordenados según un contexto que trata de organizar el mundo de relaciones textuales..
Siento afinidad con los textos del escritor Ezequiel De Rosso, porque encuentro en su visión una confirmación de mi experiencia, frente a ciertas lecturas, con las que tiendo a tratar de establecer un modelo de producción.
Siempre he afirmado que para leer a Borges habría que saber matemáticas, y en el número 34 de la revista Odradek, “Encerrados”, de Ezequiel De Rosso, expresa el modo en que me hubiera gustado poder demostrarlo.
En su texto, expone un probable modelo constructivo, basado en los elementos de cimentación de la literatura de Borges, tratando de clasificar ideas y sentidos dentro de un cuerpo de elementos espaciales y elementos que se mueven dentro y fuera de ese espacio.
Define también cantidades de relevancia como línea de delimitación, fuerzas, espacio, fronteras, y despliega una hipótesis de trabajo con esa visión, que según yo, no es otra cosa que la definición de un campo vectorial, con características de campo solenoidal.
En matemáticas, un campo vectorial es una construcción que asocia cada punto de un campo a elementos de ese mismo campo; a lo que se tiende con los campos vectoriales, es un acercamiento al objeto de estudio para acotarlo dentro de una definición que lo constituirá en un modelo hipotético, con el objeto de determinar las características de los elementos que componen un fenómeno o que lo explican.
En el caso de “Encerrados”, los elementos constructivos con que Borges administra los componentes literarios que transforman sus textos en trabajos tan precisos, son expuestos por Ezequiel De Rosso en términos simbólicos matemáticos.
Cuando los elementos de un campo vectorial, presentan una característica de rotación de los elementos, en el sentido de confluir, hacia un punto, donde la superficie o flujo o espacio cerrado tiende a cero, o sea todos los elementos se determinan para el único fin que es la resolución típica del texto policial, constituye un campo vectorial que se denomina solenoidal.
Con este trabajo, Ezequiel De Rosso, propone una ecuación entre la experiencia y la forma en donde los textos de Borges y sus posibles narrativos, no se exponen del modo usual, el espejo y su reflejo, a que nos tiene acostumbrados como lectores, sino una lúcida reflexión sobre el posible centro de gravedad, el secreto, de la prosa de Borges.
Para mí, Ezequiel De Rosso es uno de los lujos de Odradek, recomiendo su lectura con atención, en el número 34.



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Me gusta el poema de Octavio Paz (1914-1998), en el que expresa en forma breve pero contundente que somos escritura.

Hermandad

Homenaje a Claudio Ptolomeo


Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.

El escritor mexicano, expresa de otra forma lo que en el texto, “El problema de nosotros”, de Silvina Gruppo, el número 34 de la revista Odradek, el juego amoroso con la palabra; el cuerpo del verbo, del sustantivo, de la letra, traduce un desplazamiento de representación en donde los personajes y sus actos se convierten en figuras retóricas.
Silvina Gruppo, en esta propuesta, adverbializa los personajes, y la identidad de sus actos se extrapola y juega a ser pronominal.
Actos de apetitos y reflexiones forman un efecto concéntrico en relación al lenguaje, que aunque breve, es profundo en lo emocional, con signos transformados en incidentes de una historia que se cuenta en el entrecomillado, “nosotros”, “hace mucho”, “ayer”, y al mismo tiempo con fidelidad amorosa hacia la expresión escrita, que no es mera trayectoria tangencial, sino nudo mismo del texto, en donde las historias encubiertas, en un entrecomillado usado como señal de un referente del cual parece extraerse el sentido, son a su vez el propio lenguaje.
No es el primer texto con que esta autora irrumpe en Odradek, allá por el número 22, ya nos perturbó un poco con “Pequeños mozos”, y más lejos en el número 19, cuando me llamó la atención con “Las olas y el viento”, …alma es cuerpo y realidad es ficción…dice esta autora, cuyas propuestas no se circunscriben a una historia personal, sino a la inapelable certeza de que toda historia transcurre fundamentalmente en el lenguaje.


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Con la sugerencia Macedoniana de un título más largo que el propio texto, Roberto Gárriz lleva al extremo, la caricaturización de la literatura, como un sistema de relaciones; con propuestas que pueden entenderse como una parodia o un sarcasmo, basado en referentes literarios, que son precisamente los que han provocado mayor tensión en los sistemas de análisis críticos.
Utilizando el dispositivos de construcción, al igual que los otros autores de este número 33 de la revista Odradek, que no son un tema ornamental, sino un sistema de señales, de guiños, hacia un probable lector, que encontrará en cada órbita, el discurso participativo entre el texto de referencia y la realidad arbitraria del autor. La geografía: Palermo, estación de servicio, preembarque, palabras que decantan las historias en una supuesta cotidianeidad espacial.
Una propuesta que provocativamente empuja el límite de autores importantes, Macedonio, Monterroso, Mallarmé, como un desafío al exponer que no hay inviolabilidad de acuerdos en la expresión literaria.
Con la emulsión de la ironía y una distancia muy corta entre la ruptura de los géneros de esos autores, ahora nuevamente enfrentados a este conjunto de narraciones con una textura que se entreteje con otros textos y entre sí, Roberto Gárriz encuentra una forma de homenaje, bajo un aparente intención de desmitificación del recurso del sistema literario como una extensión del sentido del texto.
Los breves relatos se disfrutan por su expresión provocativa, y a la vez advierte sobre la inmortalidad de ciertas propuestas, que aunque breves, son significativas.
Roberto Gárriz expone una constelación de autores leídos y vueltos a leer que revolucionan el sentido artístico de la escritura en prosa.



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Como expresé antes, en el número 33 de la revista Odradek, hay algo así como una explosión de propuestas narrativas, que exponen una variedad que permite diversas lecturas en donde en la forma apoya su más evidente promesa.
La brevedad, posibilita una diversidad especulativa sobre las intenciones que sobrevuelan los textos; pueden ser diálogos, monólogos evocativos, prospectos, misiva provocativa.
Con combinaciones de diferentes puntos de vista, algunos basados en la elocuencia de clásicos como el caso que ya mencioné de Monterroso, pero a los que en definitiva es complejo seguirles el rastro.
Otro rasgo interesante es que precisamente la forma, la brevedad, son pistas que hacen difícil apoyarse en la argumentación sin la búsqueda del sentido, de manera que un lector perspicaz se abocará a la tarea de sostener la lectura bajo el influjo de una aproximación oblicua que permita encontrar una historia que aparece a contraluz, en el intersticio de cada palabra.
En ese sentido, la frondosa producción de Germán García que comienza con “Asombro” y termina con “Variedad”, no deja de llamar la atención.
Si una quiere encontrar en la selección el sesgo de la profesión del autor, ya que Germán García es psicoanalista; en los títulos el rastro de algún recorrido bajo la sospecha de ser predecible, “Al padre”, “Mujeres”, “Secreto”, sin embargo no parece más que un envoltorio con el que el autor fertiliza el material narrativo, que contradice y sugiere con las palabras, desviaciones y secuelas de otras conquistas.
Gruesos cascos parecen sus cabezas…, las palabras cristianos, se entrelaza con español, con oro, Reyes Católicos; un asedio, que desde el lenguaje manifiesta una incomodidad subjetiva, porque la historia de las conquistas hace mucho que dejaron de ser sagas de aventuras para convertirse en una dificultosa aceptación de una herencia de abusos.
La alteración del orden prosódico nos remite a una voz antigua, que somete a un entre paréntesis las pequeñas islas de texto extrapolando el tiempo y convirtiéndolo en una realidad impiadosa.
El almirante me regaló…deja entrever el relato de un testigo protagonista, el aparente sujeto de estas micro narraciones, que en la construcción refracta y desdobla el diálogo que se convierte en material de leyenda, refrendado por los diferentes temas, la comida, el sexo, el poder, el oro, el padre, el secreto; la materialidad de un universo geográfico y temporal, en apenas once fragmentos, impares, en esta composición literaria experimental.





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La clave de este número 33 de Odradek, se puede encontrar en uno de los cuentos de Roberto Gárriz, en esta ocasión, con la mención de un nombre: Monterroso, que con su texto “El dinosaurio”, ha suscitado una diversidad de publicaciones, donde se ha especulado hasta el detalle milimétrico sobre las implicancias sociales, literarias y hasta políticas de dicho cuento.
En ese texto, de sólo siete palabras, su característica más diversa es el juego, la posibilidad de que lo representado, es idealmente un juego de espacio-tiempo tal vez no tan imposible.
Odradek, se ha sumado con este número a la propuesta de atomización de historias, en las que el juego, muestra su mejor cara lúdica, o sociológica, o política, o literaria, el lector puede adoptar la visión que desee.
No tengo dudas, que tal como aquel texto famoso, este número de Odradek, operará como un dispositivo narrativo de múltiples sentidos en el que será interesante descubrir los elementos literarios que los constituyen.
En cada una de las historias, también se puede intentar ver el sesgo característico de cada autor, su manera de ver el mundo.
“Vea, Mulder…”, comienza uno de Adrián Drut; sólo con ese comienzo ya puedo especular sobre los elementos de construcción de escritura, este autor, es muy visual, coloquial, con sus personajes en relación de diálogo, ya sea con otro personaje o con el lector, presenta una ambigüedad en la ubicación de sus historias, la elección de nombres, que se asimila con ciertas series de representación en la ciencia ficción; luego, la selección de palabras como “negros”, y la frase donde lo incluye, que remite a épocas o lugares geográficos posibles, y que produce extrañamiento con la palabra “muzza”, de origen conocido para nosotros.
El tono es otra de la característica que lo define en su lugar geográfico, la musicalidad y cantidad de palabras nos resulta familiar y podemos asociarla al modismo porteño de corte policial, con lo cual se establece una ambigüedad en el género.
Otra de las señales es la imposibilidad de determinación de la intención, puede ser leído como cuento, como micro-relato, como sentencia, como diálogo inconcluso o parte de una historia conocida, presentando una característica posmodernista.
Como se observará, y seguramente no es todo lo que se puede decir sobre los breves, brevísimos textos; la originalidad de este número de Odradek, es como una gran trama, tejida en varias dimensiones, donde la atención del lector vacilará entre los géneros, las interpretaciones, la evocación y los artificios puesto en escena.
Será cuestión de dejarse llevar por la propuesta, tal como una fórmula, que marcó camino con Monterroso, provocando que la reflexión sobre la forma escrita, sea mayor incluso que la cantidad de palabras que el propio texto utiliza para producir sentido, siendo éste el mayor logro a que un texto puede aspirar.
Odradek, es un acertijo este mes.




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En señal de protesta, leo al revés.
Caminé de arriba a abajo, izquierda, derecha, diagonal, estoy segura que hasta levité, y no encontré la revista Odradek, la feria viene en decadencia, si no se puede encontrar allí una de las mejores publicaciones de cuentos, es porque los organizadores deben reestructurar las estrategias de exposición de literatura.
La feria está cada vez más bizarra.
Me crucé con Carlos Gamerro, nuestras miradas se encontraron por un segundo, y mientras la mía, lo miraba a él, la de él me atravesaba a mí; yo, por supuesto completamente invisible.
Cuento esto como introducción para decir por qué lo recomiendo en este momento, la respuesta más sencilla porque da la casualidad que lo vi, leí sus novelas en el orden: "El secreto y las voces", que me gustó tanto que me llevó a la segunda novela, "Los sueños del señor Juez", que definitivamente me encantó, y que me llevó a "Las islas", que no sólo me fascinó sino que hice extensivo este entusiasmo regalando el libro a amigos, y me condujo a "La aventura de los bustos de eva", en la que definitivamente realicé el diagnóstico de que Gamerro está loco, menos mal.
Luego leí su libro de cuentos, que también me gustó.
Coincidiendo, en el mismo espacio, se encontraba Narosky. Ellos no lo notaron, claro, pero por un segundo el universo, en un predio de 5 metros a nuestro alrededor coincidieron Narosky, Gamerro y Ana Abregú.
Para no dejar ese evento como la insinuación de un triángulo amoroso, me gustaría especular con que en realidad es una metáfora literaria, un extremo N., en el medio A., en el otro G.
La historia se contaría así: El lugar geométrico de todos los puntos del plano tal que para llegar de N. a A. hay una curva definida por una equis a enésima potencia, para los distraídos, es la definición de una curva infinita, y para ir del punto A. al G, probablemente una hipálage, o hipérbole, o para llegar de N. a G., directamente cambiar de planeta.
Hubo otros escritores, claro, pero yo prefiero relatar lo importante, me acerqué al stand de La Flor, y no encontré otro hito que se puede contar como valor prendario de Odradek, el libro de Roberto Gárriz, “Echándonos de menos”, aunque eso puede no indicar que no estaba, ya que la cantidad de gente me impidió revisar bien; sin embargo pude ver, echado tranquilamente leyendo a Divinsky, dentro de la cabinita esa donde se supone que deberían estar firmando los autores, en ese momento vacío, me gustaría que quedara escrito que imaginé que leía a Gárriz.
Entre otras cosas, en el stand de Fondo de Cultura Económica, hay libros de Salvador Elizondo por 9 pesos, de Vicente Leñero, y de otros, pero en especial quiero recomendar ese pequeño compendio de maravillitas que es “El grafógrafo” de Elizondo, aunque de ese autor, lo que más me gustó es “El hipogeo secreto”.
Hay un stand de España, de una editorial que expone, pero que no vende, en donde me indicaron está de próxima aparición un libro de Ignacio Padilla, el autor de la maravillosa “Anphitrion”. Estaremos esperando.
Luego, en el stand de chile, recomiendo hoy mismo comprar los de Diamela Eltit, que no se venden aquí, y que por alguna misteriosa razón suelen traer uno o dos ejemplares que se acaban los primero días de al feria, ya me pasó ir los últimos días, por las supuestas ofertas y encontrar la devastación triste del stand.
Conseguí “Lumpéria” de la Eltit, y un libro de Pedro Lemebel, “Serenata Cafiola” , cuyos libros “Loco Afán”, “Tengo miedo torero”, tanto me impresionaron.
Si alguien tiene algo que sugerirme me encantaría que aportara, después de todo la mística de la feria, tiene que mantenerse para que otros autores puedan aparecer aunque sea camufladas, como yo misma.
Me vi en el stand de Tusquets, en un librito de un concurso que gané hace años, un texto viejísimo; lo ví por primera vez hace tiempo, y yo, sorprendida, en ese momento, ganada por un entusiasmo sobredimensionado por un texto de 10 líneas, expuesto así, le dije al que cuidada que no roben libros: mirá en este, estoy publicada yo, ante lo que el tipo me miró con la cara más expresiva que recibí en mi vida de: a mí qué me importa.
El caso es que desde entonces, siempre visito el stand; pero el libro es astuto, cuando aparezco con alguien para que casualmente yo voltee la mirada y diga: ah, mirá, aquí me publicaron, porque la casualidad tiene buena prensa, pero en realidad hay que ayudarla un poco, tal cosa nunca ocurrió; siempre que iba con alguien el libro se escondía, cuando volvía sola, ahí aparecía.
Ayer, me encontré con un amigo, de casualidad en el propio stand, ya había ocurrido el rito de observar si el dichoso librito estaba allí y efectivamente, estaba, así que dejando de lado el montaje de la casualidad, tan ensayado durante aceitados años, lo agarré del brazo y lo arrastré para mostrarle el libro, ante lo cual, si bien sonrió, me dijo: ¿y te pagan derechos de autor cada vez que lo venden?, frase, que por supuesto desinfló completamente mi exaltación.
La feria se viene mal este año, viene bizarra.

Ana Abregú

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El clima del texto de Maria Martha Gigena, "Nota de reclamo", siempre que su recurrente protagonista Betty se hace presente en la revista Odradek, y esta vez ocurrió en la número 32, me ha gustado; en esta ocasión, además hay lluvia, que se presta precisamente para estar en una biblioteca al abrigo de libros.
Betty lee en su libretita negra; color y tamaño y letra personal, sugieren que la protagonista escribe, aunque en esta ocasión lee.
No pude dejar de notar, con cierta melancolía, que Betty llega a su trabajo, y entre el acto de abrir su libretita, comenzar a leer y levantar la vista, ya es la hora del cierre.
Trataba de encontrar el modo de expresar el tiempo en el medio, que pareció perderse, como es tan común en los escritores. Los espacios de supuesto vacío, que en su realidad están complejamente incompletos, entre la biblioteca y el clima del libro, o de su contenido, mientras que en alguna realidad, desaparece el tiempo ausente.
Entre las coincidencias y desencuentros de las cosas, las olvidadas o las encontradas, hubo una persona que desapareció en la grieta de una pequeña libreta negra, y el tiempo se hizo un pliegue en el medio.
Se ha oído decir que los escritores sienten que no viven la vida, sino que la observan, pero yo siempre he tenido la impresión que lo que ocurre es que traspasamos a esa otra realidad de los textos de los que volvemos convertidos en un organismo diferente, como si dentro de ellos ocurriera una mutación, y retornara otro ser; como si la literatura fuera una fisura que permite los deslizamientos en el tiempo.
Ya nos habíamos encontrado con Betty, allá por octubre del 2008, en el número 27 de la revista Odradek, entre aquel entonces y este nos unían Jakobson versus Jacobson, así, como en la libretita, el fuelle del tiempo nos ha encontrado nuevamente con Betty, esta vez sin saberlo, quizás, en un tiempo perdido o un tiempo encontrado, según a quién le pregunten.
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Para empezar tengo que aclarar que esta es una mirada de género, el matrimonio para mi es completamente interracial, conlleva a definir nociones de la individualidad, de la cultura, nivel político y social; aunque la palabra matrimonio no se menciona en el texto “Como una cosa resuelta”, de Germán García, se han involucrado palabras que lo insinúan, al menos en hechos.
Cuando dos personas, deciden formar un enlace estable, legitimado por la voluntad, casi como la experiencia marital, inmediatamente el acerbo cultural coloca la palabra matrimonio en la definición de la relación, aunque en el término riguroso de interracial, se define el color de piel como hecho inherente a la enunciación; para mi, todos los componentes están expuestos en el texto.
Las Violetas como escenario, y un narrador que nos cuenta lo que piensa, nos habla de la situación temporal, trabajadora sexual, vitrales, cliente, albergue transitorio, que ha producido un extraño efecto en este número de la revista Odradek, pues el matrimonio mixto, interracial, intercultural, no se refiere a los personajes de este cuento, sino a la convivencia en el mismo número con el texto de Yanina Bouche, “Flavia”.
Como dos expresiones de mundos opuestos, ambos textos coinciden en un encuentro, matrimonial; por estar en el mismo número, ahora y para siempre y la muerte no separará lo que Odradek ha unido; con las mismas intenciones, como cuando se planea un enlace, aunque con diferentes resoluciones.
En el texto de “Flavia”, las marcas son Facebook, celu, Ohlalá, y otras respuestas.
Parece que en una época, la conjunción de personas y la exposición clara de las intenciones determinaban un resultado, y en otro, la misma situación nos sorprende con otro resultado.
Lo que también es evidente que la relación de los dos textos, forman algo así como una unión étnica, esta pareja, estas dos naranjas, dirimirán sus encuentros y desencuentros con el lector, como arte y parte, que como siempre hacen los de afuera: opinan.
La buena noticia es que en este matrimonio textual, no habrá divorcio, están para siempre relacionados por el número 32 de la revista Odradek.

Ana Abregú

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Vale la pena aprovechar un feriado para dedicarse a releer la obra de Mariano Quintero publicada en Odradek.
Cada texto una isla que va configurando un archipiélago exótico. En el primer número ofrece una crítica gastronómica que se detiene en forma exclusiva en los cubiertos. Luego va alternando distintos géneros, desde la nota de actualidad al ensayo, pasando por la ficción, la crónica deportiva o la elegía, cada número sorprende porque el enfoque nunca responde a cabalidad a la expectativa que el lector entrenado puede esperar.
Quintero reivindica a los hermanos Sofovich, o cita a Sócrates, al Teeteto y a Mirtha Legrand mientras exalta los valores líricos de Rodolfo Zapata. Chancea con Aristófanes y sin despeinarse nombra al Teto Medina.
¿Quién se esconde detrás de este Quintero, un erudito investigador de los clásicos o un teleadicto de los programas de chimentos de la tarde?
¿Y el policial desharrapado que nos regala (tratándose de Odradek, nunca mejor aplicado el término) en el último número? ¿Quién es el tal Washington Sondon? En principio recuerda al personaje de Harvey Kittel en Pulp Fiction, una especie de limpiador que viene a barrer con las pruebas de cualquier delito. Pero este Washington, acaso uruguayo, se encarga de borrar los rastros de una enigmática nota que involucra una verdad respecto a Nacha Guevara –nuevamente el cabotaje se hace presente-. El policial de Quintero del número 32 parece desafiar a las series que tienen a las autopsias como elemento principal. A golpes de risa termina con los CSI volteándoles sus mesas de autopsias.
En “James”, publicado en el número 26 de la revista, había salido airoso de un duro encontronazo con la cultura del Imperio. El veredicto lo dieron, claro, las carcajadas. Pero a medida que se suceden los textos más lejos estamos de encontrar una respuesta que nos consuele acerca de Mariano Quintero. Más parece que la multiplicidad de torsos que no coinciden con las extremidades que aparecen en el último texto, puedan ser una pista válida. Podría ser Quintero uno solo con muchas y muy distintas manos, todas dedicadas a la mejor literatura.
Roberto Gárriz.

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Leve y renovado en el número 32 de la revista Odradek, Octubre, ha venido acompañándonos desde “Diario íntimo”, en el número 30 de la revista Odradek, y ántes aún, en “Tiempo”, número 29, y nos lo presentaron allá, en el número 27, “Octubre”, se desperezó en el número 28, “El pacto”, en donde la desaparición era otro personaje.
En el tiempo, como un ardid, apareció Octubre, la relación entre el tiempo de relojes y Octubre, no es sólo un artificio dentro del texto, también lo es la vida de sus personajes.
El tiempo y las desapariciones, podría decirse que son el hilo conductor de los textos con que Nora Martinez nos viene deleitando cada mes.
La desaparición de Simón y su conversión a Shim, la desaparición de juguetes bajo los muebles de cocina la desaparición de la mujer de la casa, la desaparición del tiempo y la aparición de Octubre.
Debo reconocer que la ausencia de Octubre en el número 31, no sólo me pareció notable, sino que también perturbadora, porque una cosa es un anuncio y otro un hecho.
Los textos de Nora Martinez, en referencia a Octubre, pliegan y despliegan entre sí el tiempo, de la misma manera que los personajes.
Las descripciones de la vida de Octubre, son impecables, completamente visuales, una puede ver los movimientos de Octubre ocurrir simultáneamente con las palabras, y es en el único instante en que parece que el tiempo se detiene.
Vengo siguiendo estos relatos con gran placer, ya que Nora Martinez en su nube de juegos narrativos nos enfrenta a varias paradojas, desarticulando la idea del tiempo como regulador universal de la acción y del pensamiento para convertirlos en personajes con los que es fácil establecer afectos, atentando contra la determinación del lector de colocarles un lugar específico en la perspectiva de un relato por entregas.
El hecho de ser relatos cortos, fragmentarios, atravesados por algunos meses entre publicación y publicación, me ha inducido a colocar los textos de Nora Martinez en una coincidencia en este comentario, aquí abajo, de manera que el lector pueda deleitarse leyendo los textos, que en conjunto, muestran la habilidad de esta autora en capturar de una manera sostenida nuestra atención/tensión de lectores, donde el tiempo que juega un rol soberano, sorpresivamente se suplanta por el dominio del espacio.
Excelente el texto del número 32. No sabemos si continuará, pero sin duda Octubre ha dejado, o está dejando huella. Quién sabe, no sabemos si el tiempo disolverá Octubre o el espacio resuelva devolver lo que tomó.







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