Debido a mensajes, comentarios, solicitudes de algunos lectores y pedidos en general, en esta ocasión, ofrezco a los lectores para disponer en sus sitios o blogs el material de su escritor o escritores favoritos, el material que se publica en la revista Odradek.
Se puede solicitar, incluso para ser publicado de la manera que al lector le guste ofrecer a sus propios lectores.
En esta oportunidad, los textos publicados por el escritor, psicoanalista Germán García.
Para obtener sus publicaciones de la revista Odradek, no tiene más que copiar el código que de muestra a continuación:
En su sitio el material se verá de esta manera:
Ana Abregú
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Durante casi tres años, tres exactamente en el próximo septiembre, en forma sostenida, la revista Odradek ha mantenido su caracter incontaminado de avaricia, y sigue siendo gratuita.
El esfuerzo emocional de llevar adelante un proyecto de naturaleza literaria es invisible, porque aunque todos hablan del poco apoyo que hay con la cultura en general, y con la literatura en particular, lo cierto es que los mismos que esgrimen ese discurso son los que menos hacen para aportar.
Hay actividades que son silenciosas, constantes y desinteresadas; los proyectos literarios tienen algo de esa sustancia que convive en los contornos de una postergación que se hace infinita; no parecen coexistir con las épocas, se establecen como propuestas aisladas y siguen en pie por la voluntad de los que participan.
En este día, preferí hablar de la hidalguía con que la revista Odradek sostiene el espíritu con que se inició, y con el mismo compromiso por parte de un staff de escritores que mantiene la expectativa en los lectores y en ninguna otra forma de especulación, tan común en los tiempos que corren; nos ceden un poquito, cada mes, de la médula de sus imaginarios.
Hoy les doy un gracias a todos, sin hablar de ningún texto, hoy escribo de los autores, del afán con que sostienen el ideal en el que se ha convertido la revista Odradek, una revista para leer, no para comprar.
Mis respeto a ustedes, Odradekes, que son un ejemplo de diálogo permanente con lo literario, y con la profesión más vieja del mundo: el contador de historias.
El esfuerzo emocional de llevar adelante un proyecto de naturaleza literaria es invisible, porque aunque todos hablan del poco apoyo que hay con la cultura en general, y con la literatura en particular, lo cierto es que los mismos que esgrimen ese discurso son los que menos hacen para aportar.
Hay actividades que son silenciosas, constantes y desinteresadas; los proyectos literarios tienen algo de esa sustancia que convive en los contornos de una postergación que se hace infinita; no parecen coexistir con las épocas, se establecen como propuestas aisladas y siguen en pie por la voluntad de los que participan.
En este día, preferí hablar de la hidalguía con que la revista Odradek sostiene el espíritu con que se inició, y con el mismo compromiso por parte de un staff de escritores que mantiene la expectativa en los lectores y en ninguna otra forma de especulación, tan común en los tiempos que corren; nos ceden un poquito, cada mes, de la médula de sus imaginarios.
Hoy les doy un gracias a todos, sin hablar de ningún texto, hoy escribo de los autores, del afán con que sostienen el ideal en el que se ha convertido la revista Odradek, una revista para leer, no para comprar.
Mis respeto a ustedes, Odradekes, que son un ejemplo de diálogo permanente con lo literario, y con la profesión más vieja del mundo: el contador de historias.
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Los personajes han comenzado a vagar y a emitir señales de ritualidad en Odradek, Betty, Sondon, la princesa de Beirut, Shim, Octubre, y seguro que hay otros, en una curiosa forma de regateo de información sobre sus vidas.Han comenzado a transcurrir en Odradek, entre fragmentos y universos paralelos; Sondon y la princesa de Beirut, como arquetipos de ficciones, con una propuesta de enlazar sesiones entre publicaciones.
Las voces prestadas de los personajes, los diálogos en los textos de Mariano Quintero, las descripciones de los crímenes en los textos de Germán García, en una relación de diálogo con la cultura cinematográfica o televisiva dentro del género.
Son personajes que remiten a otros personajes que representan a su vez personajes ficticios como forma de captación de los matices de la realidad.
Luego los personajes de Nora Martinez y María Marta Gigena, plantean una incertidumbre en los gestos cotidianos, en una quietud como si el aire no circulara, como si toda la atención del lector tendría que enfocarse en un punto, vértice de un relato que no se termina de resolver; los personajes se presenta como cotidianos, podemos reconocernos en ellos.
En el tiempo plano, sin relieves, los personajes están sumergidos en un presente sin transcurso; en Betty, la descripción del entorno que acompaña al personaje; son los objetos los que tienen historia, …una miniatura del bondinho con el que conoció el vértigo en Río de Janeiro…, y la biblioteca, lugar en donde están todas las historias en el mismo instante.
En Shim, el tiempo transcurre fuera de sí, pero él permanece dentro de sí mismo, en ese viaje de una búsqueda cuya sustancia es difícil de definir.
Odradek está comenzando a poblarse de personajes que en formato de fragmentos se va configurando como una estructura circular de materia novelesca, cuya mayor virtud es que todo se encuentra en el mismo lugar, en la revista Odradek, en el número 36.
Ana Abregú
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Aires de policial respira la revista Odradek de este mes la número 36, aunque viene asomando la tendencia desde números anteriores.
Me llama la atención que con estilos tan disímiles, tanto en el texto de “la señora de Dalí” (segunda parte), de Germán García, como en “Washington Sondon y el regreso de Concha Rayada (parte II)”, de Mariano Quintero, se pueden relacionar, aunque en sus peculiares estilos, la predilección de ambos narradores por minimizar entidades abstractas o sentimientos humanos.
La realidad perceptiva de los personajes se da en los olores, y no en el relato de la escena, mientras que es el relato de las escenas, lo que perturba al lector, que por supuesto no percibe el olor.
En el relato de Mariano Quintero, el olor del gato muerto, los intestinos, las vísceras expuestas; en el de Germán García, el suceso ocurre en la cocina.
Los desmembramientos los une.
La descripción de las muertes, se fragua en una sustancia verbal versátil, elocuente en exceso, como si la profusión de sangre y miembros tuviera como propósito anestesiar la sensibilidad del lector.
No sé qué se traen ambos autores, pero me preocupa que en un caso apareció “el crítico” muerto, y en el otro, aún no se sabe nada sobre quién es el que fue a parar a la heladera.
Ambos relatos se ciñen al orden del descubrimiento de los sucesos; misterio y aventura parecen el sello distintivo; narraciones por entregas, de las que el teórico alemán Walter Benjamin asociaba como la penetración de la lógica capitalista al ámbito literario.
No me quiero adelantar, pero cuando Washington Sondon aparezca por el Guaraní, invitado por Adrián Drut, que no sea por creer que allí puede encontrar a la periodista, y que resulte ser la princesa de Beirut.
Ana Abregú.
Me llama la atención que con estilos tan disímiles, tanto en el texto de “la señora de Dalí” (segunda parte), de Germán García, como en “Washington Sondon y el regreso de Concha Rayada (parte II)”, de Mariano Quintero, se pueden relacionar, aunque en sus peculiares estilos, la predilección de ambos narradores por minimizar entidades abstractas o sentimientos humanos.
La realidad perceptiva de los personajes se da en los olores, y no en el relato de la escena, mientras que es el relato de las escenas, lo que perturba al lector, que por supuesto no percibe el olor.
En el relato de Mariano Quintero, el olor del gato muerto, los intestinos, las vísceras expuestas; en el de Germán García, el suceso ocurre en la cocina.
Los desmembramientos los une.
La descripción de las muertes, se fragua en una sustancia verbal versátil, elocuente en exceso, como si la profusión de sangre y miembros tuviera como propósito anestesiar la sensibilidad del lector.
No sé qué se traen ambos autores, pero me preocupa que en un caso apareció “el crítico” muerto, y en el otro, aún no se sabe nada sobre quién es el que fue a parar a la heladera.
Ambos relatos se ciñen al orden del descubrimiento de los sucesos; misterio y aventura parecen el sello distintivo; narraciones por entregas, de las que el teórico alemán Walter Benjamin asociaba como la penetración de la lógica capitalista al ámbito literario.
No me quiero adelantar, pero cuando Washington Sondon aparezca por el Guaraní, invitado por Adrián Drut, que no sea por creer que allí puede encontrar a la periodista, y que resulte ser la princesa de Beirut.
Ana Abregú.
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Hay un encanto irresistible para mi, en el relato de Shim y la gata Octubre, la mirada del lector espía esa vida que acontece en detalles, que por descripción de la autora Nora Martinez, es como si transcurriera de un modo en que el aire no circulara, como si la asfixia de las ausencias hubieran ahogado más que una vida, todo a su alrededor.
Me conmueve el tiempo estático pero a su vez de inminencia; la voz intimista del narrador y el relato de transformaciones en los pensamientos de Shim donde la realidad, los sueños e incluso la relación con la gata están ofreciéndose como un conjunto aislado, un mundo organizado en repeticiones que abren y cierran los relatos de la vida de Shim, marcado por un sentimiento de abandono y de búsqueda que no siempre son los recuerdos, sino esa presencia de un animal que representa no sólo el tiempo, que no parece transcurrir, aunque ha desaparecido, quién sabe, inexorablemente; sino el afecto perdido, la realidad evanescente de las cosas, que no pueden ser duplicadas ni suplantadas.
La atmosfera de la vida del personaje, se dibuja como una búsqueda que parece inmediata: Octubre, el tiempo, la gata; pero la narración se dobla en sí misma y las circunstancias de Shim; el silencio que se escapa de la ficción, se rompe por el grito de la gata falsa que resigna el relato para dejar nuevamente el espacio al silencio y caer en los pensamientos de Shim, lo cíclico se representa con lo sonoro, no en las búsquedas, que parecen infructuosas.
Hay textos que una no comprende qué fibras mueve dentro de una, será que es como si Nora Martinez, desde hace varios números en Odradek, y en especial el número 36 de la revista Odradek, “La revelación”, nos retacea justamente eso: la revelación; o lo que queremos que se revele, no es exactamente lo que deseamos que se revele.
Cada lector tendrá su propia opinión sobre el destino de Octubre y Shim, pero yo, desde este espacio, he decido devolverle Octubre a Shim -mish-
Valga como una especie de respiro a la causa incansable de búsqueda por parte de Shim, que es, creo, la búsqueda de casi todos los escritores desde Proust, la búsqueda del tiempo perdido.
Me conmueve el tiempo estático pero a su vez de inminencia; la voz intimista del narrador y el relato de transformaciones en los pensamientos de Shim donde la realidad, los sueños e incluso la relación con la gata están ofreciéndose como un conjunto aislado, un mundo organizado en repeticiones que abren y cierran los relatos de la vida de Shim, marcado por un sentimiento de abandono y de búsqueda que no siempre son los recuerdos, sino esa presencia de un animal que representa no sólo el tiempo, que no parece transcurrir, aunque ha desaparecido, quién sabe, inexorablemente; sino el afecto perdido, la realidad evanescente de las cosas, que no pueden ser duplicadas ni suplantadas.
La atmosfera de la vida del personaje, se dibuja como una búsqueda que parece inmediata: Octubre, el tiempo, la gata; pero la narración se dobla en sí misma y las circunstancias de Shim; el silencio que se escapa de la ficción, se rompe por el grito de la gata falsa que resigna el relato para dejar nuevamente el espacio al silencio y caer en los pensamientos de Shim, lo cíclico se representa con lo sonoro, no en las búsquedas, que parecen infructuosas.
Hay textos que una no comprende qué fibras mueve dentro de una, será que es como si Nora Martinez, desde hace varios números en Odradek, y en especial el número 36 de la revista Odradek, “La revelación”, nos retacea justamente eso: la revelación; o lo que queremos que se revele, no es exactamente lo que deseamos que se revele.
Cada lector tendrá su propia opinión sobre el destino de Octubre y Shim, pero yo, desde este espacio, he decido devolverle Octubre a Shim -mish-
Valga como una especie de respiro a la causa incansable de búsqueda por parte de Shim, que es, creo, la búsqueda de casi todos los escritores desde Proust, la búsqueda del tiempo perdido.
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La palabra soul siempre me hace pensar en el Jazz. No se puede decir alma y sentir lo mismo, de manera que hay que solicitar a la academia Real Española que incorpore la palabra Soul, pero ahora con status de español, y componente importante de la ciencia de la ornitología, ciencia que se ocupa del estudio de las aves, ya que según la leyenda, Charlie Parker le aportó mucho a la disciplina e incluso tiene un disco con ese nombre y no por nada apodaban “el Bird”.
Dicen que el nombre de las cosas trae las cosas al presente, es lo que me produjo el texto de Adrián Drut, “Enlargue your penis” en el número 36 de la revista Odradek.
El título, acorde a la referencia de Subject muy conocidos de mails considerados Spam, que a todos nos ha invadido en numerosas ocasiones.
La relación de tamaño, motor, velocidad, jazz, son históricamente marcas masculinas, y por supuesto el título; el texto de Adrián Drut respira y emana testosterona, disemina elementos sonoros con los que reúne elementos del mundo viril y el mundo del cuerpo masculino.
Cuestiones, casi vedadas a la sensibilidad femenina, y precisamente por esa razón, a su vez magnéticas.
Quizás por ello han aparecido en estos días ciertos mensajes de adhesión a los textos de Adrián Drut en el blog de la revista Odradek.
La literatura, frente a la música, se coloca de costado y da cuenta de sus efectos, de sus desbordes, nunca la suplanta ni la infiere, en ese sentido, la propuesta de Drut, se parece a la mixtura entre el homenaje a una época y los dispositivos del lenguaje y el cuerpo que expresan la forma en que los atributos masculinos penetraban el “mundo blanco”, usando como vehículo de asimilación el rasgo musical que más se identifica con el color: el jazz.
Charlie Parker era el maestro del Bebop, término acuñado para enunciar un nuevo tipo de música, que explotaba en saltos bruscos, expresaban un concepto distinto de la estética melódica en uso (a propósito de la palabra, Charlie sarcásticamente decía que era la onomatopeya del golpe de una cachiporra policial en la cabeza de un negro), Charlie Parker, se instaló cómodamente en “El perseguidor” de Cortazar, y ahora en el texto de Adrian Drut, como si se igualaran ante el mismo rito.
Texto mordaz. Se puede leer en el número 36 de la revista Odradek.
Dicen que el nombre de las cosas trae las cosas al presente, es lo que me produjo el texto de Adrián Drut, “Enlargue your penis” en el número 36 de la revista Odradek.
El título, acorde a la referencia de Subject muy conocidos de mails considerados Spam, que a todos nos ha invadido en numerosas ocasiones.
La relación de tamaño, motor, velocidad, jazz, son históricamente marcas masculinas, y por supuesto el título; el texto de Adrián Drut respira y emana testosterona, disemina elementos sonoros con los que reúne elementos del mundo viril y el mundo del cuerpo masculino.
Cuestiones, casi vedadas a la sensibilidad femenina, y precisamente por esa razón, a su vez magnéticas.
Quizás por ello han aparecido en estos días ciertos mensajes de adhesión a los textos de Adrián Drut en el blog de la revista Odradek.
La literatura, frente a la música, se coloca de costado y da cuenta de sus efectos, de sus desbordes, nunca la suplanta ni la infiere, en ese sentido, la propuesta de Drut, se parece a la mixtura entre el homenaje a una época y los dispositivos del lenguaje y el cuerpo que expresan la forma en que los atributos masculinos penetraban el “mundo blanco”, usando como vehículo de asimilación el rasgo musical que más se identifica con el color: el jazz.
Charlie Parker era el maestro del Bebop, término acuñado para enunciar un nuevo tipo de música, que explotaba en saltos bruscos, expresaban un concepto distinto de la estética melódica en uso (a propósito de la palabra, Charlie sarcásticamente decía que era la onomatopeya del golpe de una cachiporra policial en la cabeza de un negro), Charlie Parker, se instaló cómodamente en “El perseguidor” de Cortazar, y ahora en el texto de Adrian Drut, como si se igualaran ante el mismo rito.
Texto mordaz. Se puede leer en el número 36 de la revista Odradek.
Ana Abregú
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El texto de Ezequiel De Rosso, en el número 36 de la Revista Odradek, "la lección de Valdemar” despierta el interés en el relieve y organización del lenguaje, desguazando ciertos términos como una partitura, organizando un nuevo armónico.
Toma una palabra, se apropia de ella y despliega un análisis óntico u ontológico del término, es decir en el sentido de dilucidar el concepto como explicación científica.
Con una descripción aparentemente normativa, explora la idea de que una explicación consiste en mostrar que la estructura semántica de la palabra da cuenta de la imposibilidad de explicar la estructura causal del mundo, cuando se supone su origen.
Usando el mismo concepto, atinente al término argumento, dice la Real Academia Española: “Razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”. Que me hizo pensar en la relación entre una argumentación de organización del lenguaje y la organización filosófica del lenguaje, en ésta última acepción, una argumentación sería: “El que parte de la oposición entre dos hechos para concluir del uno lo contrario de lo que ya se sabe del otro”. Lo cual quiere decir todo lo contrario.
Demás está decir que me fascinan los planteos de Ezequiel De Rosso, con su texto del número 36 de la revista Odradek, sobre todo el provocativo título y la inclusión de personajes de Poe, que marcan en una dirección literaria la noción del saber, reestructurando lo que parece el desarrollo de una ficción, utilizando la disposición técnica del concepto del lenguaje: la taxonomía, que trata de los principios, métodos y fines para la clasificación de las palabras o sus nombres y su definición, para luego revocarlos como principio del sentido.
Imperdible. En el número 36 de la Revista Odradek, Ezequiel De Rosso, brilla.
Toma una palabra, se apropia de ella y despliega un análisis óntico u ontológico del término, es decir en el sentido de dilucidar el concepto como explicación científica.
Con una descripción aparentemente normativa, explora la idea de que una explicación consiste en mostrar que la estructura semántica de la palabra da cuenta de la imposibilidad de explicar la estructura causal del mundo, cuando se supone su origen.
Usando el mismo concepto, atinente al término argumento, dice la Real Academia Española: “Razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”. Que me hizo pensar en la relación entre una argumentación de organización del lenguaje y la organización filosófica del lenguaje, en ésta última acepción, una argumentación sería: “El que parte de la oposición entre dos hechos para concluir del uno lo contrario de lo que ya se sabe del otro”. Lo cual quiere decir todo lo contrario.
Demás está decir que me fascinan los planteos de Ezequiel De Rosso, con su texto del número 36 de la revista Odradek, sobre todo el provocativo título y la inclusión de personajes de Poe, que marcan en una dirección literaria la noción del saber, reestructurando lo que parece el desarrollo de una ficción, utilizando la disposición técnica del concepto del lenguaje: la taxonomía, que trata de los principios, métodos y fines para la clasificación de las palabras o sus nombres y su definición, para luego revocarlos como principio del sentido.
Imperdible. En el número 36 de la Revista Odradek, Ezequiel De Rosso, brilla.
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Son subrepticios, y te obligan a mirarlos durante minutos, porque te preguntas si ellos no saben algo de la obra que estás por leer, que vos no sabés, ni sabrás aún luego de haberla leído.
Su presencia es como la de una deidad, que sabe experimentar, buscar, imaginar, explicar construir, criticar lo que habrás leído en unos momentos, no sólo porque comparte con los textos los mismos dos colores, sino porque son como una señal, un faro, un signo, un monograma en cada número, que lo identifica mucho más que el número mismo de la revista. La número 35, suelo comentar, la número 20, pero en cuanto me reúno con alguien, la identificación no es por el número, sino por la serie de personajes que acompañan a la revista en cada número.
En esta ocasión quise hacer notar que la incorporación de esa imagen o a veces varias que adornan la aparición de la revista Odradek no pasa inadvertida; en la número 35, por ejemplo, el personaje nos mira, “Gol”, de Miguel Florio, le ha dado un nombre particular a este número de la revista Odradek: “la del futbolero”, y así, una revista profusa en personajes y situaciones ha pasado a llevar su marca con el nombre de los personajes que la habitan, pero no de los personajes literarios, sino de los personajes ilustrados.
Parece una ironía.
La número 34, por ejemplo, causó un problema, en principio porque lo primero que hice fue buscar la señal, el personaje, el intruso, y debido a su ausencia, no le quedó más remedio que tomar el nombre de “la revista en la que Yanina Bouche nos clavó de punta”, reincidiendo en la idea de la identificación mediante algún aspecto visual en la revista, usando en ese caso una alegoría.
La ilustradora más asidua es Nora Martínez, así que la diferentes publicaciones de Odradek fueron bautizadas debido al capricho interpretativo de esa autora, la número 33 fue “la del Banco”, la 32, “Los tipos”, de Miguel Florio, por ir a cualquier otro número al azar, la 18, fue “Estática”, de Nora Martínez y así.
En una revista de literatura, hay márgenes, hay textos vecinos, hay una marca geográfica de textos, un orden que reconfigura en algunos casos la lectura, incluso determinados textos en el mismo número son motivo de relación entre ellos que sorprende a los autores tanto como a los lectores.
Esta vez, valga un homenaje a los ilustradores de la revista, que no por no ser mencionados entre las lecturas, pasan desapercibidos, sino más bien configuran una características de cada número que refuerza la identidad de la revista Odradek.
Su presencia es como la de una deidad, que sabe experimentar, buscar, imaginar, explicar construir, criticar lo que habrás leído en unos momentos, no sólo porque comparte con los textos los mismos dos colores, sino porque son como una señal, un faro, un signo, un monograma en cada número, que lo identifica mucho más que el número mismo de la revista. La número 35, suelo comentar, la número 20, pero en cuanto me reúno con alguien, la identificación no es por el número, sino por la serie de personajes que acompañan a la revista en cada número.
En esta ocasión quise hacer notar que la incorporación de esa imagen o a veces varias que adornan la aparición de la revista Odradek no pasa inadvertida; en la número 35, por ejemplo, el personaje nos mira, “Gol”, de Miguel Florio, le ha dado un nombre particular a este número de la revista Odradek: “la del futbolero”, y así, una revista profusa en personajes y situaciones ha pasado a llevar su marca con el nombre de los personajes que la habitan, pero no de los personajes literarios, sino de los personajes ilustrados.
Parece una ironía.
La número 34, por ejemplo, causó un problema, en principio porque lo primero que hice fue buscar la señal, el personaje, el intruso, y debido a su ausencia, no le quedó más remedio que tomar el nombre de “la revista en la que Yanina Bouche nos clavó de punta”, reincidiendo en la idea de la identificación mediante algún aspecto visual en la revista, usando en ese caso una alegoría.
La ilustradora más asidua es Nora Martínez, así que la diferentes publicaciones de Odradek fueron bautizadas debido al capricho interpretativo de esa autora, la número 33 fue “la del Banco”, la 32, “Los tipos”, de Miguel Florio, por ir a cualquier otro número al azar, la 18, fue “Estática”, de Nora Martínez y así.
En una revista de literatura, hay márgenes, hay textos vecinos, hay una marca geográfica de textos, un orden que reconfigura en algunos casos la lectura, incluso determinados textos en el mismo número son motivo de relación entre ellos que sorprende a los autores tanto como a los lectores.
Esta vez, valga un homenaje a los ilustradores de la revista, que no por no ser mencionados entre las lecturas, pasan desapercibidos, sino más bien configuran una características de cada número que refuerza la identidad de la revista Odradek.
Ana Abregú
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Para los que vienen siguiendo los textos de Germán García, ya estarán acostumbrados a la teatralidad que permean los nombres de sus personajes, que parece dar cuenta de un cortejo con una mitología personal, cultivada, con pretextos ocultos o motivos de orden que afectan la voz del narrador, como al pasar, que escucha pequeños relatos, a veces fragmentos.
En lo profuso del impacto de los sustantivos, la elección de nombres que diseminan un sentido con cierta vibración subyace la construcción de una verbalidad en el lenguaje; en este número, el 35 de la revista Odradek, con el texto “La señora de Dalí”, Germán García, con cierta tendencia hiperbólica,…primo menor llamó a un amigo, que llamó a otro. Así, los siete varones de la casa estuvieron con ella…, mantiene una preponderancia de los nombres; en el título: Dalí, el personaje, la princesa de Beirut, y la escena, que es ante todo la respiración de un relato policial, con elisiones y enigmas, y un desborde que establece un diálogo informativo de los personajes, sus antecedentes, la inminencia de un suceso, y la promesa de una historia de persistente insistencia entre los escritores de Odradek.
El suspenso parece circular cómodamente entre las propuestas de la revista Odradek, deslizándose entre las formas narrativas que tienen por consigna un formato breve, pero no por ello menos lujurioso, al sembrar promesas de géneros diversos, cuento, relatos, comentarios, ensayos, textos que no se dejan clasificar fácilmente.
Quizás su mejor virtud.
En lo profuso del impacto de los sustantivos, la elección de nombres que diseminan un sentido con cierta vibración subyace la construcción de una verbalidad en el lenguaje; en este número, el 35 de la revista Odradek, con el texto “La señora de Dalí”, Germán García, con cierta tendencia hiperbólica,…primo menor llamó a un amigo, que llamó a otro. Así, los siete varones de la casa estuvieron con ella…, mantiene una preponderancia de los nombres; en el título: Dalí, el personaje, la princesa de Beirut, y la escena, que es ante todo la respiración de un relato policial, con elisiones y enigmas, y un desborde que establece un diálogo informativo de los personajes, sus antecedentes, la inminencia de un suceso, y la promesa de una historia de persistente insistencia entre los escritores de Odradek.
El suspenso parece circular cómodamente entre las propuestas de la revista Odradek, deslizándose entre las formas narrativas que tienen por consigna un formato breve, pero no por ello menos lujurioso, al sembrar promesas de géneros diversos, cuento, relatos, comentarios, ensayos, textos que no se dejan clasificar fácilmente.
Quizás su mejor virtud.
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De los nombres no se entra y se sale impune sin que haya alguna sospecha de fraude; el nombre que le da existencia a lo que no existe, es también, lo que le da identidad a todo; al menos es lo primero que aprendemos cuanto podemos escribir la primera palabra.
Lo interesante de los textos de Nora Martinez, en la revista Odradek, es que nos hace desestabilizar esas certezas, con sus personajes del texto “Los nombres”, en el número 35 de la revista Odradek, establece un juego narrativo de cómo una extensión de los reflejos de los relatos anteriores, la vida de Shim, su protagonista, parece casi líquida, se desliza como si flotara; de vez en cuando se asoma sobre la superficie anfibia de su existencia y traspasa una dimensión, en la que la realidad, la memoria, la nostalgia, nos muestran una perspectiva de su vida con la que podemos identificarnos; como si la luz de una irrealidad que brilla sobre sus pensamientos no iluminara a ninguno.
Especialmente las descripciones,… el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos…, suministran un clima sumamente efectivo, nos transmite una enorme ternura por Shim, y sus circunstancias.
Shim vive deslices mundanos, eso evita la fatiga por lo definitivo con que una tiende a relacionar al personaje, un poco porque todo parece que se va, que se diluye; pero la autora logra, con pequeños trazos, marcar la mirada con una historia diminuta resuelta en los detalles.
Casi todos podemos cambiar de nombre, usar un doble, un seudónimo, hacernos pasar por alguien, pero pocas veces se puede lograr que sea el cuerpo el que decide calzar en el nombre, y esa maravilla es la propone Nora Martinez con su hermoso relato sobre el gato Octubre.
Lo interesante de los textos de Nora Martinez, en la revista Odradek, es que nos hace desestabilizar esas certezas, con sus personajes del texto “Los nombres”, en el número 35 de la revista Odradek, establece un juego narrativo de cómo una extensión de los reflejos de los relatos anteriores, la vida de Shim, su protagonista, parece casi líquida, se desliza como si flotara; de vez en cuando se asoma sobre la superficie anfibia de su existencia y traspasa una dimensión, en la que la realidad, la memoria, la nostalgia, nos muestran una perspectiva de su vida con la que podemos identificarnos; como si la luz de una irrealidad que brilla sobre sus pensamientos no iluminara a ninguno.
Especialmente las descripciones,… el ambiente se viera totalmente intoxicado de trapos…, suministran un clima sumamente efectivo, nos transmite una enorme ternura por Shim, y sus circunstancias.
Shim vive deslices mundanos, eso evita la fatiga por lo definitivo con que una tiende a relacionar al personaje, un poco porque todo parece que se va, que se diluye; pero la autora logra, con pequeños trazos, marcar la mirada con una historia diminuta resuelta en los detalles.
Casi todos podemos cambiar de nombre, usar un doble, un seudónimo, hacernos pasar por alguien, pero pocas veces se puede lograr que sea el cuerpo el que decide calzar en el nombre, y esa maravilla es la propone Nora Martinez con su hermoso relato sobre el gato Octubre.
Ya estoy ansiosa por saber qué pasará en el próximo capítulo.
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Etiquetas: Ana Abregú, cuentos de escritores, literatura latinoamericana, Nora Martinez, Odradek, relatos
En la construcción mitológica de la revista Odradek, hay ambigüedades respecto a su comienzo misterioso, nació espejada, o es papel que se virtualizó o es virtual y se papelizó, mientras lo kafkiano se pierde en los laberintos burocráticos, y lo rulfiano es habitante del llano, los Odradekianos son habitantes de bares, ni virtual, ni de papel: de bares.
La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.
La dimensión del espacio de bares que son como laberintos con muros y techos, donde igualmente el hombre de pierde; no es el agobio de trámites del personaje de Kafka, ni es el totalmente el desierto seco del llano, pero parece que las historias nacen en el rumor del bar, como en el llano llegan envueltas en el rumor del viento.
El bar para Odradek, como el viento en Rulfo, no es un personaje, es la personalidad de Odradek: su carácter; es el lugar donde nacen las transformaciones, como si en los bares se formara el signo y la fisonomía del próximo número.
Algunas historias fueron contadas en el bar de reunión de los Odradek, como se supo en el número 34 de la revista, con el texto “Encuentro” de Mariano Quintero, en el número 35, en “Buscando desesperadamente a Sondon” de Adrián Drut, en otro o mismo bar, me da la sensación de extensión en la que se resguardan las historias al amparo de un rito muy de escritores, el espacio del bar como momento específico literario, como si las historias tuvieran preferencia por el rumor desordenado de los bares y aletearan entre los Odradek, a veces para el encuentro, a veces para el desencuentro.
El lugar en donde los autores, narradores y personajes se igualan, y se transforman en entidades textuales, en recursos retóricos.
Hay una figuración más que humana en el espacio, como si nos invitara a compartir su forma y a integrarnos en el clima del nacimiento de cada historia, como si en lo informe y secreto del germen de las historias, nos estuvieran dejando ver una pequeña pista sobre la línea que define el espacio literario.
En el bar, que en esta ocasión hasta me ha incluido a mí, aparece la construcción incesante y ritual con que cada mes se revela en Odradek.
Entre otras cosas, por la sorpresa de ver mi nombre impreso compartiendo ese espacio, y por los indicios que he creído descubrir por aquí o allá, si el bar fuera el que mencionó Mariano Quintero en el número 34 de la revista Odradek, es imperdonable que entre las vituallas mencionadas en este número que el grupo ha consumido, no se encontrara esa pequeño manjar gótico llamado “cuernito”, que sólo sirven en ese bar, precisamente, en el Guaraní.
Es casi tan imperdonable como que Washington Sondon no acudiera a la cita.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Si hay algún agente común en el número 34 de la revista Odradek, podría numerar al menos tres, la vejez, Odradek y la muerte.
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.
Ana Abregú
Odradek es un recorrido, que a veces ocurre con la letra, a veces con el tiempo, en ocasiones con el espacio y bastante a menudo con los temas, con ese conjunto de elementos las palabras se convierten en síntomas.
A menudo Odradek nos recuerda que somos sujetos del lenguaje.
En “Encuentro” de Mariano Quintero, el espacio de la revista, se integra al espacio del texto, una señal de la composición del personaje, la revista, los escritores, los narradores.
Lo interesante es que hay algún clima que envuelve al grupo en determinadas circunstancias, y he imaginado que de esa sustancia climática surgen temas, determinadas tramas, casualidad o causalidad, que se resuelve en la revista.
En este número, “Imágenes”, de Nora Martinez, “Senilidades”, de Germán García, “cuentos seniles: conspiraciones”, de Roberto Gárriz, coinciden con sus personajes, la muerte y la propia Odradek.
Me gustó muchísimo el clima de “Imágenes”, de Nora Martinez, a la que queda muy bien el título, la descripción ausente pero presente de la señora Shim, y Octubre, cuyo destino quedó suspendido allá en el número anterior y al cual hice referencia en “Abdujeron a Octubre”.
En la propuesta de Germán García, y los dobles, dos capítulos o dos partes, dos puntos de vista, dos personajes, dos focalizaciones, dos lados de un sueño o de una muerte, o la vigilia y el sueño, una realidad como sueño, o al revés, el sueño es realidad y realidad es sueño, el lector tendrá que tomar decisiones.
Luego en el texto de Roberto Gárriz, que tal ve no lo dice todo en el título: Conspiraciones, pero que nos concentra en la propuestas de estos personajes, con algunos de los mitos urbanos o no tanto mito.
Será que la coincidencias entre la senilidad y la edad son siempre teorías sobre la muerte, que en suma, en los personajes, como fuera de la materialidad de la palabra dialogan con Odradek, hacen planteos a sus autores, como una travesura en la que los narradores juegan a ser los autores.
En este número la versatilidad de Odradek se intensifica.
Ana Abregú
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