Leí el texto multifacético de Ezequiel De Rosso, en la revista Odradek, el número 26, y en cuanto pude salir del shock, me interesó la propuesta secreta, fue como si estuviera presenciando la puesta en escena del relato de una sibila, con frases aparentemente desafinadas, y heterogéneos arcanos.
Después me aboqué a encontrar los 6 grados que deben existir entre kinética, la energía que un objeto tiene en virtud de su movimiento y kincón, como un texto kafkiano en donde la realidad está en un nivel superior.
Kafka, original, profundo y extraordinariamente vital, supo explayarse en el kairos, el momento justo, el momento de claridad, el momento en el espacio temporal, de la epifanía, de la iluminación; el momento literario de la introspección, y el momento de los instantes desplegados con todas las fuerzas cayendo como en un vórtice de significantes.
Me inventé calzar en ese espíritu e imaginé, en el texto de De Rosso, Otro desastroso rito astral: de estados kinéticos, revelar sus pistas: la letra k, que sin contar el nacimiento de la revista Odradek, eludiendo otros significados que prefiero considerar efímeros, es casi una refugiada en nuestra lengua.
En una misma línea, no una frase, sino en una línea, encendida de emblemas, Rotschenko y su ineludible relación entre el constructivismo ruso y Franz Ferdinand, como si el hecho de nominarla Kantiana la despojara de sus enigmáticos sentidos.
Se volvió descomunal el resplandor de entremedio del texto, o del metatexto, el tal vez, falso vibrato de las obras de Kandinsky, me ensordeció, y el mensaje se volvió oscuro con un Kerouac que definitivamente invita al insomnio.
Fui cayendo en un agujero negro y quedé peligrosamente girando en el borde del abismo de este texto que parece interminable.
Me gustaría que ayudaran los lectores, con sus comentarios, a seguir curioseando por el canto de este texto que emite tantas señales que se volvió prepotente.
Después me aboqué a encontrar los 6 grados que deben existir entre kinética, la energía que un objeto tiene en virtud de su movimiento y kincón, como un texto kafkiano en donde la realidad está en un nivel superior.
Kafka, original, profundo y extraordinariamente vital, supo explayarse en el kairos, el momento justo, el momento de claridad, el momento en el espacio temporal, de la epifanía, de la iluminación; el momento literario de la introspección, y el momento de los instantes desplegados con todas las fuerzas cayendo como en un vórtice de significantes.
Me inventé calzar en ese espíritu e imaginé, en el texto de De Rosso, Otro desastroso rito astral: de estados kinéticos, revelar sus pistas: la letra k, que sin contar el nacimiento de la revista Odradek, eludiendo otros significados que prefiero considerar efímeros, es casi una refugiada en nuestra lengua.
En una misma línea, no una frase, sino en una línea, encendida de emblemas, Rotschenko y su ineludible relación entre el constructivismo ruso y Franz Ferdinand, como si el hecho de nominarla Kantiana la despojara de sus enigmáticos sentidos.
Se volvió descomunal el resplandor de entremedio del texto, o del metatexto, el tal vez, falso vibrato de las obras de Kandinsky, me ensordeció, y el mensaje se volvió oscuro con un Kerouac que definitivamente invita al insomnio.
Fui cayendo en un agujero negro y quedé peligrosamente girando en el borde del abismo de este texto que parece interminable.
Me gustaría que ayudaran los lectores, con sus comentarios, a seguir curioseando por el canto de este texto que emite tantas señales que se volvió prepotente.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Uno de los dos tiene suerte, dicen.
Si hay algo que unen a Kafka y una mariposa monarca es precisamente la metamorfosis, algunos pueden ver en el texto de Kafka un atisbo de la aterradora idea de ser confinado dentro de un exoesqueleto; aunque se puede comprender cierta distancia entre una crisálida que devendrá en mariposa y un hombre que va hacia el estadio de insecto, ambas posibilidades se ven enfrentadas a un hecho que, liberador o no, manifiesta ineludiblemente la decisión de la naturaleza en resolver una existencia sin explicaciones ni revelar un objetivo.
Si hay algo que unen a Kafka y una mariposa monarca es precisamente la metamorfosis, algunos pueden ver en el texto de Kafka un atisbo de la aterradora idea de ser confinado dentro de un exoesqueleto; aunque se puede comprender cierta distancia entre una crisálida que devendrá en mariposa y un hombre que va hacia el estadio de insecto, ambas posibilidades se ven enfrentadas a un hecho que, liberador o no, manifiesta ineludiblemente la decisión de la naturaleza en resolver una existencia sin explicaciones ni revelar un objetivo.
¿Es mejor el destino de una mariposa monarca que el de Gregorio Samsa?
Averigualo leyendo el texto de Carmen Arriaga en el primer número virtual de la revista Odradek.
Averigualo leyendo el texto de Carmen Arriaga en el primer número virtual de la revista Odradek.
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El 28 de agosto de 2008 en el marco del llamado a concurso para cubrir el cargo de Profesor Regular Titular con dedicación exclusiva de la materia “Literatura Latinoamericana II” de la Carrera de Letras, tuvieron lugar entrevistas y pruebas de oposición.
Concursaban para el cargo el profesor Roberto Augusto Ferro JTP (jefe de trabajos Prácticos) de Literatura Latinoamericana II y profesor adjunto interino para el dictado de seminarios de grado y posgrado, Susana Betriz Cella, también JTP de Literatura Latinoamericana II y profesora de Literaturas Eslavas.
El jurado integrado por las Doctoras Graciela Cariello, Ana María Zubieta y María de las Mercedes García Saravi debía evaluar los antecedentes, la entrevista personal, el plan de labor docente, el proyecto de investigación y la prueba oral, para finalmente sugerir un orden de mérito para elevar al Consejo Directivo de la facultad, como paso previo a que luego que el Consejo Directivo atienda o no esa recomendación, el Consejo Superior de la Universidad designe al postulante en el cargo concursado.
La actuación del jurado, se entiende, estaba destinada a evaluar cuál de los dos postulantes estaba mejor preparado para el cargo: el especialista en literatura latinoamericana o la profesora de literaturas eslavas.
Sorpresivamente el orden de méritos consagró en primer lugar a la profesora Susana Cella, relegando al Dr Roberto Ferro.
Para llegar a esa conclusión omitió detallar y evaluar los antecedentes, publicaciones y méritos de uno y otro haciendo vagas e imprecisas referencias, como se verá, con el objeto de igualar a los postulantes y llegar a una decisión amañada.
Luego a la hora de pronunciarse respecto a la entrevista personal y a la prueba oral fue por lo menos parcial, discriminando al Dr Roberto Ferro a favor de la finalmente ungida Prof Susana Cella.
En los antecedentes, como es de público conocimiento, el Dr Roberto Ferro cuenta con amplia experiencia en el dictado de cursos, seminarios de grado y de Posgrado, ya aceptando que se deja de lado la vasta experiencia en Instituciones ajenas a la universidad, es indudable que el número de estos antecedentes es importante, sin embargo en relación al mismo. La resolución indica: numerosos cursos y seminarios, como si el dar dos cursos, que “combina” con la categoría “numerosos” fuera lo mismo que decenas de cursos en años de dedicación.
No hay que ser muy suspicaz para notar que en dicha denominación “numerosos”, calza tanto el que hizo dos como el que realizó cientos, con lo cual es obvia la maniobra para que cualquiera pueda reflejarse en ese dictamen sin tener en cuenta, ni relevancia de seminarios, ni cantidad, ni la obvia convocatoria que uno de los candidatos tiene en comparación con el otro.
Incluso teniendo en cuenta que el número de cursos y seminarios, no es siempre sinónimo de calidad, debemos tener en cuenta que se habla de seminario de maestría en la Universidad Autónoma de México (UNAM), seminario dictado en el MALBA, seminarios dictados en universidades de Venezuela, Francia e Italia; expositor en Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, México, Francia e Italia y toda institución internacional en la cual el reconocimiento al trabajo del Dr. Roberto Ferro es ya indiscutible, esto frente a, ¿cuáles son los antecedentes al respecto de la profesora Susana Cella? No se sabe porque la ambigüedad del dictamen deja a oscuras esos datos, como relegando la importancia que precisamente es la intención y objeto de los concursos: la calidad y reconocimiento de una trayectoria y la posibilidad en la enseñanza que brinda el objetivo final: que los alumnos se beneficien del docente más idóneo.
Es decir, el procedimiento que tiene que garantizar que se debe tener en cuenta un análisis exhaustivo, detallado y claro, es utilizado para conveniencia de una decisión obviamente a dedo.
· Lo antes expuesto deja en claro que la acreditación del Dr. Roberto Ferro en formación de recursos humanos, práctica indispensable para el cargo, es, no sólo relevante, sino que no debe confundirse en los términos utilizados como “numeroso”, o “gran cantidad”, sino que deben detallarse, porque justamente eso es lo que se está midiendo en todo concurso por un cargo docente.
· Respecto a publicaciones, otra de las condiciones para concursar dicha cátedra, otra vez se utiliza la palabra “numerosa”, como si fueran lo mismo una publicación que decenas. El Dr. Roberto Ferro cuenta con libros que son referentes internacionales no sólo en literatura latinoamericana, sino en literatura, en el más amplio sentido, la enumeración de las actividades de publicación, notas, artículos, prólogos, ensayos deben ser tenidos en cuenta cada uno por su valor, no se puede admitir que se “amontonen” en palabras como “numerosos”, porque se trata de distinguir con total precisión las características de trabajo; son obras de literatura, cada trabajo genera una producción, en sí misma, de actividades de investigación y desarrollo y es importante determinar con exactitud el impacto de intervención del trabajo de cada texto y comparar los de ambos concursantes, son precisamente la medida del impacto de cada uno. Nuevamente la ambigüedad de la palabra “diversos”, deja en claro suponer que hay algún tipo de propósito en no determinar exactamente cuales son las credenciales de cada docente.
Con esto estamos diciendo que una conferencia dictada en Università degli Studi di Napoli Federico II, o en Paris 8, Université, Vincennes, o en Université de la Sorbonne Nouvelle-Paris III, no es lo mismo que la presentación de un libro, o el prólogo de un escritor amigo.
· Los antecedentes en investigaciones del Dr. Roberto Ferro, que han realizado verdadero aporte dentro del ámbito de competencia de la cátedra, son de público conocimiento.
Luego de formular el orden de mérito el jurado resolvió designar a Susana Cella para ocupar el cargo de Profesor regular Titular de Literatura Latinoamericana II, en abierta violación al Reglamento Docente que establece que el único habilitado para designar es el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires.
Esto supone que el jurado se ha arrogado una facultad propia de un superior, lo que puede interpretarse de dos maneras distintas:
a) que temerosas de que su decisión respecto al orden de mérito que impulsaban no progresara decidieran clausurar la posibilidad del Consejo Directivo de la facultad de revisar ese despropósito y que en su entusiasmo por beneficiar a la Prof. Susana Cella, las señoras integrantes del jurado cometieran la tropelía de designar ellas mismas haciendo caso omiso a la normativa.
b) Una ignorancia absoluta acerca de las funciones del jurado para el que fueron convocadas. En este caso se entendería también las omisiones a la hora de evaluar a los candidatos, lo que no les otorga disculpa.
Se cual fuere el motivo del atropello las Doctoras Graciela Cariello, Ana María Zubieta y María de las Mercedes García Saravi han gestado un acto administrativo nulo de nulidad absoluta e insanable, al adoptar una decisión por encima de la que estaban administrativamente capacitadas.
Presente en el acto del 28 de agosto, el veedor por el claustro de graduados detectó otras graves irregularidades que volcó en su dictamen. Además de la desconsideración de los antecedentes de uno y otra, la tendenciosa evaluación del Plan de Labor Docente del Prof. Roberto Ferro, destacar que el jurado actuó con preconceptos respecto de uno y otro al momento de valorar los Planes Docentes, el veedor ha destacado que “las apreciaciones del jurado sobre la prueba oral rendida por cada uno de los aspirantes no siguen un patrón claro de congruencia.”
También expresó que “En la valoración global de ambos aspirantes es de observar el empleo de estrategias discursivas por parte del jurado diferenciadas para ambos casos. En el caso de la profesora Cella, el uso de adverbios de modo o adjetivos calificativos que tienden a construir la justificación de la decisión tomada; en el caso del profesor Ferro es de notar el uso de verbos cuyas acciones se han negado o no se han terminado de concretar” y más adelante “lo que resulta sintomático a lo largo del dictamen es que lo que en un caso parece una virtud, la “amplitud”, es definido en el otro como “vaguedad” o “imprecisión”.”
Las conclusiones del dictamen son lapidarias: “Por todo lo expuesto solicito, en cumplimiento del artículo 40 del Reglamento de Concursos vigente, que el Consejo Directivo de la Facultad tenga en cuenta las observaciones precedentes, visto que existen elementos suficientes en cuanto a la fundamentación del dictamen para que la imparcialidad del jurado hacia los concursantes esté bajo sospecha.”
Leyendo el acta de declaración de los jurados, sin entrar en detalles lo que se puede deducir es lo siguiente, el Dr. Roberto Ferro, reconocido en todos los medios y no sólo en el ámbito de la Universidad de Buenos Aires, sino en instituciones de prestigio e internacionales con más de 20 años de trabajos, de docencia, en importantes publicaciones, formador de docentes y escritores, invitado especial es países como Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, México, Francia e Italia, reconocido internacionalmente como referente por sus libros sobre los más importantes escritores latinoamericanos, Macedonio Fernandez, Onetti, internacionalmente reconocido por sus aportes a la crítica latinoamericana e innovador incansable en la materia, es, según este jurado alguien que (y cito a continuación lo consignado en el acta de este concurso):
“…Señaló la continuidad de un proyecto del cual forma parte, sin proponer ningún cambio sustancial...”
“…Lo presentado como Plan de Labor docente no cumple con los requisitos mínimos: no formula objetivos, contenidos, evaluación ni bibliografía…”
“…Parte de una noción de lo nuevo que no amplía ni explicita demasiado...”
“…Quiroga, antes que Bioy, para el Dr. Ferro, investiga lo fantástico”
“…, planteó la relación entre vida, literatura y experiencia de los límites, y esto se quedó en su mera formulación…”
El más ridículo y falso: no supo “…explicitar el concepto de entropía…”.
Respecto a este último punto consignado por el jurado, el informe del veedor anteriormente citado lo rebate. Dice: Además se le objeta no haber terminado de explicitar el concepto de entropía, cuando en su respuesta al jurado señaló que “es la energía que no se recupera, que está fuera del sistema”, y que se trata de un concepto que aplicó a su lectura de Macedonio Fernández.
Nuevamente deberemos pensar que el jurado se ha propuesto deliberadamente falsear en el acta final lo que ocurrió durante la clase abierta con el fin de beneficiar a la prof. Cella o no ha tenido la capacidad suficiente para escuchar lo que se dijo. Cualquiera de las dos interpretaciones es inaceptable.
Es decir, en otras palabras: todos los investigadores, docentes, escritores de Literatura Latinoamericana que usan como referentes sus textos, ensayos, libros, artículos, extraordinaria y extensamente probada calidad docente y me permito decir más importante que todo: calidad humana; los que lo convocan a todo tipo de evento internacional para que participe, aporte, enseñe, desde hace más de 20 años de carrera, según este jurado: ESTAN EQUIVOCADOS.
La actuación del jurado tuvo como consecuencia el pedido de nulidad con impugnación en subsidio de lo actuado. Se ha solicitado también la convocatoria a un jurado que actúe en forma imparcial.
Estamos convencidos que esta situación debe tomar estado público para evitar que se termine de consumar el despojo del que está siendo víctima el Profesor Roberto Ferro pero que perjudica, principalmente a los alumnos de la carrera de Letras al verse privados de contar con el mejor candidato para ocupar el cargo de Profesor Titular, y luego a la sociedad entera que sostiene la educación pública con sus impuestos y espera de los alumnos formados en las casas de estudio públicas una formación de excelencia que, en literatura latinoamericana, el Profesor Roberto Ferro es a todas luces el más capacitado para brindar.
Los invito a leer en detalle los aspectos legales, de vicio y errores de procedimientos en dicho concurso, los invito incluso a medir con la vara del sentido común la presentación del jurado de la evaluación, hagan su propio análisis, las actas son abiertas.
Concursaban para el cargo el profesor Roberto Augusto Ferro JTP (jefe de trabajos Prácticos) de Literatura Latinoamericana II y profesor adjunto interino para el dictado de seminarios de grado y posgrado, Susana Betriz Cella, también JTP de Literatura Latinoamericana II y profesora de Literaturas Eslavas.
El jurado integrado por las Doctoras Graciela Cariello, Ana María Zubieta y María de las Mercedes García Saravi debía evaluar los antecedentes, la entrevista personal, el plan de labor docente, el proyecto de investigación y la prueba oral, para finalmente sugerir un orden de mérito para elevar al Consejo Directivo de la facultad, como paso previo a que luego que el Consejo Directivo atienda o no esa recomendación, el Consejo Superior de la Universidad designe al postulante en el cargo concursado.
La actuación del jurado, se entiende, estaba destinada a evaluar cuál de los dos postulantes estaba mejor preparado para el cargo: el especialista en literatura latinoamericana o la profesora de literaturas eslavas.
Sorpresivamente el orden de méritos consagró en primer lugar a la profesora Susana Cella, relegando al Dr Roberto Ferro.
Para llegar a esa conclusión omitió detallar y evaluar los antecedentes, publicaciones y méritos de uno y otro haciendo vagas e imprecisas referencias, como se verá, con el objeto de igualar a los postulantes y llegar a una decisión amañada.
Luego a la hora de pronunciarse respecto a la entrevista personal y a la prueba oral fue por lo menos parcial, discriminando al Dr Roberto Ferro a favor de la finalmente ungida Prof Susana Cella.
En los antecedentes, como es de público conocimiento, el Dr Roberto Ferro cuenta con amplia experiencia en el dictado de cursos, seminarios de grado y de Posgrado, ya aceptando que se deja de lado la vasta experiencia en Instituciones ajenas a la universidad, es indudable que el número de estos antecedentes es importante, sin embargo en relación al mismo. La resolución indica: numerosos cursos y seminarios, como si el dar dos cursos, que “combina” con la categoría “numerosos” fuera lo mismo que decenas de cursos en años de dedicación.
No hay que ser muy suspicaz para notar que en dicha denominación “numerosos”, calza tanto el que hizo dos como el que realizó cientos, con lo cual es obvia la maniobra para que cualquiera pueda reflejarse en ese dictamen sin tener en cuenta, ni relevancia de seminarios, ni cantidad, ni la obvia convocatoria que uno de los candidatos tiene en comparación con el otro.
Incluso teniendo en cuenta que el número de cursos y seminarios, no es siempre sinónimo de calidad, debemos tener en cuenta que se habla de seminario de maestría en la Universidad Autónoma de México (UNAM), seminario dictado en el MALBA, seminarios dictados en universidades de Venezuela, Francia e Italia; expositor en Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, México, Francia e Italia y toda institución internacional en la cual el reconocimiento al trabajo del Dr. Roberto Ferro es ya indiscutible, esto frente a, ¿cuáles son los antecedentes al respecto de la profesora Susana Cella? No se sabe porque la ambigüedad del dictamen deja a oscuras esos datos, como relegando la importancia que precisamente es la intención y objeto de los concursos: la calidad y reconocimiento de una trayectoria y la posibilidad en la enseñanza que brinda el objetivo final: que los alumnos se beneficien del docente más idóneo.
Es decir, el procedimiento que tiene que garantizar que se debe tener en cuenta un análisis exhaustivo, detallado y claro, es utilizado para conveniencia de una decisión obviamente a dedo.
· Lo antes expuesto deja en claro que la acreditación del Dr. Roberto Ferro en formación de recursos humanos, práctica indispensable para el cargo, es, no sólo relevante, sino que no debe confundirse en los términos utilizados como “numeroso”, o “gran cantidad”, sino que deben detallarse, porque justamente eso es lo que se está midiendo en todo concurso por un cargo docente.
· Respecto a publicaciones, otra de las condiciones para concursar dicha cátedra, otra vez se utiliza la palabra “numerosa”, como si fueran lo mismo una publicación que decenas. El Dr. Roberto Ferro cuenta con libros que son referentes internacionales no sólo en literatura latinoamericana, sino en literatura, en el más amplio sentido, la enumeración de las actividades de publicación, notas, artículos, prólogos, ensayos deben ser tenidos en cuenta cada uno por su valor, no se puede admitir que se “amontonen” en palabras como “numerosos”, porque se trata de distinguir con total precisión las características de trabajo; son obras de literatura, cada trabajo genera una producción, en sí misma, de actividades de investigación y desarrollo y es importante determinar con exactitud el impacto de intervención del trabajo de cada texto y comparar los de ambos concursantes, son precisamente la medida del impacto de cada uno. Nuevamente la ambigüedad de la palabra “diversos”, deja en claro suponer que hay algún tipo de propósito en no determinar exactamente cuales son las credenciales de cada docente.
Con esto estamos diciendo que una conferencia dictada en Università degli Studi di Napoli Federico II, o en Paris 8, Université, Vincennes, o en Université de la Sorbonne Nouvelle-Paris III, no es lo mismo que la presentación de un libro, o el prólogo de un escritor amigo.
· Los antecedentes en investigaciones del Dr. Roberto Ferro, que han realizado verdadero aporte dentro del ámbito de competencia de la cátedra, son de público conocimiento.
Luego de formular el orden de mérito el jurado resolvió designar a Susana Cella para ocupar el cargo de Profesor regular Titular de Literatura Latinoamericana II, en abierta violación al Reglamento Docente que establece que el único habilitado para designar es el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires.
Esto supone que el jurado se ha arrogado una facultad propia de un superior, lo que puede interpretarse de dos maneras distintas:
a) que temerosas de que su decisión respecto al orden de mérito que impulsaban no progresara decidieran clausurar la posibilidad del Consejo Directivo de la facultad de revisar ese despropósito y que en su entusiasmo por beneficiar a la Prof. Susana Cella, las señoras integrantes del jurado cometieran la tropelía de designar ellas mismas haciendo caso omiso a la normativa.
b) Una ignorancia absoluta acerca de las funciones del jurado para el que fueron convocadas. En este caso se entendería también las omisiones a la hora de evaluar a los candidatos, lo que no les otorga disculpa.
Se cual fuere el motivo del atropello las Doctoras Graciela Cariello, Ana María Zubieta y María de las Mercedes García Saravi han gestado un acto administrativo nulo de nulidad absoluta e insanable, al adoptar una decisión por encima de la que estaban administrativamente capacitadas.
Presente en el acto del 28 de agosto, el veedor por el claustro de graduados detectó otras graves irregularidades que volcó en su dictamen. Además de la desconsideración de los antecedentes de uno y otra, la tendenciosa evaluación del Plan de Labor Docente del Prof. Roberto Ferro, destacar que el jurado actuó con preconceptos respecto de uno y otro al momento de valorar los Planes Docentes, el veedor ha destacado que “las apreciaciones del jurado sobre la prueba oral rendida por cada uno de los aspirantes no siguen un patrón claro de congruencia.”
También expresó que “En la valoración global de ambos aspirantes es de observar el empleo de estrategias discursivas por parte del jurado diferenciadas para ambos casos. En el caso de la profesora Cella, el uso de adverbios de modo o adjetivos calificativos que tienden a construir la justificación de la decisión tomada; en el caso del profesor Ferro es de notar el uso de verbos cuyas acciones se han negado o no se han terminado de concretar” y más adelante “lo que resulta sintomático a lo largo del dictamen es que lo que en un caso parece una virtud, la “amplitud”, es definido en el otro como “vaguedad” o “imprecisión”.”
Las conclusiones del dictamen son lapidarias: “Por todo lo expuesto solicito, en cumplimiento del artículo 40 del Reglamento de Concursos vigente, que el Consejo Directivo de la Facultad tenga en cuenta las observaciones precedentes, visto que existen elementos suficientes en cuanto a la fundamentación del dictamen para que la imparcialidad del jurado hacia los concursantes esté bajo sospecha.”
Leyendo el acta de declaración de los jurados, sin entrar en detalles lo que se puede deducir es lo siguiente, el Dr. Roberto Ferro, reconocido en todos los medios y no sólo en el ámbito de la Universidad de Buenos Aires, sino en instituciones de prestigio e internacionales con más de 20 años de trabajos, de docencia, en importantes publicaciones, formador de docentes y escritores, invitado especial es países como Ecuador, Perú, Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, México, Francia e Italia, reconocido internacionalmente como referente por sus libros sobre los más importantes escritores latinoamericanos, Macedonio Fernandez, Onetti, internacionalmente reconocido por sus aportes a la crítica latinoamericana e innovador incansable en la materia, es, según este jurado alguien que (y cito a continuación lo consignado en el acta de este concurso):
“…Señaló la continuidad de un proyecto del cual forma parte, sin proponer ningún cambio sustancial...”
“…Lo presentado como Plan de Labor docente no cumple con los requisitos mínimos: no formula objetivos, contenidos, evaluación ni bibliografía…”
“…Parte de una noción de lo nuevo que no amplía ni explicita demasiado...”
“…Quiroga, antes que Bioy, para el Dr. Ferro, investiga lo fantástico”
“…, planteó la relación entre vida, literatura y experiencia de los límites, y esto se quedó en su mera formulación…”
El más ridículo y falso: no supo “…explicitar el concepto de entropía…”.
Respecto a este último punto consignado por el jurado, el informe del veedor anteriormente citado lo rebate. Dice: Además se le objeta no haber terminado de explicitar el concepto de entropía, cuando en su respuesta al jurado señaló que “es la energía que no se recupera, que está fuera del sistema”, y que se trata de un concepto que aplicó a su lectura de Macedonio Fernández.
Nuevamente deberemos pensar que el jurado se ha propuesto deliberadamente falsear en el acta final lo que ocurrió durante la clase abierta con el fin de beneficiar a la prof. Cella o no ha tenido la capacidad suficiente para escuchar lo que se dijo. Cualquiera de las dos interpretaciones es inaceptable.
Es decir, en otras palabras: todos los investigadores, docentes, escritores de Literatura Latinoamericana que usan como referentes sus textos, ensayos, libros, artículos, extraordinaria y extensamente probada calidad docente y me permito decir más importante que todo: calidad humana; los que lo convocan a todo tipo de evento internacional para que participe, aporte, enseñe, desde hace más de 20 años de carrera, según este jurado: ESTAN EQUIVOCADOS.
La actuación del jurado tuvo como consecuencia el pedido de nulidad con impugnación en subsidio de lo actuado. Se ha solicitado también la convocatoria a un jurado que actúe en forma imparcial.
Estamos convencidos que esta situación debe tomar estado público para evitar que se termine de consumar el despojo del que está siendo víctima el Profesor Roberto Ferro pero que perjudica, principalmente a los alumnos de la carrera de Letras al verse privados de contar con el mejor candidato para ocupar el cargo de Profesor Titular, y luego a la sociedad entera que sostiene la educación pública con sus impuestos y espera de los alumnos formados en las casas de estudio públicas una formación de excelencia que, en literatura latinoamericana, el Profesor Roberto Ferro es a todas luces el más capacitado para brindar.
Los invito a leer en detalle los aspectos legales, de vicio y errores de procedimientos en dicho concurso, los invito incluso a medir con la vara del sentido común la presentación del jurado de la evaluación, hagan su propio análisis, las actas son abiertas.
Pedido de nulidad, documento completo:http://robertoferro.blogspot.com/
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Con un corte metafísico, lo que viene después de la naturaleza, después de lo físico; un obsesivo Ahab, emblema de transformación o deformación del carácter a que el hombre se puede ver sometido si las condiciones son empáticas, son un símbolo que sobrepasaron el objetivo literario para transformarse en un análisis profundo de biología, religión, idealismo, venganza, racismo, política y cuanta representación de la humanidad sea posible en sus formas negativas.
Roberto Garriz, en su texto del número 25 de Odradek, Moby Dick, en una traducción muy personal; a su vez, un pliegue entre la literatura y nuestra Argentina, en donde la mención del faro de Eddystone no es casual, torre aislada y guía, un faro que históricamente atraviesa tormentas, la guerra de Francia, recambio de materiales, cambio de altura, y fama que lo hace permanecer aún.
Es decir, en este texto de Garriz la dualidad, entre los significados es ineludible, Moby Dick escapa incontables veces a sus perseguidores, los cuales son de diferentes nacionalidades. La ballena los enfrentaba, siempre los vencía.
En el texto de Melville, sólo Ismael se salva; en la famosa historia, según su traducción al hebreo Ismael significa “Dios oye”, y es el que cuenta la historia, una primera persona a quien Garriz le toma la voz.
Para leer y pensar, un texto muy atrevido, en el número 25 de la revista Odradek.
Roberto Garriz, en su texto del número 25 de Odradek, Moby Dick, en una traducción muy personal; a su vez, un pliegue entre la literatura y nuestra Argentina, en donde la mención del faro de Eddystone no es casual, torre aislada y guía, un faro que históricamente atraviesa tormentas, la guerra de Francia, recambio de materiales, cambio de altura, y fama que lo hace permanecer aún.
Es decir, en este texto de Garriz la dualidad, entre los significados es ineludible, Moby Dick escapa incontables veces a sus perseguidores, los cuales son de diferentes nacionalidades. La ballena los enfrentaba, siempre los vencía.
En el texto de Melville, sólo Ismael se salva; en la famosa historia, según su traducción al hebreo Ismael significa “Dios oye”, y es el que cuenta la historia, una primera persona a quien Garriz le toma la voz.
Para leer y pensar, un texto muy atrevido, en el número 25 de la revista Odradek.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
El número 25 de la revista Odradek, ya en papel, se revela con un esquema meritorio para el análisis.
En un solo número, y con un tema actual, es en sí un muestrario de particularidades literarias muy interesantes, no sólo por su temática sino por la forma en que cada autor llevó a cabo la propuesta de cada texto.
En este número un motivo especialmente perturbador, como lo fueron los más de cien días de sucesos en Argentina en referencia al problema con el campo, los escritores de Odradek, como todos los habitantes de nuestro país, dejaron su huella en forma de visión personal.
En el caso de la revista, los autores: Germán García, con su texto “La carpa de Odradek”, cuyo título tiene ya una fuerte representación en los titulares de diarios, un arcano “Las nubes de Vijonte” de Mariano Quintero, (inesperado en esta serie), y el atrevido “Moby Dick” de Roberto Gárriz; conformar una serie en la que se puede encontrar el término conductor entre los contenidos.
Lo que tienen de común no es la temática “carpa”, pues si de ello se tratara, parecería que en la serie faltara el cuento de Yanina Bouche con “Las cosas por su nombre”, el de Ariel Bermani con “Tatuaje”, el más escueto “Carpa” de Nora Martinez. y me sobraría “Las nubes de Vijonte” que hace referencia a un argumento de Aristófanes.
Pero esta es la cuestión: lo que une esta serie no es el tema, en donde se arma el tejido con sus condiciones de desarrollo del lugar: la carpa; sino con algo que rige el eje de cada texto y es el hecho de que sus referentes no se encuentran en un lugar físico sino en la literatura.
Cada uno hace referencia a una historia, más famosa o menos famosa, de un texto literario ícono entre textos literarios y de gran producción de sentido en las épocas en que fueron publicados, aunque algunos, encontraron fama muy posterior a su publicación como el cuento de Melville.
Lo interesante de cada propuesta es que la trama de cada uno forma un sistema con esos otros textos; cada autor, como si algo sobrenatural les hubiera dirigido la inspiración ha usado diferentes recursos literarios para armar la red de sentido de sus historias.
En el cuento de Germán García, ya comentado antes, se usan los personajes y el mensaje en general del texto de referencia, que aplicado a la Argentina de hoy, nos da qué pensar, un argumento irónico, que despliega un humor ácido.
En el texto de Quintero, el uso de la metáfora es la conexión de sentido, la historia original que se revela, y su correspondiente organización de sintaxis genera la ironía en el uso de la ficción original y su doble.
Luego, la memoria del discurso reflejada en la historia paradigma de la venganza, Gárriz esgrime un narrador en primera persona, utiliza la voz del personaje y su circunstancia. Lo interesante de esta propuesta es que en dos palabras breves el autor despliega el sentido y coincide con el punto de epifanía del texto.
Este número es un interesante muestrario del uso de recursos literarios muy complejos desplegados con un equilibrio difícil de lograr en cuentos tan cortos.
Estos textos no funcionan como mensajes cifrados, su producción de sentido se revela y amplía en la propia escritura armando sistema con otros textos; finalmente en un giro literario inesperado, el último cuento, el de Roberto Gárriz, se completa con el resto de los textos que hacen referencia al tema, pues es con ellos que la sutileza del remate completa su ciclo. Es decir que se puede decir que en “Moby Dick”, hay un doble sistema, por lo menos, el texto de Melville y los textos de los otros autores. Un acierto perspicaz del autor.
Un número que honra el tercer año con que Odradek persiste.
En un solo número, y con un tema actual, es en sí un muestrario de particularidades literarias muy interesantes, no sólo por su temática sino por la forma en que cada autor llevó a cabo la propuesta de cada texto.
En este número un motivo especialmente perturbador, como lo fueron los más de cien días de sucesos en Argentina en referencia al problema con el campo, los escritores de Odradek, como todos los habitantes de nuestro país, dejaron su huella en forma de visión personal.
En el caso de la revista, los autores: Germán García, con su texto “La carpa de Odradek”, cuyo título tiene ya una fuerte representación en los titulares de diarios, un arcano “Las nubes de Vijonte” de Mariano Quintero, (inesperado en esta serie), y el atrevido “Moby Dick” de Roberto Gárriz; conformar una serie en la que se puede encontrar el término conductor entre los contenidos.
Lo que tienen de común no es la temática “carpa”, pues si de ello se tratara, parecería que en la serie faltara el cuento de Yanina Bouche con “Las cosas por su nombre”, el de Ariel Bermani con “Tatuaje”, el más escueto “Carpa” de Nora Martinez. y me sobraría “Las nubes de Vijonte” que hace referencia a un argumento de Aristófanes.
Pero esta es la cuestión: lo que une esta serie no es el tema, en donde se arma el tejido con sus condiciones de desarrollo del lugar: la carpa; sino con algo que rige el eje de cada texto y es el hecho de que sus referentes no se encuentran en un lugar físico sino en la literatura.
Cada uno hace referencia a una historia, más famosa o menos famosa, de un texto literario ícono entre textos literarios y de gran producción de sentido en las épocas en que fueron publicados, aunque algunos, encontraron fama muy posterior a su publicación como el cuento de Melville.
Lo interesante de cada propuesta es que la trama de cada uno forma un sistema con esos otros textos; cada autor, como si algo sobrenatural les hubiera dirigido la inspiración ha usado diferentes recursos literarios para armar la red de sentido de sus historias.
En el cuento de Germán García, ya comentado antes, se usan los personajes y el mensaje en general del texto de referencia, que aplicado a la Argentina de hoy, nos da qué pensar, un argumento irónico, que despliega un humor ácido.
En el texto de Quintero, el uso de la metáfora es la conexión de sentido, la historia original que se revela, y su correspondiente organización de sintaxis genera la ironía en el uso de la ficción original y su doble.
Luego, la memoria del discurso reflejada en la historia paradigma de la venganza, Gárriz esgrime un narrador en primera persona, utiliza la voz del personaje y su circunstancia. Lo interesante de esta propuesta es que en dos palabras breves el autor despliega el sentido y coincide con el punto de epifanía del texto.
Este número es un interesante muestrario del uso de recursos literarios muy complejos desplegados con un equilibrio difícil de lograr en cuentos tan cortos.
Estos textos no funcionan como mensajes cifrados, su producción de sentido se revela y amplía en la propia escritura armando sistema con otros textos; finalmente en un giro literario inesperado, el último cuento, el de Roberto Gárriz, se completa con el resto de los textos que hacen referencia al tema, pues es con ellos que la sutileza del remate completa su ciclo. Es decir que se puede decir que en “Moby Dick”, hay un doble sistema, por lo menos, el texto de Melville y los textos de los otros autores. Un acierto perspicaz del autor.
Un número que honra el tercer año con que Odradek persiste.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
Se dicen muchas cosas, que domicilio desconocido suena a dimensión desconocida, a residencia de mendigo; algunos sostenemos que es la descripción de un laberinto, en donde coexisten el encuentro y el desencuentro, en suma, un lugar, que aunque encuentra domicilio fijo en las palabras, siempre cambia de lugar.
Para Germán García, se encuentra en la carpa de ODRADEK, entre el complot de las letras k y el espacio prestado que sugiere, señales que confunden, redundan, se desquician, ruedan, se anudan, se explayan, se postran, se equilibran, casi como Buenos Aires hoy, que aunque con domicilio desconocido nunca un año más reconocible, el kampo, la karpa, “Kafka al gobierno, Kierkegaard al poder”, un poco de kaos Argentino, con la excelente metáfora utilizada por Germán García basado en textos que Sören Kierkegaard publicó en 1945, bajo el pseudónimo de Hilarius Bogbinder, en su escrito “Estadios en el camino de la vida” que describe los tres tipos de existencia que el hombre puede llevar: la estética, la ética y la religiosa, todas conjugadas en este texto imperdible publicado en el número 25 por el autor en la revista Odradek.
Para Germán García, se encuentra en la carpa de ODRADEK, entre el complot de las letras k y el espacio prestado que sugiere, señales que confunden, redundan, se desquician, ruedan, se anudan, se explayan, se postran, se equilibran, casi como Buenos Aires hoy, que aunque con domicilio desconocido nunca un año más reconocible, el kampo, la karpa, “Kafka al gobierno, Kierkegaard al poder”, un poco de kaos Argentino, con la excelente metáfora utilizada por Germán García basado en textos que Sören Kierkegaard publicó en 1945, bajo el pseudónimo de Hilarius Bogbinder, en su escrito “Estadios en el camino de la vida” que describe los tres tipos de existencia que el hombre puede llevar: la estética, la ética y la religiosa, todas conjugadas en este texto imperdible publicado en el número 25 por el autor en la revista Odradek.
Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek
“A orillas del mar hay un niño que juega, desplazando de aquí para allá las piezas de su juego”, dice Nietzsche. El niño de Roberto Gárriz, desplaza la representación de la palabra con su escritura, ya con un elemento de abstracción imaginaria que involucra la grafía de la palabra. Es un niño que aunque en el juego se da a “detener la imagen, percibir en ella un valor de permanencia que pertenece al fondo de las cosas sencillas”, citando a Nietzsche; el objeto de su juego al ser la grafía de la palabra revierte la estaticidad de un juego y lo convierte en la reflexión de complejidad formal al esgrimir la lógica del sentido, a bucear en él.
Con el texto de Roberto Gárriz el niño enfrenta conjeturas lógicas, enfrenta el significante con el sentido y se abre a la cuestión con una fórmula simple y valiosa: el relato corto y contundente, con planteos fácilmente identificables en la cotidianeidad de las cuestiones infantiles que despiertan ante la magia de la palabra.
Exquisito cuento para niños, hermosamente ilustrado por Cecilia Varela y publicado en el Blog Nubes Rojas.
Roberto Gárriz es escritor de la revista Odradek.
Exquisito cuento para niños, hermosamente ilustrado por Cecilia Varela y publicado en el Blog Nubes Rojas.
Roberto Gárriz es escritor de la revista Odradek.
Entre los mitos que se le concede al azar, la invención de la pólvora, del neumático, del post-it, del plástico, por nombrar los más conocidos, lo cierto es que el azar goza de tanto prestigio que es fácil atribuirle un sin número de derivaciones, pero entre esas consecuencias no es común incluir a los números, ya que los números, por el contrario, gozan de una saludable influencia del orden, de lo ponderable, de lo previsible.
Pero como en Odradek todo puede suceder, a Vanesa Pafundo la conmueve el azar de los números, nuestro número 24, ya dos años, no camina, vuela.
El azar no sufre el encomio de la concatenación, el azar se da el lujo de interrumpir, el azar de los ruidos se interrumpen con el silencio, los números no se ven afectados por más interrupción que la voluntad.
El número 24 es un logro de voluntad, de placer, de atrevimiento, de antología.
Si a los artistas la inspiración les puede llegar en cualquier momento, los científicos deberían ser sorprendidos por este azar entre probetas y fórmulas magistrales. Serendipia es el neologismo que define el azar inesperado de sucesos. Es un préstamo del inglés serendipity, que a su vez lo tomó de Serendip, un legendario reino en la isla de Sri Lanka en el que los príncipes tenían el don del descubrimiento fortuito.
Ya sea por azar, para Vanesa Pafundo, o por la costumbre de calibración exacta de los números, Odradek goza de muchos dones, entre ellos ofrecer buen ejemplo de literatura latinoamericana.
Pero como en Odradek todo puede suceder, a Vanesa Pafundo la conmueve el azar de los números, nuestro número 24, ya dos años, no camina, vuela.
El azar no sufre el encomio de la concatenación, el azar se da el lujo de interrumpir, el azar de los ruidos se interrumpen con el silencio, los números no se ven afectados por más interrupción que la voluntad.
El número 24 es un logro de voluntad, de placer, de atrevimiento, de antología.
Si a los artistas la inspiración les puede llegar en cualquier momento, los científicos deberían ser sorprendidos por este azar entre probetas y fórmulas magistrales. Serendipia es el neologismo que define el azar inesperado de sucesos. Es un préstamo del inglés serendipity, que a su vez lo tomó de Serendip, un legendario reino en la isla de Sri Lanka en el que los príncipes tenían el don del descubrimiento fortuito.
Ya sea por azar, para Vanesa Pafundo, o por la costumbre de calibración exacta de los números, Odradek goza de muchos dones, entre ellos ofrecer buen ejemplo de literatura latinoamericana.
“Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga”, es el título del texto que Ezequiel De Rosso ha publicado en el último número de la revista Odradek, el número 24.
Desde el título y hasta el final, el uso de la sinécdoque refiere a una relación entre el espacio geográfico y la literatura, sin que se pueda determinar qué define a quién.
Subyace en el planteo un interesante cruce entre la conducta tribal, residuos atávicos aparentemente sostenidos por el análisis de la conducta social del hombre, y la literatura, conducta adquirida si es posible definirla así.
La conducta tribal, usada con un dispositivo de protección para defenderse de predadores y grupos humanos extraños, compensar riquezas y calamidades individuales, era el gran contenedor grupal para intercambiar información acerca de la presencia o ausencia de enemigos, e intercambiar información acerca del uso de instrumentos que permitan mejorar la vida del grupo. En la conducta tribal literaria hay, no sólo un comportamiento repetido, protección, contención, comprender mejor el mundo, sino que por una pretensión de sedante, a veces, conlleva a un fin, por “naturaleza”, indeseado, el lugar común y el clisé narrativo.
Este señalamiento de Ezequiel De Rosso, es bien recibido, es un signo de que no siempre la tendencia hacia una situación confortable desemboca en una literatura de consumo facilista. Si se puede hablar de un “racismo” en literatura sería en relación a textos mal construidos, referentes repetitivos de una irrealidad tranquilizadora que se repite como un mantra para apaciguar al lector.
Es una opinión personal que las características de la cultura tribal reaparecen incansablemente cada vez que se aflojan los lazos culturales, y en algunos casos, como en el que se señala, en dicho texto y citando al autor: “el buen gusto de la literatura de Palermo tal vez permita todavía algunas magias menores”.
La cultura tribal, que ayer era una estrategia racional de supervivencia, hoy referida a la literatura, demuestra que no siempre es un producto indeseable de las limitaciones del sistema social.
A leer pues, la revista. http://www.odradek.com.ar/
Desde el título y hasta el final, el uso de la sinécdoque refiere a una relación entre el espacio geográfico y la literatura, sin que se pueda determinar qué define a quién.
Subyace en el planteo un interesante cruce entre la conducta tribal, residuos atávicos aparentemente sostenidos por el análisis de la conducta social del hombre, y la literatura, conducta adquirida si es posible definirla así.
La conducta tribal, usada con un dispositivo de protección para defenderse de predadores y grupos humanos extraños, compensar riquezas y calamidades individuales, era el gran contenedor grupal para intercambiar información acerca de la presencia o ausencia de enemigos, e intercambiar información acerca del uso de instrumentos que permitan mejorar la vida del grupo. En la conducta tribal literaria hay, no sólo un comportamiento repetido, protección, contención, comprender mejor el mundo, sino que por una pretensión de sedante, a veces, conlleva a un fin, por “naturaleza”, indeseado, el lugar común y el clisé narrativo.
Este señalamiento de Ezequiel De Rosso, es bien recibido, es un signo de que no siempre la tendencia hacia una situación confortable desemboca en una literatura de consumo facilista. Si se puede hablar de un “racismo” en literatura sería en relación a textos mal construidos, referentes repetitivos de una irrealidad tranquilizadora que se repite como un mantra para apaciguar al lector.
Es una opinión personal que las características de la cultura tribal reaparecen incansablemente cada vez que se aflojan los lazos culturales, y en algunos casos, como en el que se señala, en dicho texto y citando al autor: “el buen gusto de la literatura de Palermo tal vez permita todavía algunas magias menores”.
La cultura tribal, que ayer era una estrategia racional de supervivencia, hoy referida a la literatura, demuestra que no siempre es un producto indeseable de las limitaciones del sistema social.
A leer pues, la revista. http://www.odradek.com.ar/
Esa es la pregunta que encuentro en general, cuando han conocido los contenidos de nuestra revista. La curiosidad comienza, cuando se les ocurre que no puede ser meramente una palabra que calza bien en la boca, sino que es una revista de literatura y en todas las revistas de literatura hay un malintencionado uso de palabras que significa que el lector tiene que saber que todas las palabras en una revista de literatura tienen una intención maligna, que en general apela a la biblioteca del lector para revelar o establecer un código con él, y a partir del cual toma estatus de prinvilegio. El lector no la palabra.
Supongamos por un momento que soy Kafka, en ese caso, y como soy Kafka puedo imaginarme cualquier cosa que Kafka imagine, tal que si me preguntaran qué es Odradek, pensaría que lo hermosamente perfecto de que alguien se pregunte eso, es que yo no responda nunca. Pero como sólo finjo ser Kafka y tengo alguna contaminación de otro ser que no es Kafka, sino yo, que finjo ser Kafka, intento responder como lo haria Kafka.
Con el texto que generó la palabra. Así que aquí, y ante numerosas solicitudes y preguntas al respecto va el significado de Odradek.
Las preocupaciones de un padre de familia
Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra.
Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek. A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.
Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar.
Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra. A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto.
-Odradek -me contesta.
-¿Y dónde vives?
-Domicilio indeterminado -dice y se ríe. Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho.
En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón be ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir.
Como es lógico, nadie se preocuparía por semejante investigación si no fuera porque existe realmente un ser llamado Odradek. A primera vista tiene el aspecto de un carrete de hilo en forma de estrella plana. Parece cubierto de hilo, pero más bien se trata de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí. Pero no es únicamente un carrete de hilo, pues de su centro emerge un pequeño palito, al que está fijado otro, en ángulo recto. Con ayuda de este último, por un lado, y con una especie de prolongación que tiene uno de los radios, por el otro, el conjunto puede sostenerse como sobre dos patas.
Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar.
Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra. A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, entran ganas de hablar con él. No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto.
-Odradek -me contesta.
-¿Y dónde vives?
-Domicilio indeterminado -dice y se ríe. Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho.
En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón be ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir.
Franz Kafka
Ah. Si por alguna razón incomprensible, no encontraron la respuesta que buscaban, les recomiendo buscarla en Odradek.
Nuestro Consejero Directivo Ariel Bermani respondió las interesantísimas 10 preguntas del suplemento cultural del diario PERFIL del domingo 29 de junio pasado.
Para leer sus respuestas (y que las chicas vean además lo guapo que es) pueden hacer click acá.
El Consejo de Redacción de Odradek.
por Adrián DRUT.
Lo primero que me viene a la mente es lo siguiente: Hubo una época en la que cualquiera que contara con el dinero suficiente se hacía imprimir su librito de poemas, su recopilación de relatos fantásticos, su ensayo sesudo, su novela autobiográfica. La auto-edición era el único camino para hacer circular y distribuir – entre amigos y conocidos la mayoría de las veces, en alguna librería amiga si había suerte o contactos - algo que de otro modo no vería jamás la luz. Lo cierto es que muy poco diferencia a esas producciones (en contenido y calidad, no así en número) de las que pueblan los blogs que exponencialmente saturan día a día la web.
Un par de números atrás, un miembro del staff de ODRADEK escribía acerca de lo que significaba ser (o no ser) un “blogger”. Poco después la polémica estalló - si se puede llamar estallido a unos cuántos petardos lanzados con mucho tino a la cara de cientos de miles de escribas virtuales – a causa de las declaraciones de un conocido filósofo/escritor/intelectual nacional, y su consecuente retaliación por parte de aquellos (la mayoría) que se sintieron tocados, damnificados, “humillados y ofendidos”.
Si el paso de comedia saltó a los medios masivos fue por la estatura de quien opinó primero, y en absoluto a causa de los que respondieron en masa, sin ninguna creatividad y además velozmente (Internet como medio es ante todo eso: veloz) sin tomarse el trabajo de leer ni mucho menos de analizar la frase en cuestión.
Uno y otros hablaban, sin embargo, de cosas diferentes, como bien remarca alguien que, aun sin ser santo de mi devoción, sí tiene la virtud de reflexionar (y además, cómo no, tiene un blog).
La crítica – y el defecto – que en cuestión JPF le atribuye a los blogs no es privativa de ellos, como él mismo lo hace notar, y es ésto lo que se les escapa a los que se indignan cuando les muestran sus falencias. Apenas, y por cuestiones de cantidad, de moda, y de facilidad de acceso, es más visible, más evidente y más numerosa. Hace bulto.
Porque, y pongámonos serios un momento, ¿cuánta basura sin sustento, mal escrita y con contenido imbécil se edita anualmente en la Argentina? Y para colmo de males mucha de esa basura consume recursos (publicitarios, humanos, económicos) que bien podrían destinarse a otra cosa. ¿Cuánta de esa basura (producto de la decisión de los cerebros afiebrados del departamento de marketing, que llega luego del obligatorio brain-storming post análisis del market share y teniendo en cuenta el último figure-cut de brand positioning.. ah sí, los publicistas y “creativos”... ) editada con pompa y brillo y a precios exorbitantes termina a los pocos meses en la mesa de saldos de una avenida céntrica?
No habría que tener empacho en reconocer que el nivel de pelotudismo de uno es independiente de si se tiene o no un blog. El pelotudismo, al igual que el talento (o la falta de él), no se agranda ni se achica por entretenerse un rato escribiendo y leyendo idioteces en la web. Lo cual supone – dicho sea de paso – que el sujeto que a tal cosa se dedica debe ejercitar al menos sus aptitudes para leer y escribir, aunque sea a un nivel básico. Y eso, sobre todo en un país como éste, creo que es ya preferible a los miles de lipoaspirados cerebrales que todas las noches babean frente a una pantalla – otra pantalla – viendo quién se rompe una pierna bailando o patinando.
Como le escuché decir no hace mucho a alguien: “cuando puteás porque Tinelli es lo que es, preguntáte cuáles son los intelectuales con los que contamos para tirarle”.
Existen remeras que llevan escrita (en inglés, a fin de cuentas el mercado lo es todo) la única verdad del asunto: “A nadie le importa tu blog!”. Y es hora de que lo sepas. Así como tu librito impreso con sudor apenas si sobrevive en la estantería de tus mejores amigos y en una caja en el fondo de tu armario (apostemos: ¿tu madre aún conserva su ejemplar?), tu blog sólo es leído por un máximo de diez personas que te conocen y te dejan comentarios para divertirse.
A menos, claro, que formes parte de esos elegidos que publican en las plataformas digitales de los grandes medios. Caso en el cual el soporte es lo de menos (y el talento también), porque sencillamente se trata de otros pelotudos igual que vos, pero que tuvieron la suerte o el contacto precisos como para interesarle a alguien.
El problema no está en el soporte. El problema está – como siempre y para siempre – en el estilo. En lugar de putear a alguien que critica los blogs (pero tiene estilo), o en lugar de putear a alguien que escribe blogs (si no lo tiene), ocupáte del estilo. Es lo único que cuenta.
Un par de números atrás, un miembro del staff de ODRADEK escribía acerca de lo que significaba ser (o no ser) un “blogger”. Poco después la polémica estalló - si se puede llamar estallido a unos cuántos petardos lanzados con mucho tino a la cara de cientos de miles de escribas virtuales – a causa de las declaraciones de un conocido filósofo/escritor/intelectual nacional, y su consecuente retaliación por parte de aquellos (la mayoría) que se sintieron tocados, damnificados, “humillados y ofendidos”.
Si el paso de comedia saltó a los medios masivos fue por la estatura de quien opinó primero, y en absoluto a causa de los que respondieron en masa, sin ninguna creatividad y además velozmente (Internet como medio es ante todo eso: veloz) sin tomarse el trabajo de leer ni mucho menos de analizar la frase en cuestión.
Uno y otros hablaban, sin embargo, de cosas diferentes, como bien remarca alguien que, aun sin ser santo de mi devoción, sí tiene la virtud de reflexionar (y además, cómo no, tiene un blog).
La crítica – y el defecto – que en cuestión JPF le atribuye a los blogs no es privativa de ellos, como él mismo lo hace notar, y es ésto lo que se les escapa a los que se indignan cuando les muestran sus falencias. Apenas, y por cuestiones de cantidad, de moda, y de facilidad de acceso, es más visible, más evidente y más numerosa. Hace bulto.
Porque, y pongámonos serios un momento, ¿cuánta basura sin sustento, mal escrita y con contenido imbécil se edita anualmente en la Argentina? Y para colmo de males mucha de esa basura consume recursos (publicitarios, humanos, económicos) que bien podrían destinarse a otra cosa. ¿Cuánta de esa basura (producto de la decisión de los cerebros afiebrados del departamento de marketing, que llega luego del obligatorio brain-storming post análisis del market share y teniendo en cuenta el último figure-cut de brand positioning.. ah sí, los publicistas y “creativos”... ) editada con pompa y brillo y a precios exorbitantes termina a los pocos meses en la mesa de saldos de una avenida céntrica?
No habría que tener empacho en reconocer que el nivel de pelotudismo de uno es independiente de si se tiene o no un blog. El pelotudismo, al igual que el talento (o la falta de él), no se agranda ni se achica por entretenerse un rato escribiendo y leyendo idioteces en la web. Lo cual supone – dicho sea de paso – que el sujeto que a tal cosa se dedica debe ejercitar al menos sus aptitudes para leer y escribir, aunque sea a un nivel básico. Y eso, sobre todo en un país como éste, creo que es ya preferible a los miles de lipoaspirados cerebrales que todas las noches babean frente a una pantalla – otra pantalla – viendo quién se rompe una pierna bailando o patinando.
Como le escuché decir no hace mucho a alguien: “cuando puteás porque Tinelli es lo que es, preguntáte cuáles son los intelectuales con los que contamos para tirarle”.
Existen remeras que llevan escrita (en inglés, a fin de cuentas el mercado lo es todo) la única verdad del asunto: “A nadie le importa tu blog!”. Y es hora de que lo sepas. Así como tu librito impreso con sudor apenas si sobrevive en la estantería de tus mejores amigos y en una caja en el fondo de tu armario (apostemos: ¿tu madre aún conserva su ejemplar?), tu blog sólo es leído por un máximo de diez personas que te conocen y te dejan comentarios para divertirse.
A menos, claro, que formes parte de esos elegidos que publican en las plataformas digitales de los grandes medios. Caso en el cual el soporte es lo de menos (y el talento también), porque sencillamente se trata de otros pelotudos igual que vos, pero que tuvieron la suerte o el contacto precisos como para interesarle a alguien.
El problema no está en el soporte. El problema está – como siempre y para siempre – en el estilo. En lugar de putear a alguien que critica los blogs (pero tiene estilo), o en lugar de putear a alguien que escribe blogs (si no lo tiene), ocupáte del estilo. Es lo único que cuenta.
“Evitá los lugares en donde se habla de libros.
No hables sobre tu trabajo, no hay nada que decir acerca de él.
No te preguntes por qué ni para quién escribís, pero pensá que cada una de tus frases podría ser la última”.
Philippe Djian.
No hables sobre tu trabajo, no hay nada que decir acerca de él.
No te preguntes por qué ni para quién escribís, pero pensá que cada una de tus frases podría ser la última”.
Philippe Djian.
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