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Este post es para agradecer el post de Roberto Gárriz, "El día que".


Gracias por el comentario.
Es extraño pensar que una gripe pueda haberme entorpecido los dedos, pero en las épocas actuales, las gripes han tomado la envergadura de fórmulas químicas, ya no se portan simples mocos, ahora se tiene algo con nombre como H1N1, enlaces polivalentes y cosas raras, que o nos asimilan con las aves, y entonces resulta difícil escribir con las garras o nos equiparan a los chanchos y es más difícil aún, escribir con pezuñas (¿se dice pezuñas?, o pata e’chancho).
Como sea, el asunto de la gripe, aunque tiene estatus de gravedad internacional, en mi caso, no proviene de un origen con glamour internacional, sino que es de gravedad personal, si tuve la mala suerte de tener que compartir un espacio con alguien que fuma, lo primero que me ataca es la voz, me quedo sin voz, preanuncio inapelable que estoy expuesta a cualquier virus que ande buscando un palenque ande rascarse.
Y sin la voz, quién puede tener palabras, qué sé yo, todo esto para decir que tengo mocos hasta en los oídos, ni pienso ni oigo, aunque en recuperación, aún escucho el rugido de la marea al extremo sur de mis pulmones quejarse de los cigarrillos que se fuman los otros.
Ya llegará la venganza del cuervo, que es graznar en las orejas sordas de los fumadores, pero no para ser oído, son sordos, sino para tirarles el aliento infernal a cadáver descompuesto.
Perdón el exabrupto, sepan los fumadores a los que nos exponen.

Ana Abregú


Este blog se mantiene con escritores de la Revista Odradek


Según la fórmula expuesta por Roberto Gárriz en el número 38 de la revista Odradek, leer a un texto es seguirle la pista al autor, aunque no por quedarse en la letra, sino en la cara, directamente indagándolo.
Ese comentario, da como origen al escritor, crítico, astrólogo, Erbóreo Frot. Entre los muchos aspectos que se pueden detallar de las tribus literarias, como la de Vila-Matas, ya descripta por Roberto Gárriz, yo misma fui testigo del nacimiento de algunas.
En especial, Erbóreo Frot, que en algunos círculos, poco informados, se tiene por escritor inexistente, vendría a ser considerado por los descreídos, como un personaje de Roberto Bolaño, escritor estrella, y citando a Vila-Matas, en referencia a Bolaño, con la frase: “con su muerte nace una leyenda”; tomando el término leyenda en el sentido del diccionario: “obra que se lee”, y en el sentido literario: “obligatorio para leer”; y en la que se puede encontrar ese rasgo de imprecisión en la voces de la narración sobre la palabra de un escritor, que a su vez, es, quizás, un escritor inexistente.
Ya con esa incertidumbre de la no existencia, la vaguedad de la verdad o de un absoluto, la sospecha de tomar por cierto lo falso y viceversa, se viene a sumar lo que escuché del propio Erbóreo Frot: la presentación del libro inexistente.
Acorde con la época, y en presencia de escritores reconocidos, como ser Ricardo Piglia, Roberto Gárriz y otros escritores de la revista Odradek, se presentó un libro inexistente.
Con toda la serie de imprecisiones sobre el origen de la información, que viene dado no sólo por el extremo de la cadena: la letra escrita, hay que retroceder en el proceso y entre las pistas para desentrañar este nudo de perplejidades, no hay que perder las fechas de vista.
Tengo por punto de comienzo que Erbóreo Frot fue testigo en el famoso casamiento cuya crónica fue descripta por Roberto Gárriz en su libro “Echándonos de menos”; luego, se lo vio fuertemente involucrado en la organización de ciertos documentos, sobre un urticante tema que quizás, asombre algún día a la humanidad, que se sabe, es un libro inexistente, “El contracuadro de Dalí”, si se tiene por inexistente a un libro no publicado, pero del que algunos dicen ser testigos, no se sabe bien.
Luego, como mencioné antes, en la presentación de un libro inexistente, este último hecho ocurrió en el salón del Centro Cultural de España en Buenos Aires, el 26 de Agosto de 2009, en donde el supuesto autor, del supuesto libro, en presencia del propio Ricardo Piglia se explayó respecto al análisis de contenido del libro, en el que dicho sea de paso, trataba sobre la autoficción en la escritura de Piglia, tema suspicaz frente a la serie de aspectos inciertos, mientras, el libro del que se hablaba, se encontraba ausente.
En breves palabras, los futuros escritores se verán en no pocos problemas al intentar lo que se sugiere, y cito a Roberto Gárriz: .. Erbóreo Frot...sostiene que, con cierto entrenamiento en la lectura, se pueden conocer algunos aspectos de los escritores. El procedimiento es fácil: hay que abrir el libro (o la revista), seguir la letra impresa hasta la pluma (o la máquina de escribir o la computadora), allí subir por la mano hasta quedar frente a frente con el que escribió lo que se está leyendo. Mírelo a los ojos y sepa cómo es, cómo piensa, cómo se le ocurrió escribir eso.
Ahora le queda al lector, la detectivesca tarea de desentrañar si el texto de Roberto Gárriz es documental, diario, comentario, épica, o un género completamente nuevo que surge de todos ellos a la vez.

Ana Abregú










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Con títulos que escandalizan o conmueven, asistimos a las distintas especulaciones de lo que podría suceder “el día que”.
La película “El día que la tierra se detuvo” dirigida por Scott Derrickson, que contó en los papeles protagónicos con Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates y John Clesse, inquietaba por su planteo.
El libro “El día que Nietzche lloró” de Irvin Yalom cuenta una historia que no recomendamos intentando cruzar la filosofía y el psicoanálisis.
El tango canción “El día que me quieras” de Carlos Gardel y Alfredo Lepera, sirve de declaración de amor e imagina una improbable cantidad de circunstancias que se producirían si la amada correspondiera al cantante.
“El día que apagaron la luz”, una canción del conjunto de música progresiva nacional Sui Generis, se interroga acerca de qué pudo haber pasado ese día y habla de paralizar la tierra.
Cada uno elegirá cuál es la hipótesis que más lo aterroriza o lo perturba.
Entre los integrantes de Odradek cunde la inquietud cuando pensamos en el blog de la revista. Lejos de preocuparnos si la tierra se detuvo, o por las lágrimas fáciles de Nietzche o a quién quieren Gardel y Lepera o por las facturas eléctricas de Sui Generis, nos sentimos vulnerables ante la ausencia de Ana Abregú.
Si una simple gripe le impidiera a Ana subir sus artículos al blog, escribiríamos un artículo confesando nuestra debilidad bajo el título “El día que Ana Abregú se engripó”, o simplemente “El día que”.

Roberto Gárriz


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No puedo resistirme a la tentación de relacionar todo texto, con German García como personaje sin caer en la obviedad: las infinitas conjeturas.
Lo cierto es que me parece inevitable, debido al relato de Nora Matinez, en el número 38 de la revista Odradek, “El mendigo”, en donde hay un sujeto que se convierte, literalmente, en la repetición de sí mismo.
La aparición del personaje y la aparente repetición compulsiva, se traslada luego a la repetición del acto de huir, del bar y del relato.
Quién no ha soñado alguna vez con esas situaciones en las que se encuentra en un lugar del que necesita salir y sin comprender por qué se encuentra repitiendo el gesto sin poder resolver la escena.
Es como si Nora Martinez, hubiera colocado a Germán García dentro de un sueño, pero en la realidad.
La compulsión de la repetición es contraria al placer, dicen ellos, los que saben, y parece que busca reanudar un efecto anterior que sí tiene que ver con el placer.
Con ese gesto, Nora Martinez ha dejado inconclusa la lectura del personaje, permanentemente observando a alguien que no termina de irse.
Yo espero que si alguna vez me convierto en personaje de Nora Martinez, me suelte detrás de alguna frase, en vez de dejarme permanentemente ocurriendo.
Hay que tener cuidado, no siempre leer un diario, tranquilo, en un bar es un acto sin consecuencias.




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Uno de los aspectos de la lectura de textos, es el relato de los nombres.
Parte de la narración, y creo, una práctica que lamentablemente va desapareciendo, es contarles a los otros lectores lo que entendió, o supuso, o imaginó, o creyó, respecto a lo que se refiere en un relato, pero no en formato de crítica literaria, sino en el formato personal, lo que le invoca a cada uno, en referencia a la propia historia del lector.
Ya se habrán acostumbrado a mis propios comentarios, con que vengo indagando en los textos de la revista Odradek, a tientas, y descaradamente.
Entre mis observaciones, por una razón que no sé si puedo explicar, me interesan especialmente los nombres.
Soy una lectora de nombres, es usual para mí preguntarme por qué tal personaje se llama de tal manera, por qué el Quijote se llama Alonso, por ejemplo, o por qué, en la biblioteca trabaja Betty y no Mirta, y así.
Es una ocupación ingrata, claro, porque el relato del nombre de los personajes en general, es otro relato que probablemente conducirá a otro relato.
En lo que respecta a esta inquietud, creo, es una manía que me viene desde que nací, porque mi propio nombre se debe al personaje de una novela, tal como mi propia madre se ha encargado de contarme desde la primera vez que me pregunté por qué me llamo como me llamo.
El nombre, en cualquier caso, es para la realidad como una transfiguración, de ese modo a veces se nos ocurre decir que tal o cual no tiene cara de Betty o de Washington.
De esa manera, amamos u odiamos personajes sugeridos por la huella del nombre, ya sea que conocemos un villano o una buena persona que porte el nombre que comparten con un personaje.
Sin embargo hay todo un grupo de nombres que son inocentes de este origen en el mundo real, sino que tienen origen en la literatura, por ejemplo, ya nadie puede llamarse Gregorio, ni en la realidad ni en la ficción sin quedar pegado a Kafka, ni, tal vez, el estigma de ser convertido en insecto mentalmente por muchos, y tal vez, no tan mentalmente.
Me parece, que en base a estas inquietudes, los libros se me van convirtiendo en un compendio de genealogía de nombres; de hecho, debería haber un diccionario de nombres, pero no en base a su significado, sino a su linaje literario.
Por ejemplo, quién puede leer a Mariano Quintero, sin encontrar connotaciones en Washington Sondon; la reverberancia de ese nombre es casi un valor extra en los textos de este autor, cuentan cosas que el autor tiene fiaca de explicar, o que aprovecha, debido a las limitaciones del espacio.
Entre las curiosidades de la revista Odradek, quizás los lectores no saben que cada texto está limitado a 2000 caracteres, esto implica una dificultad extra, para los que se dan cuenta que es complicado expresar una idea en un número tan definido en extensión, sin embargo, uno de los trucos para exceder ese limite, es sin duda el uso de los nombres.
Cada nombre, extiende el aroma del relato y su significado, y orbita el relato tan profundamente que en muchos casos es difícil reconocer cual es el personaje y cual el autor, e incluso tuerce la idea sobre algunos relatos, tal el caso de Frankestein que algunos creen que es el monstruo cuando en realidad es el doctor que lo crea.
Creo que me excedí en mis divagaciones, pero en realidad, lo que quería comentar es que: cuando los nombres de los autores son los que irrumpen la trama del relato hay, en esa intromisión, una serie de connotaciones que devienen del conocimiento del autor que es usualmente un señalamiento sobre sus características, que a los lectores, quizás les resulta críptico.
En el número 38 de la revista Odradek, prolifera en indicios sobre los autores.
Es casi un número confesional o delatorio, aún no lo decido.





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Tres años se cumplen este mes, septiembre, de la aparición de la revista Odradek, tiempo suficiente como para manifestar su carácter, encontrarle parecidos, buscarle reflejos de otras propuestas e incluso de que comience a hablar.
Eso ha ocurrido en este número, los narradores han decidido invertir las cosas, no sé si por una rebelación o revelación, incorporando a los autores.
En este número, el 38 de la revista Odradek, los ficticios o no, nunca se sabe, son los autores.
A tientas, un número de valor terapéutico y desbocamiento que va a tono con la enfermedad de la época: ¿literatura autorreferencial?
En el juego del revés, sin firmas, casi podría adivinarse a los autores, tanto así viene configurándose el estilo de cada escritor; en algunos, los personajes, cepa horneada en las revistas precedentes, se encontraron con uno que otro autor, integrándose éstos a los recorridos geográficos de los personajes.
Algunas fisonomías literarias quedan determinadas por la clasificación de géneros o por representaciones equiparables a otras propuestas, en Odradek es un conjunto de personajes, desde su propio nombre hasta los que vienen circulando número a número y en el que ahora se suman los propios autores.
Gran sorpresa de encontrarme a mi misma, incluso, con una nota que se parece a un órgano sobre relieve – efecto causado por el recuadro -, de un cuerpo de letra que se mueve entre el diseño del sitio, permanente lectora y participante activa del blog, el brazo menor de la revista Odradek.
Me siento parte de Odradek, porque motiva y renueva, mes a mes, mis ganas de seguir leyendo y escribiendo.

¡Feliz aniversario!


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Varias veces me han preguntado si Nora Martínez la ilustradora es la misma Nora Martínez que escribe en la revista Odradek. Algunos dicen reconocer en la manera de escribir determinadas pinceladas, un “color” que identifican con esas redondeces o paisajes bucólicos de vientos gordos que aparecen en las ilustraciones. Concluyen que se trata de la misma persona.
Yo necesité entrar a vuelalápiz.blogspot.com, buscar en la parte del currículum y comprobar, si es que eso prueba algo, que se trata de una sola Nora Martínez. Pero allí descubrí que ella también es otra, que ejerce el psicoanálisis y otra más que dirige un taller de plástica para niños, y quién sabe cuántas más.
No sorprende entonces que sea una Nora Martínez la que elige a los gatos como protagonistas de muchos de sus textos, la que muestra cómo la relación entre humanos y felinos puede conmover.
Nora Martínez tiene más gatos que el botánico, decía un post de hace unos meses. Como Borges tiene tigres, como Monterroso tuvo al dinosaurio más famoso, como Juan Ramón Jiménez tuvo un burro. Nora Martínez tiene gatos que nunca están “pintados”. Son personajes que vienen a decirle algo a los otros personajes o al lector. Hablan de la soledad, del paso del tiempo, de la amistad o de la muerte. De nuestra muerte. La única que importa, porque los gatos no le temen a la muerte: ellos también tienen 7 vidas.

Roberto Gárriz

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El canibalismo, es una especie de contacto entre seres humanos de aquellas partes del cuerpo que no se pueden tocar. El concepto del canibalismo es como el inicio de una saga, no tiene fin, porque la explicación última parece imposible, el tabú del concepto tiene un fuerte condicionamiento social.
El texto de Germán García, en su tercera entrega, “La señora de Dalí”, número 37 de la revista Odradek, como en el Zen, no presenta nuevas certezas, sino más inquietudes.
No pude dejar de pensar en los caníbales famosos; además de Anibal Lecter, caso en el que la ficción literaria y la realidad dan muestras de la dificultad en diferenciarse, no puedo dejar de notar que no se conocen casos de mujeres caníbales; lo cual es un indicio de que o tenemos más estómago o más conocimiento sobre la naturaleza de la carne humana.
Las mujeres asesinas más bien han incurrido en el arte culinario a la hora de deshacerse de un cadáver, sirviéndole a otros el producto de sus tropelías, en cuyo caso, el canibalismo no parece corresponder a la descripción del delito.
El caso que más recuerdo de caníbales famosos es el de un sudafricano que mató a su mujer y murió atragantado al comérsela, se conoció como el caso del caníbal Jabulani Siphethu, esa fue una noticia del 2005, y muchos afirmaban que la justicia divina existe.
Dejando de lado el chisme y respecto al personaje del texto de Germán García, como comenté, se me presentaros diversas cuestiones, por ejemplo, el título; es fácil encontrarle referencia: el pintor.
Dalí, un personaje controversial, y la señora de Dalí, Gala, Galarina, la “Gradiva” como le llamaba Dalí, "la que avanza", que hace referencia a su vez a una historia sobre un sueño y un delirio, que propone que ambos proceden de la misma fuente. Es decir, de lo reprimido y el sueño, surge el delirio fisiológico del hombre normal.
El desenlace de la historia de la Gradiva desemboca en plantear una íntima conexión entre el desvanecimiento del delirio y la resurrección del deseo erótico, claro ahora es fácil decirlo, pero imaginen cuando no existía la palabra "erótico"; a "resurrección" la inventaron los cristianos.
Los comentarios de Dalí, en la percepción de algunos, eran tomados como desvíos o delirios del mismo Dalí o del personaje que representaba, y que en mi opinión era un giro literario: consideraba que Gala, su musa, liberadora de los sueños ocultos, deseos latentes y misteriosa figura femenina devoraba a los hombres, incluyéndolo a él, para devolverlos al mundo con un singular imaginario.
Dalí consideraba a su mujer como una cornucopia de la cual se bebía el éxtasis, devolviendo a los hombres a una vida terrenal en la que no podían ya existir, cadáveres, zombies.
De La princesa de Beirut, mientras tanto, se sabe todo, lo que hizo y lo que encontrará la policía, pero por ahora, parece que pasa como con los caníbales: la explicación última parece imposible.
Qué sé yo, a mi me intriga muchísimo y ya llevo varios entripados: a Shim no le devuelven el tiempo, los Gárriz de Chascomús se juntan para un asado, pero no invitan, y no sabemos qué pasó en MDS, de Sondon ni noticias.
Me parece que el próximo aniversario de Odradek, (3 añitos y ya habla), está distrayendo a todos.

Ana Abregú






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Debido a mensajes, comentarios, solicitudes de algunos lectores y pedidos en general, en esta ocasión, ofrezco a los lectores para disponer en sus sitios o blogs el material de su escritor o escritores favoritos, el material que se publica en la revista Odradek.

Se puede solicitar, incluso para ser publicado de la manera que al lector le guste ofrecer a sus propios lectores.

En esta oportunidad, los textos publicados por el escritor, psicoanalista Germán García.


Para obtener sus publicaciones de la revista Odradek, no tiene más que copiar el código que de muestra a continuación:





En su sitio el material se verá de esta manera:





Ana Abregú

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Durante casi tres años, tres exactamente en el próximo septiembre, en forma sostenida, la revista Odradek ha mantenido su caracter incontaminado de avaricia, y sigue siendo gratuita.
El esfuerzo emocional de llevar adelante un proyecto de naturaleza literaria es invisible, porque aunque todos hablan del poco apoyo que hay con la cultura en general, y con la literatura en particular, lo cierto es que los mismos que esgrimen ese discurso son los que menos hacen para aportar.
Hay actividades que son silenciosas, constantes y desinteresadas; los proyectos literarios tienen algo de esa sustancia que convive en los contornos de una postergación que se hace infinita; no parecen coexistir con las épocas, se establecen como propuestas aisladas y siguen en pie por la voluntad de los que participan.
En este día, preferí hablar de la hidalguía con que la revista Odradek sostiene el espíritu con que se inició, y con el mismo compromiso por parte de un staff de escritores que mantiene la expectativa en los lectores y en ninguna otra forma de especulación, tan común en los tiempos que corren; nos ceden un poquito, cada mes, de la médula de sus imaginarios.
Hoy les doy un gracias a todos, sin hablar de ningún texto, hoy escribo de los autores, del afán con que sostienen el ideal en el que se ha convertido la revista Odradek, una revista para leer, no para comprar.
Mis respeto a ustedes, Odradekes, que son un ejemplo de diálogo permanente con lo literario, y con la profesión más vieja del mundo: el contador de historias.




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Los personajes han comenzado a vagar y a emitir señales de ritualidad en Odradek, Betty, Sondon, la princesa de Beirut, Shim, Octubre, y seguro que hay otros, en una curiosa forma de regateo de información sobre sus vidas.
Han comenzado a transcurrir en Odradek, entre fragmentos y universos paralelos; Sondon y la princesa de Beirut, como arquetipos de ficciones, con una propuesta de enlazar sesiones entre publicaciones.
Las voces prestadas de los personajes, los diálogos en los textos de Mariano Quintero, las descripciones de los crímenes en los textos de Germán García, en una relación de diálogo con la cultura cinematográfica o televisiva dentro del género.
Son personajes que remiten a otros personajes que representan a su vez personajes ficticios como forma de captación de los matices de la realidad.
Luego los personajes de Nora Martinez y María Marta Gigena, plantean una incertidumbre en los gestos cotidianos, en una quietud como si el aire no circulara, como si toda la atención del lector tendría que enfocarse en un punto, vértice de un relato que no se termina de resolver; los personajes se presenta como cotidianos, podemos reconocernos en ellos.
En el tiempo plano, sin relieves, los personajes están sumergidos en un presente sin transcurso; en Betty, la descripción del entorno que acompaña al personaje; son los objetos los que tienen historia, …una miniatura del bondinho con el que conoció el vértigo en Río de Janeiro…, y la biblioteca, lugar en donde están todas las historias en el mismo instante.
En Shim, el tiempo transcurre fuera de sí, pero él permanece dentro de sí mismo, en ese viaje de una búsqueda cuya sustancia es difícil de definir.
Odradek está comenzando a poblarse de personajes que en formato de fragmentos se va configurando como una estructura circular de materia novelesca, cuya mayor virtud es que todo se encuentra en el mismo lugar, en la revista Odradek, en el número 36.

Ana Abregú






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Aires de policial respira la revista Odradek de este mes la número 36, aunque viene asomando la tendencia desde números anteriores.
Me llama la atención que con estilos tan disímiles, tanto en el texto de “la señora de Dalí” (segunda parte), de Germán García, como en “Washington Sondon y el regreso de Concha Rayada (parte II)”, de Mariano Quintero, se pueden relacionar, aunque en sus peculiares estilos, la predilección de ambos narradores por minimizar entidades abstractas o sentimientos humanos.
La realidad perceptiva de los personajes se da en los olores, y no en el relato de la escena, mientras que es el relato de las escenas, lo que perturba al lector, que por supuesto no percibe el olor.
En el relato de Mariano Quintero, el olor del gato muerto, los intestinos, las vísceras expuestas; en el de Germán García, el suceso ocurre en la cocina.
Los desmembramientos los une.
La descripción de las muertes, se fragua en una sustancia verbal versátil, elocuente en exceso, como si la profusión de sangre y miembros tuviera como propósito anestesiar la sensibilidad del lector.
No sé qué se traen ambos autores, pero me preocupa que en un caso apareció “el crítico” muerto, y en el otro, aún no se sabe nada sobre quién es el que fue a parar a la heladera.
Ambos relatos se ciñen al orden del descubrimiento de los sucesos; misterio y aventura parecen el sello distintivo; narraciones por entregas, de las que el teórico alemán Walter Benjamin asociaba como la penetración de la lógica capitalista al ámbito literario.
No me quiero adelantar, pero cuando Washington Sondon aparezca por el Guaraní, invitado por Adrián Drut, que no sea por creer que allí puede encontrar a la periodista, y que resulte ser la princesa de Beirut.

Ana Abregú.

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